Exportar oro, importar relato: el falso crecimiento de San Juan

Abr 13, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

Cuando el número sube pero la estructura no cambia, no hay desarrollo: hay dependencia maquillada.

Hay números que no informan: ordenan el relato.

No mienten.

Pero tampoco dicen lo que parece que dicen.

Se presentan como evidencia, cuando en realidad funcionan como escenografía: una cifra bien elegida puede sostener un discurso entero sin necesidad de explicar nada.

Decir que las exportaciones de San Juan crecieron un 85 % entre 2024 y 2025 y superaron los 2.000 millones de dólares no es, en sí mismo, falso.

Es —como suele ocurrir en política— incompleto.

Porque la pregunta no es cuánto exporta San Juan.

La pregunta es qué exporta San Juan.

El origen del número

No hay misterio en el salto.

Hay estructura.

Más del 70 % al 80 % de las exportaciones sanjuaninas dependen de la minería, especialmente del oro. En algunos ciclos, incluso más. Cuando el precio internacional se acomoda o la producción recupera volumen, el total crece.

No por política.

Por contexto.

El número sube.

La matriz queda.

Lo que el número deja afuera

El discurso menciona vitivinicultura, cal, agroindustria.

Los enumera. Los acomoda. Los muestra.

Pero no los pesa.

Porque cuando se los mide, el resultado incomoda:

El vino y el mosto no lideran el crecimiento.

La cal acompaña, pero no define.

Las economías regionales siguen limitadas por costos, escala y falta de innovación.

No es que no existan.

Es que no explican el resultado.

Y en economía, lo que no explica… no estructura.

Crecimiento sin transformación

Superar los 2.000 millones de dólares suena a punto de inflexión.

Pero no lo es.

Ese número ya existió.

Y por la misma razón.

No hay nueva matriz productiva.

No hay salto en valor agregado.

No hay cambio de lógica.

Hay más exportación de lo mismo.

Y exportar más de lo mismo no es desarrollarse.

Es profundizar una forma.

El lugar incómodo del ministerio

Entonces aparece la pregunta que el discurso evita:

Si la minería explica el resultado, ¿qué explica el Ministerio de Producción?

Porque cuando un modelo depende de un sector que funciona por inversión externa y dinámica internacional, la política productiva queda en un lugar extraño.

No dirige.

Acompaña.

Y a veces ni siquiera eso.

Diversificar no es nombrar sectores.

Es lograr que incidan.

Hoy no inciden.

El sostén y la excusa

La minería sostiene.

Y, al mismo tiempo, encubre.

Sostiene el número.

Encubre la fragilidad del resto.

Porque mientras el oro ordena la estadística, la economía real —la de pymes, productores, industrias locales— sigue atrapada en lo de siempre: financiamiento escaso, baja capacidad técnica, políticas dispersas, proyectos que no escalan.

Entonces el discurso habla de crecimiento, pero evita mostrar quiénes crecen.

El error más caro

Confundir indicador con estructura es el error más caro de la política económica.

San Juan exporta más.

Sí.

Pero no porque haya cambiado su modelo, sino porque un sector sigue empujando el total.

El resto no arrastra.

Apenas acompaña.

Y cuando el crecimiento depende de un solo factor, no es crecimiento: es exposición.

Fin de la póliza

El discurso celebra el resultado.

Pero evita la pregunta incómoda:

Si quitamos la minería, ¿qué queda del modelo exportador?

Porque una provincia que depende de un solo motor no es una provincia diversificada.

Es una provincia expuesta.

Y cuando la exposición se confunde con crecimiento, lo que aumenta no es la producción… es la fragilidad.

Entonces la duda ya no es económica.

Es política.

¿Será que ni los técnicos del ministerio pueden leer entre líneas un análisis básico de exportaciones?

¿O es exactamente lo contrario: que sí lo entienden, pero prefieren no decirlo?

Porque si el número alcanza para sostener el discurso, también alcanza para distraer.

Y mientras miramos el total exportado, nadie pregunta por lo esencial: cuánto de ese crecimiento vuelve, cuánto se transforma, y cuánto —simplemente— se gasta sin retorno.

Y entonces aparece la pregunta más incómoda de todas, la que no entra en los informes ni en las conferencias: si el volumen de gasto del propio Ministerio de Producción no altera, no corrige, no reorienta la estructura exportadora… ¿qué función real está cumpliendo?

Porque sostener un organismo que no incide en la variable que dice conducir no es política productiva.

Es administración del decorado.

Ahí, quizá, no hay cifras para celebrar.

Solo silencio para administrar.

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