Orrego, la doble amarilla y el viaje más oportuno del fixture

Jun 8, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

San Juan atraviesa semanas extrañas. Mientras la provincia debate el mayor endeudamiento de su historia reciente y el conflicto entre el gobernador Marcelo Orrego y el intendente de Angaco, José Castro, todavía genera ruido institucional, el mandatario prepara un viaje a Nueva York. ¿La fecha? Justo durante la semana inaugural del Mundial 2026. Oficialmente irá a exponer ante inversores. Políticamente, la escena parece escrita por un productor deportivo con experiencia en marketing y control de daños.

Hay algo profundamente futbolero en la política argentina. Los gobernadores hablan de gestión como si fueran directores técnicos. Los ministros justifican derrotas presupuestarias como relatores partidarios. Y los ciudadanos observan desde la tribuna conferencias oficiales con la misma mezcla de resignación y bronca con la que miran a un árbitro cobrando penal dudoso en tiempo suplementario.

Marcelo Orrego parece haber entendido perfectamente esa lógica.

Porque mientras San Juan todavía discute el escándalo político generado por su enfrentamiento con José Castro —y el endeudamiento por 600 millones de dólares que la Legislatura acaba de autorizar—, el gobernador prepara las valijas rumbo a Manhattan. El argumento oficial: exponer ante organismos internacionales e inversores sobre el futuro financiero de la provincia.

Hasta ahí, todo en orden.

El problema es el contexto. Y el contexto, en este caso, tiene fecha, horario y televisación global.

La escena posee una estética demasiado argentina. El jugador acaba de cometer un foul fuerte en mitad de cancha. Toda la tribuna vio la infracción. Los comentaristas discuten si merecía roja directa. La oposición reclama expulsión. El oficialismo pide «contexto». Y justo cuando todos esperan la segunda amarilla, el jugador abandona discretamente el campo y aparece caminando por Manhattan hablando de inversiones, infraestructura y desarrollo.

¿Genialidad táctica? ¿Coincidencia extraordinaria? Depende del departamento de prensa que redacte el comunicado.

El viaje ocurre en un momento incómodo por tres razones:

Primera: la discusión por los 600 millones de dólares recién aprobados como herramienta de financiamiento.

Segunda: el desgaste político evidente tras el conflicto con Angaco y las acusaciones de presión institucional.

Tercera: y más llamativa, la semana inaugural del Mundial 2026 en Estados Unidos.

Justo Estados Unidos. Justo Nueva York. Justo Mundial. Justo después del mayor endeudamiento reciente de la provincia.

La política argentina posee una creatividad narrativa maravillosa. Si un gobernador viajara a Qatar durante un mundial, probablemente explicaría que fue invitado a una cumbre sobre energías renovables y casualmente aparecería sentado viendo Argentina contra Holanda en una platea VIP. Todo siempre parece accidental. Como los gastos reservados. Como ciertos sobreprecios patrióticos. Como los familiares que descubren vocación estatal después de una elección.

La casualidad es el recurso literario favorito del poder.

Nadie puede afirmar seriamente que Orrego viaja para asistir al Mundial. No existe prueba pública de eso. La invitación institucional existe y fue difundida oficialmente. Pero la política moderna tiene un problema gravísimo: ya no alcanza con hacer las cosas bien. También hay que evitar parecer personaje secundario de una comedia involuntaria. Y la coincidencia es demasiado cinematográfica. Mientras San Juan discute deuda, ajuste, austeridad y tensiones internas, su gobernador aterriza en el mismo país donde el planeta entero mirará fútbol.

La imagen se escribe sola.

Más todavía porque esta gestión construyó buena parte de su identidad alrededor de la palabra austeridad. La austeridad suspendió eventos. La austeridad pidió comprensión social. La austeridad explicó limitaciones presupuestarias. Pero cuando aparecen viajes internacionales, conferencias globales y rondas financieras, la austeridad adquiere la elasticidad de un preparador físico en pretemporada. Todo se vuelve estratégico. Urgente. Internacional. Palabras hermosas que siempre suenan mejor pronunciadas desde Manhattan que desde un barrio donde todavía esperan cloacas.

Y entonces aparece el verdadero problema. No el viaje. No el Mundial. No Nueva York.

La verdadera discusión es otra. Si San Juan necesita endeudarse por cifras históricas, los ciudadanos tienen derecho a conocer cada detalle de la operación con la misma precisión con la que la FIFA controla un offside semiautomático: dónde irá el dinero, quién presta, qué tasas, qué garantías, qué obras prioritarias, quién controla los fondos. Y sobre todo, quién explicará dentro de algunos años por qué una deuda multimillonaria terminó convertida otra vez en un relato administrativo lleno de PowerPoint y promesas internacionales.

Porque las deudas públicas tienen una característica extraordinaria: los gobiernos las firman, los funcionarios las anuncian, los asesores las celebran. Pero los pueblos las pagan.

Quizás el viaje sea exitoso. Quizás consiga inversiones importantes. Ojalá ocurra. San Juan necesita desarrollo genuino, no turismo institucional con credencial ejecutiva. Pero las coincidencias políticas poseen un problema inevitable: pueden no demostrar nada y aun así decir demasiado.

Porque en Argentina los mundiales duran apenas unas semanas. Las deudas, en cambio, suelen jugar tiempo suplementario durante generaciones.

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