Del último cartucho al último soborno

Jun 7, 2026 | Internacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

Hay instituciones que continúan existiendo aun después de haber perdido aquello que las justificaba.

Conservan uniformes, himnos, ceremonias y desfiles. Mantienen intacta la escenografía del honor. Pero internamente algo ya se ha roto.

La historia del militarismo peruano parece escrita precisamente sobre esa contradicción.

Durante gran parte de la República, el Perú convivió con militares que no solamente defendían fronteras: también gobernaban. El país pasó décadas acostumbrándose a golpes de Estado, juntas militares y caudillos armados que aparecían cada vez que la política civil fracasaba. Sánchez Cerro, Odría, Velasco Alvarado y Morales Bermúdez fueron distintas expresiones de una misma tradición: la idea de que los uniformes podían corregir el rumbo moral de la nación.

Pero la gran tragedia peruana no fue tener demasiados militares en política.

La verdadera tragedia ocurrió cuando parte de esas Fuerzas Armadas terminaron asociadas al sistema de corrupción más sofisticado de la historia republicana del Perú.

En Historia de la corrupción en el Perú, Alfonso Quiroz sostiene que la corrupción peruana no fue un accidente ocasional sino una práctica estructural que atravesó gobiernos, instituciones y grupos de poder. Los años noventa simplemente llevaron ese mecanismo a un nivel industrial.

La década comenzó marcada por el miedo. Sendero Luminoso y el MRTA habían convertido extensas regiones del país en territorios dominados por la violencia. El Perú parecía acercarse al colapso.

En ese contexto apareció Alberto Fujimori prometiendo orden.

Y mientras gran parte del país celebraba la derrota estratégica del terrorismo y la estabilidad económica, otra estructura comenzaba a consolidarse en silencio.

Su arquitecto se llamaba Vladimiro Montesinos.

La ironía resulta brutal.

El hombre que terminaría controlando buena parte de las Fuerzas Armadas había sido expulsado años antes del propio Ejército. Sin embargo, desde el Servicio de Inteligencia Nacional construyó una red capaz de penetrar prácticamente todo el aparato estatal. Congreso. Poder Judicial. Medios de comunicación. Inteligencia. Policía. Fuerzas Armadas.

La corrupción dejó de ser una desviación.

Se convirtió en sistema.

Y la guerra interna ayudó a crear el escenario perfecto para esa degradación.

Durante años, las llamadas zonas de emergencia recibieron enormes presupuestos públicos bajo criterios de secreto militar, excepcionalidad jurídica y escasa fiscalización civil. El combate contra Sendero Luminoso justificó recursos extraordinarios, compras reservadas y amplios márgenes de discrecionalidad para mandos militares y organismos de inteligencia.

Muchas de esas herramientas eran necesarias para enfrentar al terrorismo.

Pero también crearon espacios ideales para la corrupción.

Donde existe dinero sin control aparece la impunidad.

Y donde existe poder sin supervisión aparecen las redes clandestinas.

Lo más inquietante es que buena parte de esa estructura excepcional sobrevivió incluso después de la derrota estratégica del terrorismo. Décadas después, especialmente en zonas como el VRAEM, continúan vigentes presupuestos extraordinarios, regímenes especiales y mecanismos heredados de aquella guerra interna.

La pregunta sigue siendo incómoda.

¿Cuánto de ese dinero fortaleció realmente la seguridad nacional y cuánto terminó financiando sistemas de corrupción, ascensos negociados y vínculos con economías ilegales?

Porque la corrupción de los noventa no se alimentó únicamente desde las oficinas de Montesinos.

También se alimentó de enormes recursos públicos que circularon durante años protegidos por el secreto y la excepcionalidad permanente.

Y entonces ocurrió uno de los episodios más vergonzosos de la historia militar peruana.

El Acta de Sujeción.

El 13 de marzo de 1999 cientos de generales y almirantes firmaron un documento de respaldo político al régimen Fujimori-Montesinos. Aquella ceremonia terminó simbolizando la subordinación institucional de las Fuerzas Armadas frente al poder político y frente a un ex capitán expulsado del propio Ejército.

La tragedia no consistió solamente en obedecer.

Los militares obedecen por naturaleza institucional.

La tragedia consistió en haber reemplazado el criterio por la obediencia ciega.

La conciencia por la carrera.

El honor por el ascenso.

Poco después aparecerían los “vladivideos”. Y el país descubriría que congresistas, empresarios, jueces, periodistas y oficiales podían ser comprados como parte de una maquinaria perfectamente organizada.

Mientras tanto, casos como Barrios Altos y La Cantuta revelaban otra deformación todavía más peligrosa: algunos sectores del aparato estatal habían comenzado a creer que combatir el terrorismo justificaba actuar fuera de la ley.

No todos participaron.

Miles de soldados murieron convencidos de defender al Perú. Muchos oficiales combatieron honestamente contra Sendero Luminoso en condiciones extremas. Los héroes del Cenepa pertenecen también a esa historia militar.

Y quizá allí reside la contradicción más dolorosa.

Los hombres que entregaron su vida por la patria pertenecían a la misma institución que años después terminó arrodillándose ante Montesinos.

Porque el problema nunca fue solamente la existencia de militares corruptos.

Todas las instituciones los tienen.

El verdadero problema apareció cuando demasiados hombres honestos eligieron callar.

Y resulta casi una ironía histórica que todo esto pueda recordarse precisamente un 7 de junio.

La fecha en que el Perú conmemora la Batalla de Arica.

El día de Francisco Bolognesi.

El día del “hasta quemar el último cartucho”.

Y quizá allí aparece la pregunta más incómoda de toda la historia republicana peruana.

¿Qué pensaría Bolognesi observando el Acta de Sujeción?

¿Qué pensaría un militar formado bajo la idea del sacrificio absoluto por la patria al ver generales firmando obediencia política frente a Montesinos?

Porque el drama peruano no consiste solamente en haber tenido corrupción.

Muchos países la tuvieron.

El verdadero drama consiste en haber pasado, en apenas un siglo, del último cartucho al último soborno.

De Arica a los vladivideos.

De Bolognesi a Montesinos.

Y probablemente esa distancia moral sea mucho más dolorosa que cualquier derrota militar registrada en los libros de historia.

Hoy, 7 de junio, el Perú vuelve a recordar el honor militar.

Pero la historia tiene una costumbre peligrosa: reaparece cuando las sociedades creen haberla olvidado.

Y quizá la pregunta final no sea qué ocurrió en los años noventa. La verdadera pregunta es otra. Si mañana apareciera otro Fujimori… ¿Cuántos volverían a firmar?

Artículos relacionados

El Parlamento y los fantasmas de la impunidad

El Parlamento y los fantasmas de la impunidad

La historia peruana tiene una extraña costumbre; los muertos nunca terminan de irse. Permanecen en las montañas de Ayacucho, en los expedientes judiciales cubiertos de polvo, en las fotografías descoloridas que algunas madres todavía aprietan contra el pecho durante...

El último inquisidor

El último inquisidor

Cada época tiene su herejía. Cada poder, su condena. El Vaticano acaba de lanzar una encíclica contra el tecnofascismo, los monopolios digitales y la colonización algorítmica de las conciencias. La crítica es aguda. El diagnóstico, necesario. Pero hay algo que el...

El vino sin alcohol ya no es moda: es estrategia

El vino sin alcohol ya no es moda: es estrategia

Consumo global, branding y reinvención del mercado vitivinícola Las grandes industrias nunca esperan que cambie el consumidor. Lo detectan antes. Lo estudian antes. Lo fabrican antes. Por eso el vino sin alcohol dejó de ser una rareza gastronómica para transformarse...

Perú elige lo que no puede comprender

Perú elige lo que no puede comprender

Cuando entender se vuelve privilegio, elegir deja de ser un acto libre y se convierte en una reacción aprendida. La ilusión de saber Mientras leía el artículo de Mónica Muñoz-Nájar, ocurrió algo más inquietante que el simple acto de informarme. Empecé a entender mejor...

La sierra vota, Lima decide

La sierra vota, Lima decide

Elecciones que no resuelven, apenas revelan La sierra no le da la espalda al país, le recuerda que la justicia nunca llegó a su altura. La escena electoral peruana vuelve con esa obstinación que no es democrática sino histórica. Cambian los nombres, rotan los...

Radiografía de un dios supuesto

Radiografía de un dios supuesto

Vaticano en transición Cuatro papas, una misma estructura, una pregunta que persiste: cuando lo divino se administra como poder… ¿qué queda de Dios y qué empieza a parecerse demasiado a un sistema? La muerte no siempre silencia. A veces ordena el ruido. Y en ese orden...

Entre gitanos no se leen las manos

Entre gitanos no se leen las manos

Fe, poder y el eco del abismo Trump acusa. El Papa responde. Pero si el demonio de Nietzsche tuviera razón —si todo debiera repetirse—, entonces la discusión no es moral ni política: es existencial. Y en ese terreno, incluso Dios ha dejado de ser refugio. Hay noches...

Perú: La democracia que aprendió a no molestar

Perú: La democracia que aprendió a no molestar

No hubo golpe ni ruptura visible. Solo una acumulación de gestos legales, decisiones opacas y acuerdos tácitos que fueron vaciando el conflicto hasta volverlo innecesario. En el Perú, la democracia no se quebró: aprendió a funcionar sin incomodar a nadie… salvo a...

Israel, Irán y la herencia que nunca se repartió

Israel, Irán y la herencia que nunca se repartió

Donde la guerra no empieza con misiles… sino con interpretaciones Antes de Gaza, antes de Teherán, antes de las fronteras: hubo una promesa. Y, como toda promesa mal leída —como toda promesa convertida en propiedad—, terminó dividiendo lo que alguna vez fue uno. Hay...

Vietnam no tenía scroll

Vietnam no tenía scroll

Donde la guerra antes dolía… y hoy apenas se desliza Hubo un tiempo en que la guerra entraba en la casa sin pedir permiso. Hoy entra también… pero nadie la deja quedarse. Esta mañana abrí el teléfono. No buscaba nada. Y encontré todo. Un misil cayendo en Medio...