Sin octógonos no hay exportación

May 26, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

Mientras el mundo endurece requisitos sanitarios y exige información nutricional clara, Argentina debate eliminar un sistema que ya utilizan gran parte de sus socios comerciales. La discusión ya no pasa solamente por salud pública; también involucra exportaciones, competitividad y la capacidad real de entender cómo funciona el mercado global.

La discusión sobre el etiquetado frontal expuso algo más profundo que una diferencia sanitaria: la dificultad argentina para comprender que el comercio moderno se mueve mediante estándares y no mediante relatos políticos.

El debate sobre la posible eliminación de la Ley de Etiquetado Frontal volvió a mostrar esa contradicción. Una parte del oficialismo presenta los octógonos negros como si fueran una extravagancia burocrática inventada por enemigos del capitalismo, cuando en realidad gran parte del planeta ya adoptó sistemas similares de advertencia nutricional.

Y allí aparece la pregunta incómoda que casi nadie quiere hacer.

¿Qué ocurrirá con los productos argentinos cuando intenten ingresar a mercados donde el etiquetado frontal ya es obligatorio?

Porque el problema no termina en la góndola local. Empieza justamente afuera.

Chile utiliza etiquetado octogonal desde 2016. Perú lo implementó oficialmente en 2019. México avanzó con un sistema semejante. Colombia también adoptó advertencias frontales. Uruguay, Canadá y distintos países europeos discuten mecanismos parecidos. Incluso mercados extremadamente exigentes en exportación alimentaria endurecen cada vez más los controles sobre información nutricional y transparencia hacia el consumidor.

Entonces la discusión deja de ser ideológica para convertirse en algo mucho más pragmático.

Comercio exterior.

Resulta difícil imaginar una estrategia exportadora seria donde Argentina elimine advertencias nutricionales mientras sus socios comerciales avanzan exactamente en sentido contrario. Porque los alimentos ya no compiten solamente por precio o calidad. También compiten por trazabilidad, información sanitaria, composición nutricional y adaptación regulatoria.

Y eso tiene consecuencias concretas.

Una pyme alimenticia sanjuanina que quiera exportar galletas, conservas, jugos o snacks hacia determinados mercados probablemente deberá adaptar igualmente sus envases a normativas externas. Es decir: aunque Argentina derogue el sistema, el exportador seguirá obligado a cumplir requisitos internacionales si quiere vender afuera.

Y ahí aparece otro problema muy argentino que rara vez se discute en público. Ese mismo criollismo administrativo que durante décadas acostumbró a parte del empresariado local a sobrevivir enviando información incompleta, exceso innecesario de rotulado o incluso documentación técnica contradictoria. Cosas que aquí —y también en ciertos sectores burocráticos de San Juan— muchas veces se resuelven con una llamada, un contacto o algún amigo dentro de una institucionalidad demasiado acostumbrada a flexibilizar controles.

Pero el comercio internacional no funciona con lógica de favor político.

En otros mercados, presentar tres análisis distintos para inscribir un mismo producto no termina en una “observación administrativa”. Puede terminar directamente en la expulsión de la mercadería, sanciones económicas o incluso procesos judiciales vinculados a fraude comercial y atentado contra la fe pública. Porque los estándares internacionales no negocian informalidades. Las penalizan.

La paradoja es extraordinaria.

Se argumenta que los octógonos generan costos industriales, pero exportar sin cumplir estándares internacionales puede generar costos muchísimo mayores: rechazo de mercadería, limitaciones de ingreso, rediseño posterior de packaging, trabas sanitarias o pérdida de competitividad frente a empresas que ya adaptaron sus productos.

Porque el mercado global funciona con una lógica brutalmente simple; el consumidor debe entender qué está comprando.

Y el mundo —guste o no— avanza hacia mayor información visible, no hacia menos.

Por supuesto que existen críticas legítimas al sistema actual. Algunas industrias sostienen que ciertos alimentos tradicionales reciben advertencias excesivas o que los parámetros nutricionales simplifican productos muy distintos entre sí. También es razonable discutir actualizaciones técnicas, segmentaciones más inteligentes o criterios específicos para economías regionales.

Pero una cosa es corregir una norma y otra muy distinta es actuar como si el resto del planeta no existiera. Especialmente en un país que necesita desesperadamente exportar.

Y en medio de toda esta discusión hay un silencio que también llama la atención.

No se escucha prácticamente ninguna posición firme del Gobierno de San Juan sobre un tema que afecta directamente a industrias provinciales que viven —o intentan vivir— de vender alimentos al exterior.

Ni análisis técnicos.

Ni debates productivos.

Ni advertencias sobre competitividad exportadora.

Lo cual abre otra pregunta incómoda.

¿Será que no conocen realmente el tema?

Es más que seguro.

Porque cualquier provincia que aspire seriamente a insertarse en mercados internacionales debería comprender algo elemental: las normas globales no desaparecen porque un gobierno nacional decida discutirlas internamente.

Mientras Argentina debate si los octógonos “asustan” consumidores, otros países entendieron algo elemental; los mercados modernos premian previsibilidad regulatoria. Ningún importador serio quiere sorpresas sanitarias, información incompleta o estándares ambiguos.

En el fondo, el verdadero debate no es nutricional.

Es cultural.

Argentina todavía conserva cierta dificultad para aceptar que competir globalmente implica adaptarse a reglas internacionales incluso cuando no gustan políticamente. Ocurre con normas ambientales, certificaciones fitosanitarias, requisitos tecnológicos y ahora también con etiquetado alimentario.

El comercio moderno dejó de ser únicamente vender productos. Ahora también consiste en demostrar confianza.

Y la confianza regulatoria vale dinero.

Tal vez por eso el problema de fondo no sea la existencia de octógonos negros. El verdadero problema aparece cuando parte de la política argentina sigue creyendo que puede discutir con el mercado mundial como si fuera una mesa de café doméstica.

Pero no se da cuenta que el consumidor internacional ya cambió.

Y las aduanas también.

Artículos relacionados

La cena de Salinas, la campaña de Orrego y el colado Achem

La cena de Salinas, la campaña de Orrego y el colado Achem

Entre funcionarios, regalos y fotografías, la fiesta de los abogados dejó flotando una pregunta incómoda. ¿Quién pagó realmente la función? Nadie sabe exactamente a qué hora comenzó el prodigio, pero cuentan que aquella noche las puertas de la cena del Foro de...

Nos volveremos a ver en sueños, amigo héroe de Malvinas

Nos volveremos a ver en sueños, amigo héroe de Malvinas

Ayer murió un gran amigo. Pero escribir “murió” me resulta demasiado definitivo para alguien que seguirá regresando cada vez que una bandera argentina se levante frente al viento, cada vez que llegue abril, cada vez que una vigilia vuelva a encender la memoria de...

Ayer existía, hoy desapareció: expediente 700-000422-2026

Ayer existía, hoy desapareció: expediente 700-000422-2026

ACCESO A LA INFORMACIÓN PÚBLICA Hay historias que necesitan meses de investigación. Esta necesitó dos capturas de pantalla. Una es del 26 de agosto. La otra, del 27. Entre ambas hay un expediente, cuatro meses sin respuesta, más de dos horas de búsqueda, un...

Gobernador nuestro: el reino de la pauta

Gobernador nuestro: el reino de la pauta

Ayer cometí uno de esos errores que todavía cometemos quienes conservamos alguna curiosidad periodística. Me puse a mirar las redes. No buscaba nada extraordinario. Quería saber qué estaba ocurriendo en San Juan. Abrí Facebook, recorrí portales, volví un rato después...

Borges frente al diccionario de Milei

Borges frente al diccionario de Milei

Ayer, 24 de agosto, se cumplieron 127 años del nacimiento de Jorge Luis Borges. Tal vez por alguna de esas ironías que tanto le gustaban, nació en un país que terminaría convirtiendo el lenguaje político en una sucesión de gritos, insultos, apodos y enemigos. Borges...

Andino, el síntoma que tiene al orregismo contra las cuerdas

Andino, el síntoma que tiene al orregismo contra las cuerdas

En política, como en el boxeo, uno puede dominar el centro del ring, tener mejor esquina, más recursos, luces apuntándole y hasta una tribuna convencida de que conoce el resultado. Después suena la campana y aparece un inconveniente bastante antiguo. Hay que pelear....

Compra de computadoras II: el casting del éxito

Compra de computadoras II: el casting del éxito

Hace unos días escribí que hay que ser caradura para hablar de transparencia mientras un pedido formal de información sobre la compra de computadoras lleva cuatro meses esperando alguna respuesta. Pensé que las netbooks nos darían un descanso. Fui ingenuo. Un año...

Crónica de una verdad anunciada

Crónica de una verdad anunciada

La primera vez que sospeché seriamente de la verdad no fue leyendo a un filósofo. Fue escuchando el anuncio de un convenio. Marcelo acababa de anunciar que Vicuña aportaría hasta 250 millones de dólares a San Juan. Doscientos cincuenta millones tienen una cualidad...