Crisis en la vitivinicultura. Marcelo, ¿qué pasa con el presente?

Ago 24, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

El futuro debe ser un lugar extraordinario. Sobre todo el futuro de San Juan. Allí habrá minería, rutas, inversiones, mercados, infraestructura, empleo y ahora también uva de mesa. Volveremos al mundo, recuperaremos mercados y tendremos las variedades que demandan los consumidores internacionales.

Todo está por ocurrir. El único inconveniente del futuro es que todavía no existe.

El viernes fui a una reconocida bodega sanjuanina. No diré su nombre porque importa menos que la escena. Esperaba motores, bombas, autoelevadores, trabajadores entrando y saliendo. Encontré silencio. Las máquinas estaban detenidas. Llevaban cuatro días sin producir.

Mientras caminaba por aquella quietud pensé que quizás existe un problema de calendario entre el Gobierno y los sanjuaninos. Mientras el Gobierno conjuga verbos en futuro, una parte de la producción intenta sobrevivir en presente.

Marcelo, ¿qué pasa con el presente?

Gobernar el futuro es relativamente sencillo. Allí todavía no quebró ninguna empresa, ningún productor perdió plata y ningún trabajador teme quedarse sin empleo. El futuro tiene una extraordinaria ventaja administrativa. Todavía no presenta reclamos. El presente es bastante más maleducado. Trae facturas.

El domingo Orrego anunció que quiere que “las uvas de mesa de San Juan vuelvan al mundo”. Explicó que la provincia perdió competitividad porque los productores no podían acceder a las nuevas variedades que demanda el mercado y comunicó avances con dos empresas líderes mundiales en genética para facilitar el acceso a variedades licenciadas.

Bien. Ojalá ocurra.

San Juan necesita genética, reconversión varietal, tecnología y mercados. Sería absurdo oponerse a una política necesaria solamente porque la anuncia un gobierno al que uno critica. El problema aparece en una frase del propio Orrego que resulta mucho más importante que el anuncio.

“Es un proceso que recién comienza”.

Exactamente. Entonces nuestras uvas todavía no están volviendo al mundo. Estamos comenzando un proceso para intentar que algún día vuelvan. Y entre ambas cosas hay años, hectáreas y muchísimo dinero.

Además, el mundo no dejó un estante vacío esperando nuestro regreso. Allí están Perú y Chile.

Perú superó las 706 mil toneladas exportadas en la campaña 2025/26 hacia 53 mercados y se consolidó como líder mundial. Chile continúa siendo otro gigante y lleva años avanzando en su reconversión varietal. En la temporada 2024/25, Perú exportó alrededor de 680 mil toneladas y Chile 557 mil. Argentina, apenas 2.521 toneladas.

No es una razón para abandonar. Es una razón para dejar de confundir entusiasmo con estrategia. Mientras San Juan comienza a resolver el acceso a genética, ellos llevan años construyendo escala, productividad, variedades, empaques, logística y relaciones con compradores.

Orrego recordó que tenemos experiencia, productores, buenas tierras y sol. Es cierto. Pero Perú también tiene productores, Chile también tiene experiencia, ambos tienen tierra y el sol, hasta donde sabemos, todavía no es una ventaja competitiva exclusiva de San Juan.

Entonces habrá que explicar dónde está la nuestra.

¿Qué variedades tendremos? ¿A qué mercados iremos? ¿Cuál será nuestra ventana comercial? ¿Brasil puede convertirse en un destino importante? ¿Cuánto cuesta reconvertir una hectárea? ¿Quién financiará al productor mientras espera que la plantación produzca? ¿Cuánto costarán las licencias? ¿Cuál será el costo por caja puesta en destino? ¿A qué precio deberá venderse para obtener rentabilidad?

Porque plantar uvas es agricultura. Venderlas rentablemente a miles de kilómetros es un negocio.

Y mientras imaginamos cómo reconstruir esa actividad, tenemos otra que no necesita ser imaginada porque ya existe y atraviesa serias dificultades. La vitivinicultura.

Productores sanjuaninos vienen advirtiendo sobre precios deprimidos, costos crecientes y falta de rentabilidad. La Mesa Vitícola habló de una situación crítica y distintas entidades reclamaron medidas para evitar el abandono de fincas. El viernes yo vi una pequeña parte de ese problema. Una bodega detenida durante cuatro días.

Una bodega no representa estadísticamente a toda una industria. Pero tampoco podemos fingir que una fábrica silenciosa no significa nada. Una máquina apagada significa algo, un productor que vende sin rentabilidad significa algo y una finca abandonada también.

Mientras tanto, seguimos recibiendo noticias del porvenir. Habrá inversiones, habrá minería, habrá infraestructura, habrá mercados, habrá reconversión, habrá nuevas variedades y habrá uva de mesa.

Habrá.

San Juan parece haberse convertido en una provincia gobernada en futuro simple.

Y ese es el problema. No la uva de mesa.

Quiero que vuelva. Quiero genética, inversiones, productores reconvirtiendo fincas, empaques trabajando y camiones saliendo hacia mercados internacionales. Pero quiero un plan, no solamente una promesa. Quiero números, hectáreas, financiamiento, plazos, costos, mercados y metas verificables.

Porque Perú no detendrá sus exportaciones para esperarnos, Chile no suspenderá su reconversión y los compradores internacionales tampoco nos reservarán mercados por nostalgia. Mientras esperamos que las nuevas plantas produzcan, tendremos que sobrevivir.

Por eso aquella bodega silenciosa me quedó dando vueltas. Afuera nos explican que nuestras uvas volverán al mundo. Adentro había máquinas apagadas. Una imagen pertenece al futuro. La otra estaba delante de mis ojos.

Pensar el San Juan que viene también es gobernar, Marcelo. Pero gobernar consiste, sobre todo, en hacerse cargo del San Juan que ya está.

Porque antes de competir con Perú y Chile y antes de que nuestras uvas vuelvan al mundo, habrá que conseguir algo bastante menos épico y mucho más urgente.

Que nuestros productores y nuestras industrias lleguen vivos hasta ese futuro.

Marcelo, ¿qué pasa con el presente?

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