Después de las luces, queda San Juan

May 12, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

La Expo Minera terminó. Se apagaron las pantallas. Se fueron las delegaciones extranjeras. Desarmaron los stands. Las sonrisas oficiales volvieron a sus oficinas con aire acondicionado. Y San Juan quedó otra vez frente al espejo incómodo de siempre.

Porque una provincia no se transforma por organizar una feria.

Se transforma cuando el crecimiento deja de ser discurso y empieza a sentirse en la calle. Cuando los salarios alcanzan. Cuando las escuelas funcionan. Cuando la obra pública tiene planificación y no maquillaje. Cuando la transparencia deja de ser una palabra decorativa en conferencias de prensa.

Y ahí aparece el verdadero problema del gobierno provincial.

Confundió promoción con gestión.

Durante días se vendió la Expo Minera como si San Juan hubiese ingresado definitivamente al futuro. Funcionarios hablando de “oportunidad histórica”. Fotos con empresarios. Videos cinematográficos. Discursos cargados de épica productiva. Todo cuidadosamente iluminado para construir una sensación de prosperidad inminente.

Pero el marketing no perfora montañas. La propaganda no genera desarrollo. Y la repetición obsesiva de la palabra “histórico” no reemplaza la incapacidad administrativa.

Porque mientras el gobierno celebraba la escenografía minera, la provincia seguía mostrando sus fracturas estructurales de siempre.

Docentes con salarios deteriorados. Comercios sobreviviendo. Jóvenes emigrando. Hospitales agotados. Infraestructura lenta. Producción tradicional abandonada. Y una economía provincial que continúa dependiendo más de expectativas futuras que de transformaciones reales.

La minería puede ser una oportunidad extraordinaria. Eso nadie serio lo discute.

Lo que sí debe discutirse es esta necesidad enfermiza de convertir cada gesto protocolar en una epopeya política.

Toronto no era Wall Street. La campana bursátil no convirtió a San Juan en Dubái. Y una feria internacional no resuelve décadas de atraso administrativo.

Sin embargo, el gobierno provincial parece haber encontrado en el espectáculo una forma de administración emocional. Todo debe parecer gigantesco. Todo debe anunciarse como un hito. Todo debe tener estética de tráiler cinematográfico aunque la realidad económica siga caminando con zapatos rotos.

San Juan vive una extraña paradoja.

Nunca hubo tantas imágenes de progreso. Y nunca se habló tan poco de controles, licitaciones, costos, auditorías o planificación concreta.

Se muestran drones. No balances.

Se muestran renders. No resultados.

Se muestran empresarios extranjeros brindando. No el impacto real sobre proveedores locales, empleo genuino o desarrollo industrial sostenido.

Y allí aparece el núcleo más delicado de esta gestión.

La superficialidad.

Un gobierno obsesionado con la percepción pública, pero extraordinariamente débil para explicar profundidad técnica, trazabilidad de gastos o estrategia de largo plazo. Una administración que comunica muchísimo más de lo que transforma.

Porque gestionar no es inaugurar climas de entusiasmo. Gestionar es construir estructura económica durable.

Y hasta ahora, San Juan sigue dependiendo demasiado de la fe.

Fe en inversiones futuras. Fe en anuncios. Fe en promesas. Fe en discursos cuidadosamente editados para redes sociales.

Mientras tanto, la política provincial se volvió una fábrica de ceremonias.

La minería. La Fiesta del Sol. Los eventos deportivos – Ironman. Las exposiciones – Origen San Juan. Las ferias. Las giras internacionales.

Todo presentado como símbolo de modernidad. Todo envuelto en épica institucional. Todo financiado con recursos públicos que casi nunca se explican con claridad suficiente.

Y el problema no es hacer eventos.

El problema aparece cuando el evento reemplaza a la gestión.

Cuando la estética ocupa el lugar de la administración. Cuando la provincia empieza a vivir de escenografías mientras posterga discusiones incómodas sobre pobreza, empleo privado real, productividad, transparencia y calidad educativa.

La Expo Minera dejó una postal perfecta del modelo político actual.

Mucho escenario. Mucho relato. Mucho entusiasmo administrado.

Pero detrás de las luces sigue apareciendo la misma pregunta que nadie quiere responder seriamente:

¿Qué parte del progreso es real y qué parte es solamente publicidad institucional financiada por los contribuyentes?

Porque tarde o temprano las pantallas se apagan.

Y cuando eso ocurre, queda lo único que verdaderamente importa.

San Juan.

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