La bella letra y la mancha del nepotismo: razones del veto universitario

Sep 11, 2025 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

El veto presidencial a la ley de financiamiento universitario no es un ataque a la educación, sino un freno al despilfarro, la corrupción y el nepotismo que carcomen las cuentas públicas. Entre presupuestos sin rendir, auditorías ausentes y sobreprecios disfrazados de inversión, la medida aparece como una corrección de estilo: devolver a la universidad la austeridad de la “bella letra”, donde aprender era esfuerzo y no gasto sin control.

La letra que nacía en el cerro

Hubo un tiempo en que la educación no se medía en planillas ni en partidas presupuestarias, sino en la obstinación de un niño que escribía su primera mayúscula a la luz de una vela. Esa letra, temblorosa e incompleta, era riqueza porque costaba sudor. En la montaña no había becas ni subsidios: había frío, silencio y hambre. La letra era conquista, no dádiva.

Ese hombre del cerro, que aprendió más de la dureza de la vida que de la comodidad de las aulas, sabía que la escritura no era ornamento, sino refugio. En cada trazo estaba la dignidad, no el gasto.

El espejismo de la universidad

Hoy la universidad argentina parece haber olvidado esa lección. En sus balances los números aparecen en azul: presupuestos votados, partidas aseguradas, informes con cifras que simulan orden. Pero bajo esa superficie late el rojo: fondos que nunca se rinden, auditorías que no llegan, sobreprecios disfrazados de inversión académica.

Aulas cerradas, laboratorios inaugurados tres veces, carreras repetidas hasta el absurdo. Todo cubierto por un discurso épico de “defensa de la educación pública”, mientras lo público se gasta sin control y lo educativo se reduce a eslóganes.

La universidad, en lugar de ser montaña que exige esfuerzo, se ha convertido en un aparato que absorbe recursos como si fueran infinitos, sostenido por prácticas de corrupción y nepotismo que perpetúan cargos, privilegios y favores.

El veto como corrección de estilo

En ese contexto, el veto presidencial a la ley de financiamiento universitario no es un rayo caprichoso: es un gesto de calígrafo. Así como el niño del cerro tachaba su letra torcida para rehacerla, el veto señala que la escritura del sistema estaba desviada.

Se dice que el veto es enemigo de la educación. No: es enemigo del despilfarro, de la corrupción y del nepotismo enquistado en universidades que olvidaron su razón de ser. El veto corta la línea torcida de presupuestos inflados para recordar que cada peso debe volver a la letra primera: clara, austera, legible.

En azul, los defensores de la ley gritan “más recursos”. En rojo, la realidad responde: “más deuda, más sobreprecio, más simulacro”. El veto escribe en tinta negra, sobria: “basta”.

Crónica de las cuentas invisibles

He visto universidades que piden más presupuesto mientras no rinden el que ya recibieron. He visto auditorías que se anuncian con bombos y nunca se publican. He visto obras sobrefacturadas, aulas sin alumnos, becas eternas para militantes que confunden estudiar con marchar.

Esa es la universidad que defendía la ley vetada: una máquina de gastar sin control, un espejismo azul que esconde su rojo sangrante. ¿Se puede hablar de financiamiento educativo cuando no hay financiamiento de la verdad?

El hombre del cerro se reiría de estas planillas. Él sabía que la educación verdadera no se imprime en balances, sino en el alma de quien escribe su primera letra con esfuerzo.

El cuento del veto

Lo imagino en clave de cuento. En la montaña, un niño dibuja una Y, la letra de “Yo”. En la ciudad, un rector firma con trazo seguro un presupuesto inflado. Uno escribe futuro, el otro gasta presente. Uno necesita luz de vela, el otro juega con neones.

Entra el veto como personaje inesperado: no como verdugo, sino como corrector. Tacha, enmienda, interrumpe. Se vuelve narrador que devuelve la palabra a su sentido original.

Porque la educación no es gastar por gastar, sino aprender a escribir con dignidad.

El veto a la ley de financiamiento universitario será criticado como un retroceso. Pero quizá sea lo contrario: un intento de volver a la raíz. La bella letra nos recuerda que el saber verdadero no necesita presupuestos infinitos, sino disciplina y claridad.

“Es una riqueza tener una bella letra”, decía aquel personaje. Hoy podríamos parafrasearlo: es una riqueza tener una universidad honesta, sobria, libre de corrupción y nepotismo. El veto no la mata: la salva de sí misma.

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