El negocio de las notebook

Abr 28, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

Gestión, tecnología y silencio

El gobierno de Marcelo Orrego avanza con una nueva etapa de entrega de notebooks junto a la ministra Silvia Fuentes, pero todavía no explica qué pasó con la compra anterior. Esta vez hay algo distinto. Hay un expediente en Hacienda. Sin balance, no hay política educativa; hay gasto sin memoria.

Hay anuncios que suenan a progreso. Computadoras para estudiantes. Modernización. Futuro. Palabras que, bien usadas, construyen consenso. Pero mal usadas, o peor, no verificadas, construyen otra cosa. Una ilusión administrativa donde el Estado parece moverse aunque nadie pueda decir hacia dónde.

La noticia es clara en su forma y ambigua en su fondo. Se habla de una nueva etapa de entrega de computadoras en San Juan. Se mencionan procesos en marcha, compras internacionales, planificación. Todo en tiempo futuro, todo en potencial.

Nada en pasado.

Nada en resultado.

Y ahí empieza el problema.

Pero ahora hay un elemento nuevo que rompe la comodidad del relato.

Un expediente presentado ante el Ministerio de Hacienda que obliga a mirar hacia atrás.

I. Antes de comprar, hay que cerrar

En cualquier esquema serio de gestión pública existe una regla básica que no admite excepciones elegantes.

Antes de iniciar una nueva compra, hay que rendir la anterior.

No es un tecnicismo. Es la condición mínima para que una política sea acumulativa y no circular.

Si no se sabe qué pasó con lo ya adquirido, cualquier nueva inversión no mejora el sistema. Lo reinicia. Y un sistema que se reinicia permanentemente no progresa, gira.

La pregunta es tan simple que incomoda.

¿Qué pasó con las computadoras que ya se entregaron durante la gestión de Marcelo Orrego y la administración educativa de Silvia Fuentes?

Ahora esa pregunta ya no es solo retórica. Está formalizada.

II. El expediente que el poder no esperaba

La solicitud de información presentada ante el Ministerio de Hacienda no es un gesto político. Es un acto administrativo. Pide lo mínimo.

Cuántos equipos se compraron.

Cuánto costaron.

Quiénes fueron los proveedores.

Cómo se distribuyeron.

Cuántos siguen funcionando.

Qué impacto tuvieron.

Nada extraordinario. Todo imprescindible.

Pero hay detalles que revelan el clima.

Al intentar presentar copia en el área educativa, el asesor Gabriel González decidió no recibirla. Un gesto menor, dirán algunos. Un trámite más.

No.

Cuando una oficina evita un expediente, lo que está evitando no es el papel. Es la obligación de responder.

Finalmente, Hacienda recibió la presentación.

Y eso cambia todo.

Porque ahora hay registro.

Hay plazos.

Hay responsabilidad administrativa.

III. Lo que debería saberse y no se dice

Si la política es sólida, la información debería estar disponible, ordenada y publicada. No como gesto, como obligación.

Pero no aparece.

  • Cuántos equipos se compraron en la etapa anterior.
  • Cuál fue el costo total y el costo por unidad.
  • Quiénes fueron los proveedores.
  • Bajo qué modalidad se contrató.
  • Cómo se distribuyeron las computadoras.
  • Cuántas siguen funcionando hoy.
  • Qué impacto tuvieron en el aprendizaje.

No son preguntas ideológicas. Son preguntas contables.

Cuando la contabilidad desaparece, la política se vuelve relato.

IV. Tecnología sin evaluación, el nuevo fetiche

Entregar notebooks puede ser una herramienta poderosa. Solo si forma parte de un modelo pedagógico claro, medido y corregido en el tiempo.

De lo contrario, es apenas un gesto visible.

Una foto.

Un titular.

Una computadora sin integración curricular no transforma el aprendizaje. Lo acompaña en el mejor de los casos. Lo distorsiona en el peor.

La ausencia de evaluación convierte a la tecnología en fetiche. Algo que se exhibe, se distribuye y se celebra sin saber para qué sirve realmente.

V. El detalle que delata el enfoque

Hay una frase que pasa desapercibida, pero revela más de lo que parece. Las notebooks entregadas “impiden instalar juegos”.

Traducido sin eufemismos, el Estado entrega tecnología pero no confía en quien la recibe.

La lógica no es formar usuarios críticos. Es limitar comportamientos.

Ahí aparece una contradicción profunda. Se invierte en modernización, pero se diseña desde la desconfianza.

No hay alfabetización digital posible cuando el dispositivo ya viene pensado como restricción.

VI. Campaña, gestión y la zona gris

Decir que estas políticas sirvieron en campaña no es menor, pero tampoco alcanza como denuncia si no se sostiene con evidencia.

La pregunta correcta es otra.

¿Hubo rendición suficiente como para descartar ese uso durante la gestión de Marcelo Orrego?

Cuando una política pública no está auditada, queda disponible para cualquier narrativa. Incluso la electoral.

Ahí se diluye la frontera más delicada de la gestión.

La que separa lo público de lo conveniente.

VII. El Estado que ejecuta pero no explica

El esquema se repite con una precisión inquietante.

Se compra.

Se distribuye.

Se comunica.

Pero no se mide.

No se publica.

No se rinde.

Cada nueva etapa no se apoya en la anterior. La reemplaza. Como si nada hubiera pasado antes. Como si la memoria fuera un obstáculo y no un requisito.

VIII. La condición mínima para avanzar

Si el gobierno de Marcelo Orrego, a través del Ministerio que conduce Silvia Fuentes, pretende lanzar una nueva etapa de entrega de computadoras, debería poder mostrar algo básico.

Qué compró.

Cuánto costó.

Qué resultado produjo.

Todo lo demás es accesorio.

Sin esos datos no hay política educativa.

Hay gasto.

Y el gasto sin explicación no construye futuro. Construye sospecha.

La notebook jaqueada

En una provincia donde cada anuncio viene cargado de promesas, la única forma de sostener credibilidad no es hablar más.

Es mostrar mejor.

Hoy hay un expediente en el Ministerio de Hacienda.

Puede ser respondido.

Puede ser dilatado.

Puede ser ignorado.

Pero ya existe.

Y eso modifica el escenario.

Porque cuando el pedido deja de ser comentario y se convierte en documento, el silencio también empieza a tener forma.

La política puede seguir comprando. Puede seguir anunciando. Puede seguir repitiendo.

Pero esta vez hay algo distinto.

La notebook ya no está en el aula.

Está en jaque.

Y con ella, la pregunta que nadie respondió:

¿Dónde están los resultados de la compra anterior?

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