Un voto feliz: Propuesta peronista para el retorno eterno

Ago 8, 2025 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

Ensayo sarcástico basado en la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley

La revolución justicialista, versión 5.0, ya no necesita de la justicia social. Basta con felicidad programada, pastillas de litio y planes impresos en 3D.

En este ensayo delirantemente real, el peronismo del futuro —es decir, del presente— presenta su nueva plataforma electoral: más soma, menos oposición. Una lectura crítica entre el simulacro y el déjà vu nacional.

La felicidad no se discute, se administra. Y en eso, el peronismo ha sido pionero.

En el universo de Un mundo feliz, la humanidad alcanza una armonía absoluta basada en el consumo, la uniformidad y una droga llamada soma, capaz de eliminar toda angustia. En Argentina no tenemos soma, pero sí planes, subsidios, jubilaciones múltiples, liderazgos eternos y televisión pública. Y, sobre todo, tenemos una promesa que renace cada dos años: el regreso definitivo del peronismo… aunque nunca se haya ido.

Hoy, en plena campaña electoral, el movimiento justicialista presenta su nuevo plan de gobierno:

«Felicidad Peronista Garantizada (FPG 2040): un país feliz, sin memoria ni oposición».

El país donde nadie llora (salvo por cadena nacional)

La propuesta peronista retoma el legado de Huxley con precisión milimétrica:

  • Se abolirá el sufrimiento emocional. Los argentinos recibirán una dosis diaria de “Peronix”, una versión local del soma, combinada con 20% de Fernet y 80% de Coca Cola.
  • La historia se reescribirá cada semana. Cada ciudadano tendrá una app llamada EvitaDigital, que reconstruirá su pasado según el humor del día: si es lunes, la culpa será del neoliberalismo; si es viernes, de la oligarquía agroexportadora; y si es feriado, se culpará al FMI.

“Quien controla el pasado, controla el presente. Y quien controla el presente… ya se afilió al PJ.”

La tristeza quedará limitada a un espacio regulado: el llanto podrá emitirse únicamente durante cadenas nacionales, convenientemente programadas para coincidir con partidos de la selección o capítulos de Gran Hermano.

Castas, castas y más castas (pero con sensibilidad social)

En la utopía huxleyana, las personas nacen en castas predeterminadas. En la utopía peronista, también:

  • Los Alfas serán exministros reciclados como candidatos a intendentes o asesores internacionales de países donde nadie los conoce.
  • Los Betas, sindicalistas vitalicios con cuentas offshore para sus hijos y fotos abrazados a todos los presidentes desde Perón hasta hoy.
  • Los Gammas, empleados públicos con carga horaria de 14 minutos semanales y una capacidad admirable para no saber nada.
  • Los Deltas, beneficiarios de planes que deberán aplaudir en actos bajo amenaza de “recalibración patriótica”.
  • Los Épsilons serán los opositores: ciudadanos con pensamiento propio, actitud crítica y la peligrosa costumbre de leer.

Educación emocional peronista

La escuela del futuro —que es la del presente— ya no formará ciudadanos, sino devotos.

  • El reemplazo del Preámbulo de la Constitución por la Marcha Peronista.
  • Manuales escolares con títulos como “La historia empieza en 1945 y se repite cíclicamente hasta que vuelva Cristina”.
  • Clases de “Memoria Selectiva Aplicada”, donde se enseña que todo lo malo fue culpa de Menem (salvo cuando fue bueno) y todo lo bueno fue idea de Néstor (incluso el INDEC).
  • Universidades que adopten el método Huxley-Hebe: menos pensamiento crítico, más militancia con megáfono y créditos académicos por salir a marchas.

Los exámenes se corregirán no por respuestas correctas, sino por la intensidad del fervor demostrado al responder.

Economía: Peronismo para todos (menos para el que produce)

El nuevo sistema económico reemplazará el capitalismo de mercado por el justicialismo de subsistencia:

  • La inflación será rebautizada como «redistribución líquida del deseo». Si todo sube, es porque todos desean más.
  • La emisión no será un problema: el Banco Central imprimirá billetes con hologramas de Evita que susurran “No llores, producí menos”.
  • Se garantizará que todos tengan algo: el que no tenga trabajo, tendrá una causa judicial; el que no tenga sueldo, un subsidio; el que no tenga esperanza, la oportunidad de afiliarse al PJ.

“La pobreza no se erradica, se organiza.” – Máxima no dicha, pero aplicada.

Cultura y medios: todos felices, todos sintonizados

La nueva propuesta incluye:

  • Una novela diaria en la TV Pública llamada «Cristina de mi vida», ambientada en El Calafate, donde todos los hombres son traidores y todas las mujeres, reinas incomprendidas.
  • El relanzamiento del canal Encuentro, rebautizado como PeronEncuentro, con documentales como “Scioli: de motonauta a salvador nacional” y “Axel: el profeta del Excel sensible”.
  • Spotify lanzará una playlist nacional obligatoria: “Peronismo 8D: lo mejor del loop emocional”.

El cine nacional tendrá una nueva línea de producción: comedias románticas donde el amor triunfa gracias a un decreto.

Justicia para todes (menos para el juez que investigue)

Como en Un mundo feliz, no habrá lugar para el desvío:

  • Los jueces serán seleccionados por un algoritmo que mida su capacidad de sobreseer sin pestañear.
  • Las causas de corrupción se redefinirán como “ensayos experimentales de economía redistributiva”.
  • Las prisiones se convertirán en centros de meditación para exfuncionarios arrepentidos (con opción de escribir un libro y presentarlo en C5N).

Elecciones eternas, liderazgo inmortal

La nueva Constitución Justicialista incluirá una cláusula de reelección cuántica: mientras el peronismo no gane, se repite el escrutinio.

Cristina, aunque no sea candidata, figurará en la boleta como “referenta espiritual”.

Los discursos de campaña durarán 6 horas y 43 minutos, como el último monólogo de La Cámpora.

Se reintroducirá el voto cantado, esta vez con autotune y coreografía oficial.

Habrá urnas inteligentes que reconozcan la huella digital del votante y lo feliciten con un “¡Volvimos!” incluso antes de que caiga el sobre.

La felicidad como doctrina

En Un mundo feliz, la sociedad funciona porque nadie piensa demasiado. En la versión peronista, tampoco hace falta. La felicidad, dicen, es el nuevo derecho humano. Pero si no hay margen para la crítica, si todo se reduce al aplauso automático, entonces no hablamos de felicidad, sino de anestesia.

¿Y si esta vez el argentino medio decide no tomar el soma?

¿Y si empieza a leer a Huxley en vez de repetir eslóganes?

¿Y si el próximo voto no fuera por miedo, ni por nostalgia, ni por liturgia heredada?

¿Y si, por una vez, el futuro no viniera en clave de consigna?

Entonces, quizás. Ese día, el peronismo tenga que enfrentarse a lo que más teme: no la derrota —sino la lucidez—.

FIN… por ahora.

Pero en el mundo feliz peronista… siempre hay reelección.

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