Mujica y el café que no compartió con Perón ni con Cristina

May 13, 2025 | Internacional, Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista; especialista en agregado de valor y franquicias.

 

El peronismo era como un café fuerte, torrado, que se servía en cada rincón de la Argentina con la persistencia de un ritual antiguo: nunca dulce, siempre amargo, intenso y, en ocasiones, tan caliente que quemaba las manos de quienes intentaban sostenerlo. José “Pepe” Mujica, sin embargo, nunca terminó de aceptar una taza. No porque desconociera su aroma, que flotaba en el aire como un presagio, sino porque intuía que aquel café peronista escondía algo más que cafeína: un ingrediente secreto, una pócima que hacía que todos volvieran una y otra vez, sin importar cuántas veces se hubieran quemado.
Un aroma demasiado intenso
Mujica nunca fue indiferente al peronismo. Lo observaba con la mezcla de respeto y recelo con que se contempla una tormenta que se anuncia en el horizonte: podía no entender su lógica, pero sabía que era imposible ignorarlo. En el Río de la Plata, donde el viento lleva consigo los ecos de las pasiones políticas, todo terminaba salpicado por el peronismo. Y Mujica, hombre de conversaciones largas y mates compartidos, nunca encontró en él un compañero de ronda.
Veía en su pragmatismo una elasticidad peligrosa, como la de un río que cambia de curso sin aviso. Él, que había transitado de la guerrilla al gobierno con la sobriedad de quien acepta la historia como viene, no soportaba esa maleabilidad peronista. «No es muy entendible, pero es muy atendible», decía con su habitual ironía, mientras el peronismo, como un café demasiado cargado, podía ser estimulante en la urgencia, pero desgastante en el largo plazo.
El pocillo del pragmatismo
Mujica entendía el poder como una carga, un destino más que un premio. Sabía que gobernar era transar, ceder, negociar. Pero el pragmatismo peronista le resultaba excesivo, como un café que cambiaba de sabor según quién lo preparara. Mientras él se aferraba a una ética austera y a una política de cercanías, el peronismo oscilaba entre el fervor sindicalista y la seducción empresarial, reinventándose con una flexibilidad que a Mujica le parecía sospechosa. Como si fuera un barco que navegaba sin rumbo fijo, movido más por las corrientes que por la voluntad de su capitán.
El café de las grandes mesas
Mujica era hombre de reuniones sencillas, de encuentros sin estridencias, de política de persuasión más que de espectáculo. El peronismo, en cambio, desplegaba una escenografía monumental, con cánticos que resonaban como himnos antiguos, gestos ampulosos que parecían salidos de un drama griego y relatos de epopeyas y caídas heroicas que se repetían como salmos.
A Mujica nunca le interesaron los mesianismos. En su mundo, los líderes pasaban y las ideas quedaban, mientras que en el peronismo los nombres se volvían dogma, como si la historia se detuviera en ellos. Ese culto permanente a la resurrección de sus figuras era, a sus ojos, una trampa peligrosa, como el café que se deja demasiado tiempo en el fuego y termina siendo más residuo que extracción.
Cristina y el arte de derramar la taza
Con Cristina Fernández de Kirchner, Mujica tuvo desencuentros inevitables. No era enemistad abierta, pero tampoco afinidad. Si él veía la política como la paciencia de compartir una charla pausada, ella la entendía como un campo de batalla. Mujica buscaba matices; Cristina, contrastes absolutos. Donde él encontraba la necesidad del diálogo, ella prefería la reafirmación de antagonismos.
Cuando lo traicionó un micrófono y murmuró aquello de «esta vieja es peor que el tuerto», no lo hizo con odio, sino con la resignación de quien se da cuenta de que la política argentina está condenada a un eterno retorno. Como un café que se sirve y se derrama una y otra vez, sin que nadie aprenda a proporcionarlo. No le sorprendía que Cristina manejara el poder con la intensidad de un café hirviendo; lo que le inquietaba era que nadie en Argentina pareciera querer una taza más templada.

Un café que nunca fue brindis
Cuando Mujica dejó la presidencia, su imagen se convirtió en la de un abuelo sabio, el que se sienta en la mesa con una taza modesta y un consejo que nadie pedirá, pero que, con el tiempo, resultará certero. No aspiraba a la eternidad ni a la epopeya. Si alguna vez dijo que le habría gustado gobernar Argentina, lo hizo como quien imagina un escenario imposible, un sueño que no estaba destinado a cumplirse.
Pero no habría sido peronista. Su café era otro: austero, sin espuma, sin la dulce ilusión del poder como fin en sí mismo. El peronismo, en cambio, seguirá sirviéndose en Argentina con la intensidad de siempre, esperando nuevos conversos y viejos adictos. Mujica, mientras tanto, seguirá observándolo desde la distancia, con la certeza de que hay brebajes que es mejor no probar, porque, al final, nadie recuerda cómo empezó, pero todos saben que siempre termina igual: con la taza vacía y el aroma impregnado para siempre, como un recuerdo que no se desvanece.

Artículos relacionados

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Cuando un problema técnico se deja crecer, deja de ser administrativo y se convierte en político. Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es quién tiene razón… sino por qué nadie resolvió a tiempo. Hay decisiones que no se anuncian: se delatan en sus consecuencias. El...

Sin acuerdo no hay paso: ¿quién tiene la razón?

Sin acuerdo no hay paso: ¿quién tiene la razón?

Territorio, ley y lo que no se negoció Lo que pudo resolverse con una buena negociación hoy escala a conflicto. San Juan defiende el recurso, La Rioja controla el paso… y en el medio, la gestión ausente convierte el desarrollo en disputa. Hay problemas que se ven...

Radiografía de un dios supuesto

Radiografía de un dios supuesto

Vaticano en transición Cuatro papas, una misma estructura, una pregunta que persiste: cuando lo divino se administra como poder… ¿qué queda de Dios y qué empieza a parecerse demasiado a un sistema? La muerte no siempre silencia. A veces ordena el ruido. Y en ese orden...

San Juan tiene la mina… pero no el control

San Juan tiene la mina… pero no el control

Minería, frontera y omisión San Juan tiene el recurso, la ley y la razón. Pero olvidó algo más importante: el territorio no se administra desde un mapa. Y cuando eso ocurre, el desarrollo deja de ser promesa… y empieza a ser conflicto. El problema no empezó en La...

Entre gitanos no se leen las manos

Entre gitanos no se leen las manos

Fe, poder y el eco del abismo Trump acusa. El Papa responde. Pero si el demonio de Nietzsche tuviera razón —si todo debiera repetirse—, entonces la discusión no es moral ni política: es existencial. Y en ese terreno, incluso Dios ha dejado de ser refugio. Hay noches...

Miente, miente que algo queda: Malbec, cifras y fe

Miente, miente que algo queda: Malbec, cifras y fe

A partir de la nota publicada por Diario de Cuyo el 16 de abril de 2026, el crecimiento del Malbec en San Juan abre una discusión necesaria: los números entusiasman, pero el mercado —ese territorio donde los discursos no cotizan— obliga a una pregunta incómoda. Hay...

Nadie ganó: la paz comprada que todos venden como victoria

Nadie ganó: la paz comprada que todos venden como victoria

El acuerdo ordena cifras, pero desordena la verdad: el gobierno sostiene el relato, los gremios sostienen la firma… y el docente sostiene la pérdida. Los números lo confirman. No todos los acuerdos resuelven. Algunos apenas administran el conflicto. La paritaria...

El trámite que el poder no quería firmar

El trámite que el poder no quería firmar

Tres horas de espera, una negativa inicial y una solicitud dirigida al Subsecretario de Información Pública, Marcelo Rivas: la transparencia dejó de ser promesa y pasó a ser obligación. Hay momentos en que la política deja de ser discurso y se convierte en trámite. No...

Cuando el gobierno no comprende, no aprende…ni gobierna

Cuando el gobierno no comprende, no aprende…ni gobierna

—Cuento de brujas político— Cuando la negociación fracasa, el conflicto persiste y la única respuesta es el castigo, el problema deja de ser salarial. Se vuelve más profundo: una conducción que perdió lectura… y un equipo que ya no logra corregir el rumbo. Hay errores...

San Juan en otoño: la zamba que Orrego todavía no cantó

San Juan en otoño: la zamba que Orrego todavía no cantó

“Salgo a volar, San Juan, tu abril maduro, donde el reposo de la vendimia se ha propuesto un sueño póstumo para enterrar las penúltimas rosas…” (Fragmentos de la zamba cuyana San Juan en otoño atraviesan este texto). Gobernar en tiempo de vendimia Hay estaciones que...