“Si le pasa algo a un chico, es mi responsabilidad”, dijo la ministra de Educación de San Juan, Silvia Fuentes, después de explicar por qué volvieron a suspenderse las clases ante la amenaza del viento Zonda.
Y tiene razón.
Si Protección Civil advierte que existe peligro, si una rama puede caer sobre un colectivo, una bicicleta o la cabeza de un estudiante, corresponde suspender las clases. No hay calendario escolar que valga más que la seguridad de un chico.
Hasta allí, nada que discutir.
El problema aparece cuando uno descubre que en el Ministerio de Educación la responsabilidad parece tener comportamiento de Zonda. Sopla algunos días, con mucha fuerza, ocupa titulares, obliga a tomar decisiones y después desaparece misteriosamente.
Porque responsabilidad también debería existir cuando PISA desnuda una crisis educativa que ningún maquillaje discursivo consigue disimular. Allí también hay chicos. Son los mismos, ministra. Solo que en lugar de estar amenazados por una rama están frente a una evaluación que intenta medir cuánto comprenden, cuánto pueden resolver y qué aprendieron después de años dentro del sistema educativo.
Y allí también hay responsabilidad.
La hay cuando el Estado compra y entrega computadoras con dinero público. No alcanza con fotografiar la entrega, acomodar las máquinas sobre una mesa y convertirlas en escenografía de gestión. Alguien debe explicar cuánto costaron, cómo se compraron, cuánto se pagó por cada una y por qué conseguir información completa sobre una adquisición pública puede convertirse en una expedición burocrática.
Porque las computadoras tienen memoria. Curiosamente, algunas administraciones parecen tener menos.
También existe responsabilidad cuando un maestro abre su recibo de sueldo y descubre que los anuncios oficiales aumentan más rápido que su capacidad de llegar a fin de mes. Se puede hablar de porcentajes, acuerdos, bonos, conectividad y recomposiciones. Se puede construir una conferencia de prensa impecable. Pero después aparece la realidad, esa desagradable costumbre que tienen los números de no aplaudir discursos.
Y el docente compra menos.
Eso también es responsabilidad.
Lo es evaluar los programas educativos que se anuncian, mostrar sus resultados, reconocer lo que funciona y admitir lo que fracasa. Gobernar no consiste en inaugurar nombres. Consiste en demostrar resultados.
Por eso resulta interesante escuchar a una ministra pronunciar con tanta claridad la palabra responsabilidad. No porque esté equivocada al hacerlo, sino porque sería saludable que esa palabra conservara el mismo significado cuando deja de soplar el Zonda.
La responsabilidad política no debería depender del pronóstico del tiempo.
Si un chico corre peligro camino a la escuela, la ministra es responsable. Si ese mismo chico termina su escolaridad sin comprender adecuadamente lo que lee, alguien también tendrá que asumir responsabilidades. Si se utilizan millones del Estado para comprar tecnología educativa, alguien debe rendir cuentas. Si los docentes pierden poder adquisitivo mientras desde los despachos se anuncian mejoras, alguien debería explicarlo sin esconderse detrás de porcentajes.
Y si los indicadores educativos son malos, tampoco alcanza con discutir la cantidad de alumnos evaluados, cuestionar la fotografía o buscar el ángulo desde donde la realidad salga un poco más favorecida.
La política se ha acostumbrado demasiado a confundir responsabilidad con comunicación. Parecer que se gestiona ha terminado siendo, demasiadas veces, más importante que gestionar.
Una cámara, una declaración oportuna, una fotografía cuidadosamente elegida y un funcionario suficientemente maquillado para la ocasión pueden construir una imagen.
Pero no construyen educación.
Hay una vieja frase atribuida a la tradición romana que la política repite con frecuencia y practica bastante menos. La mujer del César no solo debe ser honesta. También debe parecerlo.
Yo agregaría algo.
La ministra Silvia Fuentes no necesita parecer responsable. Necesita serlo también cuando no hay cámaras, cuando los números incomodan, cuando los docentes reclaman, cuando una evaluación contradice el relato y cuando alguien pregunta cuánto costó lo que compró el Estado.
Porque del Zonda puede protegernos Protección Civil.
De una mala educación, ministra, debería protegernos usted.














