El informe técnico es brutal, los números son irrefutables, y la crisis es estructural. Pero la política local eligió otra estrategia: convertir la escasez en relato. Entre canciones, fotos y promesas, San Juan empieza a secarse… sin escándalo.
Hay crisis que se anuncian. Y hay crisis que se naturalizan.
La de San Juan pertenece a la segunda categoría: no irrumpe, no interrumpe, no incomoda. Se instala. Se acostumbra. Se vuelve paisaje.
Porque mientras el río baja, la política sube el volumen.
Uno canta.
El otro posa.
Y entre ambos, la realidad pierde densidad.
El dato central —ese que debería ordenar todo— es tan simple como devastador: el río San Juan aportará entre 531 y 614 hm³ en el ciclo actual. La mitad de lo que supo ser. Mucho menos de lo necesario.
El estudio del Centro de investigación, Desarrollo e Innovación para la Gestión Integral del Agua en el Árido (CIGIAA), es claro: no estamos frente a una anomalía climática, sino ante un sistema que no se adaptó a su propia escasez. Y, sin embargo, la reacción política no es proporcional al diagnóstico.
Porque el problema no es la falta de información.
Es el exceso de relato.
I. La aritmética de la negación
En 2024/25, el derrame fue de 1.247 hm³. Hoy, con optimismo técnico, apenas superaremos los 600.
No es una caída. Es una señal estructural.
Pero la política insiste en leerla como episodio: la sequía, la nieve, el clima. Todo lo que no se vota. Nada de lo que se gestiona.
Aceptar el dato implicaría aceptar algo más incómodo: que el problema no es cuánto agua llega… sino cuánto se pierde. Y eso ya no es meteorología. Es administración.
II. Marcelo canta
Marcelo Orrego canta.
No es una crítica estética. Es una definición política.
En medio de una de las crisis hídricas más profundas de la provincia, la escena pública se organiza como espectáculo: eventos, apariciones, momentos cuidadosamente registrados.
La política convertida en escenografía.
Porque mientras el gobernador canta, la pregunta se diluye: ¿quién está gestionando el agua?
III. Gustavo posa
Gustavo Fernández posa.
Habla de desarrollo, inversión y matriz productiva. Pero evita la pregunta esencial: ¿con qué agua?
El sistema que promete crecimiento tiene una eficiencia inferior al 20 %. De cada 100 litros, 80 se pierden.
En canales abiertos. En riego ineficiente. En estructuras que nadie corrige.
La dicotomía no es técnica. Es política: una provincia que promete producir más… mientras pierde lo que tiene.
IV. Regar fantasmas
Hay más de 124.000 hectáreas empadronadas para riego. Pero no se cultiva ni la mitad, y aun así el sistema reparte agua como si todo estuviera en producción.
Es una ficción sostenida con recursos reales.
No es desorden. Es modelo.
Un modelo que no mide, no corrige, no ajusta. Porque hacerlo implicaría tocar intereses. Y la política local prefiere sostener el error antes que incomodar el equilibrio.
V. El dique que baja
El dique Ullum cayó por debajo de su cota de seguridad.
El dato técnico es contundente. La metáfora, inevitable.
El agua no desaparece en un acto dramático. Se pierde en la repetición: en cada canal que filtra, en cada decisión postergada, en cada discurso que reemplaza a la acción.
VI. El subsuelo
Mientras arriba se discute el relato, abajo el acuífero del Tulum cede.
Descenso de niveles. Aumento de salinidad. Nitratos. Y una palabra ausente: subsidencia.
El suelo puede colapsar. Y cuando eso ocurra, no habrá obra ni discurso que lo revierta.
Porque el daño, a diferencia del relato, no es reversible.
VII. El gasto
En una provincia donde el agua escasea, hay algo que fluye con eficiencia admirable: el gasto.
Compras exageradas. Librería, jamón. Sobreprecios. Vacaciones pagas.
La precisión administrativa aparece… pero no para cuidar el recurso, sino para distribuir beneficios a los amigos.
Y lo más importante: lo que no se publica.
Porque no publicar no es descuido. Es decisión.
VIII. El síntoma
San Juan encontró en el Ironman una metáfora perfecta.
Cifras que crecen. Impactos que se celebran. Relatos que se multiplican.
Pero hay un límite que ni el marketing puede cruzar: la realidad.
Si el agua sigue cayendo, el próximo Ironman no tendrá nado. Y entonces la metáfora será total: cada uno con su botella, cada productor resolviendo lo que el sistema no garantiza.
El Estado ya no administra. Acompaña la escasez.
IX. La respuesta
Y cuando un periodista pregunta —sin pauta, sin permiso— la respuesta aparece:
“Recibimos una provincia en crisis.”
Es probable.
Pero la crisis no afecta a todos por igual.
No afecta a los que gastan.
No afecta a los que deciden.
Afecta al que produce.
Al que riega.
Al que espera.
Y tal vez ahí esté el núcleo.
No en la sequía.
No en el clima.
Sino en una política que logró algo más sofisticado que resolver el problema: hacerlo tolerable.
Porque cuando la crisis se vuelve paisaje, la gestión se vuelve actuación.
Y entonces todo encaja.
Marcelo canta.
Gustavo posa.
El sistema continúa. Y San Juan —sin ruido, sin escándalo— empieza a secarse.













