Política sanjuanina, funcionarios improvisados y la peligrosa costumbre de hablar antes de entender.
Hay escenas políticas que duran apenas unos segundos pero alcanzan para desnudar una época completa. No hacen falta investigaciones judiciales, auditorías monumentales ni documentos secretos. A veces basta un micrófono abierto y un dirigente convencido de que nadie lo va a corregir.
Eso ocurrió cuando Nancy Picón aseguró en plena sesión que en San Juan solamente cinco departamentos tienen gas natural. Lo dijo con la tranquilidad de quien cree estar pronunciando un dato indiscutible. Y entonces apareció algo cada vez más raro en la política argentina. Alguien decidió corregirla en vivo.
Cristian Andino comenzó a enumerar departamentos conectados al servicio como un maestro agotado tomando lección oral a una alumna que llegó sin estudiar.
Capital.
Santa Lucía.
Rawson.
Rivadavia.
Pocito.
Albardón.
Caucete.
9 de Julio.
San Martín.
La escena tuvo algo de comedia involuntaria y algo de tragedia institucional. Porque el problema verdadero no era el error geográfico. Todos pueden equivocarse. El problema era otro. La sensación incómoda de que buena parte de la dirigencia sanjuanina parece hablar de la provincia como quien comenta un territorio que apenas conoce por presentaciones institucionales, reuniones empresariales y carpetas de prensa.
Y quizás allí esté lo más preocupante del episodio. Nancy Picón no parece una excepción.
Parece un síntoma.
San Juan comenzó a fabricar una burocracia estética. Funcionarios entrenados para sonar técnicos aunque muchas veces no comprendan realmente los temas que administran. Ministros que hablan de exportación sin haber exportado jamás un producto. Secretarios que repiten conceptos como: “competitividad”, “hub logístico”, “valor agregado”, “economía del conocimiento”, “zona franca” y “articulación estratégica” con la misma naturalidad con la que un adolescente repite frases motivacionales de TikTok.
El problema es que administrar una provincia no consiste en memorizar vocabulario empresarial.
Y en minería la escena ya roza directamente el surrealismo administrativo.
Funcionarios pronunciando discursos épicos sobre el futuro minero de San Juan mientras confunden exploración con explotación, como si ambas etapas fueran sinónimos intercambiables. Y no lo son. La exploración busca determinar si existe un recurso económicamente viable. La explotación empieza muchísimo después, cuando aparecen estudios geológicos, financiamiento, infraestructura, permisos ambientales y factibilidad económica real.
Pero en la política sanjuanina muchas veces parece alcanzar con ponerse un casco blanco para parecer experto.
Así la minería terminó convertida en una escenografía institucional. Mucho render. Mucho foro internacional. Mucho inglés corporativo pronunciado con dejo sanjuanino. Mucho funcionario recorriendo Expo Minera como si estuviera inaugurando Dubái.
Y mientras tanto, la provincia sigue esperando algo bastante menos cinematográfico. Gestión.
Porque ahí aparece una de las tragedias más silenciosas de San Juan. No solamente la falta de resultados. También la progresiva sustitución del conocimiento por la actuación técnica. La política empezó a llenarse de dirigentes que aprendieron primero a parecer preparados y recién después intentaron entender los temas que debían administrar.
Especialistas en paneles.
Expertos en fotografías.
Doctores en conferencias de prensa.
Licenciados en frases cuidadosamente diseñadas para sonar modernas aunque detrás exista apenas una comprensión superficial del problema.
Entonces ocurren escenas como la de Nancy Picón.
Una diputada descubriendo la infraestructura básica de la provincia en plena sesión. Un compañero corrigiéndola públicamente. Y miles de sanjuaninos observando cómo el debate político empieza a parecerse demasiado a un grupo de estudiantes improvisando un trabajo práctico cinco minutos antes de exponerlo.
Lo más inquietante es que ya ni siquiera sorprende.
Porque San Juan parece haberse acostumbrado a funcionarios que descubren los temas mientras los explican. Dirigentes que hablan de producción sin recorrer industrias, de educación sin entrar a las aulas, de minería sin entender procesos técnicos y de infraestructura sin conocer siquiera la realidad básica de la provincia que representan.
Y quizás allí resida una de las grandes tragedias contemporáneas de la política sanjuanina. Una provincia llena de recursos administrada demasiadas veces por dirigentes que confunden información con relato aprendido.
Como si gobernar consistiera solamente en hablar con seguridad frente a un micrófono abierto.
Al final se aprobó, la Cámara de Diputados dio media sanción al proyecto del oficialismo de limitar el régimen de «Zona Fría». Pero nuevamente quedó expuesta una verdad incómoda que atraviesa buena parte de la política actual. La preocupante incapacidad de algunos dirigentes de turno para comprender verdaderamente la provincia que dicen representar, mientras intentan explicarla frente a un micrófono con la seguridad de quien jamás dudó…aunque los datos vuelvan a desmentirlos en vivo.













