Marcelo Orrego habla de negocios. Habla de mercados, inversiones, compradores, productores, empresarios, minería, vinos, aceite de oliva, exportaciones y oportunidades. Habla de mostrar San Juan al país y al mundo. Y está bien. Una provincia que produce necesita vender, abrir mercados, conseguir compradores y agregar valor.
El problema comienza cuando, después de escuchar tantas veces la palabra negocio, uno comete la imprudencia de hacer la pregunta más elemental de cualquier negocio.
¿Cuánto se invirtió y cuánto se ganó?
Ahí el entusiasmo empresarial parece perder súbitamente el habla.
Porque si el FNS (Fiesta Nacional del Sol) Fórum pretende ser una plataforma de negocios, evaluémoslo como se evalúa cualquier inversión. No por fotografías, acreditaciones, discursos o apretones de manos, sino por resultados. Cuánto puso el Estado, cuánto aportaron privados, cuántos contratos se concretaron, qué volumen económico generaron, cuántos productores consiguieron compradores, qué mercados se abrieron y cuánto regresó efectivamente a la economía sanjuanina.
Eso es hablar de negocios. Lo demás es hablar sobre negocios. Y no es exactamente lo mismo.
Una reunión no es un contrato. Un contacto no es una exportación. Una tarjeta intercambiada no abre un mercado y una fotografía con un empresario todavía no cotiza en ninguna bolsa conocida. Un Fórum puede generar oportunidades, por supuesto. Precisamente por eso deberían poder medirse.
Y aquí aparece un problema que excede al Fórum. Esta ecuación comercial parece olvidarse cada vez que el Gobierno organiza, financia o promociona un acontecimiento. Ferias, Fiesta Nacional del Sol, ArgOliva, Ironman, Origen San Juan. Cambian los escenarios, los invitados y los discursos, pero la pregunta económica continúa siendo la misma.
¿Cuánto se invirtió y cuánto se ganó?
Para el discurso oficial todo parece terminar siendo positivo. Se habla de impacto, posicionamiento, oportunidades, visibilidad, movimiento económico y promoción de San Juan. Palabras extraordinarias. El inconveniente es que una política pública necesita algo bastante menos poético y mucho más incómodo.
Cifras.
Si ArgOliva generó negocios, ¿por cuánto? Si Origen San Juan abrió canales comerciales, ¿cuántos y por qué volumen? Si las ferias consiguieron compradores para productores locales, ¿cuántos contratos se concretaron? Si Ironman produjo impacto económico, ¿cuánto ingresó, cuánto aportó el Estado y mediante qué metodología se calculó el retorno? Si la Fiesta Nacional del Sol también funciona como instrumento de promoción económica, ¿dónde están sus resultados medibles?
No alcanza con decir que todo fue exitoso. En administración, un éxito sin indicadores es una declaración. En comercio, una inversión sin costo, resultados y retorno conocidos difícilmente pueda llamarse ecuación comercial.
En abril, este diario solicitó información económica vinculada a la Fiesta Nacional del Sol. Meses después, la respuesta completa sigue sin aparecer. Entonces la cuestión deja de ser solamente contable. ¿Por qué resulta tan sencillo anunciar beneficios y tan complicado conocer costos?
No discuto que San Juan necesite promocionar sus productos, organizar encuentros empresariales o mostrar su producción. Todo lo contrario. Necesita internacionalizar empresas, agregar valor, recuperar mercados y dejar de exportar materias primas para que otros se queden con buena parte del margen.
Precisamente por eso necesitamos saber si las herramientas funcionan.
Porque detrás de escenarios, delegaciones, discursos y fotografías existe una inversión. Y alguien la paga.
El ciudadano.
Además, en 2027 habrá elecciones. Eso no convierte automáticamente estos acontecimientos en instrumentos electorales, pero vuelve indispensable diferenciar promoción institucional, política productiva y exposición personal.
Porque una cosa es mostrar San Juan.
Otra es mostrar al gobernador mostrando San Juan.
Si invertimos diez y generamos cien, muéstrenlo. Si productores sanjuaninos consiguieron contratos, publiquen los resultados. Si se abrieron mercados, identifíquenlos. Si llegaron inversiones, cuantifíquenlas. Y si todavía no pueden medirse porque los negocios requieren tiempo, establezcan indicadores y rindan cuentas dentro de seis meses o un año.
Eso sería gestión.
La fórmula tampoco requiere un doctorado en economía.
Inversión, resultados y retorno.
Pero cuando la inversión se conoce a medias, los resultados se anuncian mediante adjetivos y el retorno no aparece cuantificado, ya no estamos evaluando una política pública. Estamos escuchando publicidad.
Tal vez el próximo FNS Fórum debería comenzar de otra manera. Antes de enseñarles a empresarios y productores cómo conquistar mercados, el Gobierno podría presentar el balance del anterior.
Cuánto costó. Cuánto produjo. Quiénes hicieron negocios. Cuánto retornó.
Porque para hablar de oportunidades aparecen los discursos. Para anunciar inversiones, los funcionarios. Para recibir empresarios, las cámaras. Y para mostrar San Juan, las fotografías. Pero cuando alguien pregunta cuánto costó todo aquello, el espíritu emprendedor parece sufrir una repentina crisis de timidez.
San Juan tiene vinos, minería, aceite de oliva, industria, turismo, producción y talento suficientes para conquistar mercados. Sería una pena descubrir que, después de hablar tanto de compradores, vendedores e inversiones, el producto mejor promocionado haya terminado siendo el propio gobernador.
Aunque, si ese fuera finalmente el negocio, habría que reconocer algo.
La campaña ya tendría inversión.
Solo faltaría saber cuánto nos costó.














