En algunos gobiernos la gestión se comunica como un plan económico. En otros, como un álbum de figuritas.
Hay algo profundamente argentino en convertir cualquier problema político en una metáfora futbolera. Cuando faltan resultados aparecen las camisetas. Cuando escasean los balances llegan los slogans. Y cuando la realidad económica comienza a formular preguntas incómodas, la comunicación oficial decide organizar un campeonato imaginario donde todo parece funcionar mejor de lo que funciona fuera de las redes sociales.
San Juan acaba de presentar su nuevo experimento narrativo: el “11 productivo”. Una selección simbólica armada por el gobierno provincial donde Ischigualasto, el olivo, la vid, el pistacho, la energía solar, el cobre y la educación aparecen alineados como si fueran titulares listos para disputar la final del desarrollo.
La escena parece simpática. Hasta que uno empieza a observar el resto de la cancha.
Porque mientras el gobierno diseña formaciones tácticas para Instagram, la provincia continúa acumulando problemas estructurales que ya no pueden maquillarse con drones, videos promocionales ni frases de coaching futbolero.
La ironía aparece sola; en el “11 productivo” hay cobre, turismo y energía solar, pero no aparece el salario. Tampoco el consumo. Mucho menos la transparencia pública. El equipo tiene delanteros de exportación, pero juega sin defensores sociales y sin arquero institucional. También cuenta entre sus titulares con una diputada que todavía parece recorrer la provincia con mapa prestado y una intendenta que suele confundir el color de su camiseta. No son errores de casting. Son parte de la formación.
Y quizás allí se encuentre la metáfora involuntaria más precisa de todo el proyecto.
Hace pocos días el ministro Roberto Gutiérrez definió a Marcelo Orrego como “el Scaloni de San Juan”. La comparación provocó sonrisas y también algunas preguntas inevitables. Porque Lionel Scaloni construyó un equipo después de años de trabajo silencioso, resultados verificables, honestidad y objetivos cumplidos. La política, en cambio, suele invertir el procedimiento: primero presenta la publicidad y después intenta construir el equipo.
Quizá por eso la imagen más representativa de este “11 productivo” no aparezca en ninguna de las ilustraciones difundidas por el gobierno. Tal vez esté en otro lugar; en ese entrenador austero que les pide esfuerzo a los jugadores, prudencia a los contribuyentes y paciencia a los ciudadanos mientras prepara una gira internacional con todos los gastos cubiertos.
Las casualidades existen, por supuesto. Pero la política sanjuanina parece haberse especializado en ellas. Por una de esas coincidencias extraordinarias que suelen aparecer cuando la comunicación política ocupa el lugar de la planificación, el viaje institucional del gobernador coincide exactamente con la semana inaugural del Mundial. Oficialmente será una misión destinada a atraer inversiones. Nadie discute la importancia de atraer inversiones. Lo que genera preguntas es la escenografía.
Mientras el relato oficial dibuja una provincia en expansión permanente, miles de sanjuaninos viven otra realidad: comercios vacíos, salarios deteriorados, contrataciones políticas que se multiplican, funcionarios que agradecen cargos como si hubieran recibido una distinción nobiliaria y una administración pública donde la propaganda parece avanzar mucho más rápido que las soluciones.
El “11 productivo” revela además una característica frecuente de la política contemporánea; la tentación de convertir la economía en una escenografía emocional. La minería aparece como Messi entrando al estadio bajo reflectores cinematográficos. El pistacho se presenta como la nueva frontera del milagro exportador. La energía solar promete un futuro radiante. Todo parece diseñado para transmitir optimismo. Sin embargo, detrás de la épica continúan existiendo preguntas que ningún video institucional logra responder.
¿Dónde están los mecanismos reales de control sobre el endeudamiento provincial?
¿Dónde están los balances detallados de los grandes eventos financiados con recursos públicos?
¿Dónde está la estrategia concreta para transformar la riqueza extractiva en desarrollo industrial, empleo de calidad y agregado de valor?
Porque una provincia no se desarrolla armando campañas creativas. Se desarrolla construyendo instituciones fuertes, transparencia administrativa, educación técnica de calidad y una economía capaz de sostenerse incluso cuando termina la campaña publicitaria.
Y allí aparece otro detalle llamativo del “11 productivo”; parece diseñado por un equipo donde todos quieren ser delanteros y nadie quiere marcar. La educación aparece como volante creativo mientras los docentes continúan viendo deteriorarse su poder adquisitivo. El cobre es presentado como la gran estrella internacional mientras muchas comunidades todavía desconocen cuál será el impacto real de esos proyectos sobre el empleo local, la infraestructura y la distribución de la riqueza. El turismo posa para las cámaras mientras una parte significativa de la economía informal sostiene silenciosamente buena parte de la actividad cotidiana.
Todo parece preparado para la transmisión televisiva y muy poco para el entretiempo de la realidad.
Tal vez el problema no sea la metáfora futbolera. El problema es que algunos gobiernos terminan creyendo que gobernar consiste en administrar percepción. Y el fútbol enseña algo que la política suele olvidar; puedes dominar las cámaras, ganar la posesión y llenar de épica las conferencias de prensa. Pero cuando el resultado no aparece, el público deja de mirar la pantalla y vuelve a mirar la tabla.
Y en política, como en el fútbol, no existe campaña publicitaria capaz de ocultar para siempre un marcador en contra.














