La canasta invisible de la exportación no tradicional en San Juan

Ago 22, 2025 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

Entre cifras que parecen oasis —1.888 millones de dólares en exportaciones dominadas por el oro— y un puñado de pistachos que crecieron 290% en volumen, la canasta “no tradicional” de San Juan sigue siendo un espejismo más que un mercado. Mientras el aceite de oliva cae y las pasas repiten su letanía, el gobierno encuentra consuelo en otro podio: el concurso de la mejor pizza sanjuanina. Pan y circo para maquillar estadísticas que piden futuro.

La canasta invisible

Dicen que en los mapas de exportación de la Argentina hay un territorio donde los números no son números, sino fantasmas. Allí, en San Juan, las estadísticas caminan como peregrinos descalzos por las calles polvorientas, llevando en sus espaldas las cargas de oro, uvas secas y un puñado de pistachos que brillan como si fueran estrellas recién caídas del cielo.

El espejismo del oro

En el año 2024, el conjuro marcó 1.888 millones de dólares. La cifra parecía un espejismo en medio del desierto: desde lejos se veía como un lago inmenso, pero al acercarse los sanjuaninos descubrían que casi todo era oro fundido, un sol líquido disfrazado de Manufacturas de Origen Industrial en las planillas del INDEC. El resto, lo que llaman “exportación no tradicional”, apenas era un charco ilusorio que se deshacía al tocarlo.

El oro era el amo. Bajo su sombra, los medicamentos se levantaban como segunda torre: un edificio brillante pero solitario, sostenido por pocas firmas, vulnerables al viento de las regulaciones extranjeras. Y al costado, chiquitas como chozas de adobe, estaban las barras menudas de frutas procesadas, aceites, cosméticas y preparadas de hortalizas: casas de techos bajos en un barrio olvidado por el presupuesto.

Pasas, mosto y la misa sin marca

En las montañas de Calingasta, los productores repetían un milagro viejo: las pasas y el mosto habían crecido otra vez, como viñas que insisten en florecer aun en sequía. Sí, eran tradicionales, repetidos como letanías, pero daban de comer a la provincia. El problema era otro: lo que se llamaba “diversificación” no llegaba a diversificar nada. El vino seguía siendo misa sin identidad ni marca; el mosto seguía siendo procesión.

La caída del olivo

El oráculo del olivo, en cambio, se quebró en 2025: el aceite de oliva y las aceitunas en conserva cayeron en valor y en kilos. Era como si los árboles hubieran decidido guardar su savia para otro tiempo, como si el aceite se hubiese vuelto lágrima amarga. Las estadísticas lo confirmaban: el rojo en las planillas era un cementerio silencioso.

El milagro del pistacho

Pero en medio de esa tristeza, brotó un fruto inesperado. El pistacho se volvió profeta. En un año saltó con la fuerza de un relámpago: más de 200% de aumento en valor y casi 290% en kilos exportados. Las semillas, pequeñas como clavos verdes, se abrieron como ojos de esperanza. En los informes figuraban como anécdota, pero en las chacras los productores lo contaban como si fuera una aparición mariana: “el pistacho nos salvará”.

El ancla del oro

Aun así, los números estaban encadenados. El oro arrastraba a todos como sol que enceguece, y las cifras chicas no podían crecer bajo su resplandor. El efecto era conocido: el ancla del oro hundía cualquier intento de diversificación. Las planillas del INDEC lo mostraban sin rubor: San Juan era casi toda una mina; lo demás, notas al pie.

Escala, productividad y fantasmas de la macro

Los sabios de comercio exterior hablaban de escala y productividad como si fueran dos hermanos desterrados. Decían que los pistachos, los tomates premium en pouch, la cosmética natural y los snacks de uva eran soldados sin ejército: caros de transportar, difíciles de colocar, condenados a competir con los chilenos y los mediterráneos. Cada kilo llevaba encima el peso del flete y del frío, como si fuera una penitencia. Pero no pensaban en puertos secos ni zonas francas como salida estratégica.

Otros murmuraban sobre la volatilidad de la macro, esa maldición que hacía temblar contratos y precios. El dólar no era moneda: era un fantasma que se reía de los productores cada vez que firmaban una venta. Los más viejos recordaban que, en tiempos de crisis, ni siquiera los pequeños cargamentos FCA o FOB sobrevivían a los cambios repentinos.

Certificaciones que nunca llegan

En las ferias internacionales, las voces extranjeras pedían homologaciones, certificaciones, huellas de agua y de carbono. Los productores locales, en cambio, llevaban sus productos envueltos en bolsas sencillas, con etiquetas modestas sin identidad, como si fueran cartas de amor escritas a mano en tiempos de WhatsApp. Y así, el margen se evaporaba como rocío al sol.

El portafolio soñado

Sin embargo, en las noches de San Juan, cuando el viento Zonda se colaba entre los álamos, algunos soñaban un futuro distinto. Veían un portafolio 20×80: cinco líneas escogidas como reliquias —el pistacho procesado, el tomate en pouch, la cosmética de oliva, los ingredientes de uva, los vinos con identidad y marca propia, los servicios farmacéuticos—, rodeadas de sellos brillantes que decían FAIRTRADE, FDA, EFSA. En esos sueños, las góndolas de Europa y Asia mostraban etiquetas con QR sanjuaninos, narrando la historia del desierto convertido en oasis.

Los números parecían imposibles: subir el peso de los “no tradicionales” —sin oro ni vitivinícola/olivícola clásicos— a 10 o 12% del total FOB. Pero las planillas, frías como piedra, no saben de milagros. ¿No había acaso brotado el pistacho como estrella en un cielo nublado? ¿No había resistido la vid sequías y granizos durante siglos? Y, sin embargo, en el primer semestre de 2025 no hay portento que alcance si no hay estrategia.

Pizza y circo

Al final, los estadísticos del INDEC, que todo lo cuentan y nada sienten, anotaron: San Juan: 1.888 millones de dólares en exportaciones, 2024. Oro y medicamentos al frente. Pasas y mosto en alza. Olivo en baja. Pistacho en milagro. Y cerraron el informe como quien cierra un libro de oraciones.

Lo demás quedó en la memoria de los sanjuaninos, que saben leer las cifras como si fueran cuentos: cada número, una promesa. Cada porcentaje, un fantasma. Cada caída, un silencio. Y cada salto, un resplandor.

Y mientras tanto, en las oficinas del poder, la respuesta fue un gesto de otro mundo: se lanzó el concurso de la mejor pizza sanjuanina. Una convocatoria rimbombante, con jurado, escenario y foto oficial, como si el porvenir de la provincia se midiera en muzarella y orégano. Nadie habló del pistacho, ni del aceite caído, ni del espejismo de los 1.888 millones. Era el modo más elegante de admitir que no hay estrategia, o que nunca la hubo: convertir la economía en festival gastronómico y la estadística en menú del día.

Así, entre el espejismo de las exportaciones y la pizza que ganó aplausos en la plaza, quedó claro que en San Juan los números piden futuro, pero el gobierno todavía se conforma con pizza y circo.

Artículos relacionados

Siempre es diferente… hasta que se parece demasiado

Siempre es diferente… hasta que se parece demasiado

Promesas, expedientes y herencias Se prometió cambiar veinte años de peronismo, pero la gestión eligió administrar la herencia sin auditarla. La crisis se invoca, el cambio se anuncia y la diferencia sigue sin demostrarse. La ilusión de la ruptura El cambio no es una...

Castro, la inteligencia que incomoda al ruido

Castro, la inteligencia que incomoda al ruido

Cuando la política se disfraza de denuncia, el problema no es quién acusa. Es quién logra probar. Y ahí, el juego cambia. Estrategia en lugar de reflejo En política, no todos juegan el mismo partido. Algunos corren detrás del conflicto. Otros lo entienden antes de que...

El expediente que desnuda el negocio de las computadoras

El expediente que desnuda el negocio de las computadoras

Transparencia, gasto y reflejos Mientras el gobierno de Marcelo Orrego prepara otra compra de notebooks junto a la ministra Silvia Fuentes, apareció algo incómodo. Un pedido formal de información, con copia a la Defensoría del Pueblo. No habla de promesas. Pregunta...

El negocio de las notebook

El negocio de las notebook

Gestión, tecnología y silencio El gobierno de Marcelo Orrego avanza con una nueva etapa de entrega de notebooks junto a la ministra Silvia Fuentes, pero todavía no explica qué pasó con la compra anterior. Esta vez hay algo distinto. Hay un expediente en Hacienda. Sin...

Cuando nombrar a Sarmiento roza la blasfemia pública

Cuando nombrar a Sarmiento roza la blasfemia pública

Transparencia, memoria y conveniencia La credibilidad no se declama. Se prueba. Y cuando faltan pruebas, sobran los gestos. Manual básico de administración simbólica La gestión real deja rastros. La otra deja actos. Una se puede auditar. La otra se puede aplaudir. El...

San Juan: ver todo… sin mostrar nada

San Juan: ver todo… sin mostrar nada

Domingo de calma, números ausentes No hay escándalo. No hay ruptura. Hay algo más eficaz, una política que no muestra, una ciudadanía que espera… y un sistema que ya aprendió a convivir con ambos. Bienvenidos: pase, mire… pero no pregunte Los domingos en San Juan...

La ligereza del clic y el peso del delito

La ligereza del clic y el peso del delito

Cuando compartir una imagen parece un juego, pero ya es un delito: la nueva frontera de la responsabilidad juvenil… y el aula como primer escenario. Hay actos que no hacen ruido. No rompen vidrios. No dejan marcas visibles. Pero arrasan. Una imagen reenviada. Un video...

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Cuando un problema técnico se deja crecer, deja de ser administrativo y se convierte en político. Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es quién tiene razón… sino por qué nadie resolvió a tiempo. Hay decisiones que no se anuncian: se delatan en sus consecuencias. El...