Mafalda ya lo sabía: Por San Juan… y por lo mismo de siempre

Ago 8, 2025 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

“Paren el mundo que me quiero bajar.” — Mafalda

Mafalda estaba ahí, en una de esas esquinas eternas de la Plaza 25 de Mayo, mirando de reojo el acto y murmurando con ese gesto que mezcla ternura y hartazgo. No era para menos: San Juan estrenaba frente electoral y, como en sus viejas tiras, la escena le sonaba a repetición. Marcelo Orrego, con sonrisa de póster y rodeado de siglas que parecen siglas de otras siglas, presentaba Por San Juan, un nuevo paraguas político que, como diría ella, “tiene menos de nuevo que la sopa de siempre”. Entre palmeras, discursos de “responsabilidad” y promesas de “no dar un paso atrás”, Mafalda solo levantó las cejas, como si ya conociera el final del capítulo.

La coalición es una suerte de “ensalada rusa” sin mayonesa, donde el oficialismo se mezcla con el PRO, la UCR, Activar, Dignidad Ciudadana y el Bloquismo, más una larga lista de adherentes que, sumados, parecen el inventario de partidos que en algún momento juraron ser distintos y hoy sonríen en la misma foto. Mafalda, siempre lista para traducir lo evidente, anotó en su libreta invisible: “Cuando todos dicen que piensan distinto pero terminan haciendo lo mismo… eso no es política, es teatro de títeres.”

Orrego se plantó en el acto con la firmeza de quien vende un seguro contra incendios después de encender la hornalla. Habló de “responsabilidad, eficiencia y defender con agallas” a la provincia, mientras enumeraba lo que se hizo, lo que falta y lo que viene. La retórica es precisa: no menciona lo que se dejó de hacer, lo que se hizo mal o lo que no se hará jamás. En política, el silencio es un arte, y en San Juan es una materia obligatoria.

Y hablando de silencios, Mafalda no pudo evitar comentarlo: “Che, ¿y las denuncias contra los que estaban antes? ¿Ni una? Ni compras raras, ni sobreprecios, ni obras infladas… ¿Será que no las hubo o será que ustedes están repitiendo el menú?” Nadie respondió, porque el guion de los actos no admite improvisaciones.

Hubo rumores de un romance político con La Libertad Avanza, pero el noviazgo se frustró. Orrego confesó que coinciden en algunas cosas (Ley Bases, RIGI), pero difieren en otras, como las universidades. Esto, en realidad, no es una disputa ideológica; es más bien como cuando dos personas dicen que son “incompatibles” porque uno quiere el aire acondicionado en 24° y el otro en 26°. Mafalda suspiró: “O sea, se pelean por el postre, pero el plato principal es el mismo.”

Mientras tanto, el peronismo —esa criatura política que no muere sino que hiberna— decidió dejar de pelearse consigo mismo. Gioja y Uñac, que durante años se miraron como dos primos que discuten por una herencia en cuotas, ahora se abrazan bajo el frente Fuerza San Juan. Suena épico, como Fuerza Bruta, pero con menos acrobacias y más promesas recicladas. Mafalda, con su ironía intacta, agregó: “No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta.”

Entre tanto eslogan, siglas y pactos de ocasión, la ciudadanía mira con esa mezcla de aburrimiento y resignación que solo provoca la política argentina. Porque, seamos sinceros, más allá de las etiquetas, los discursos y los pactos fugaces, el verdadero frente que domina San Juan es el Frente Más de lo Mismo. Y lo peor es que no se disfraza: cada vez que uno de estos dirigentes habla de “cuidar a la gente”, suena igual que el cajero de un banco que le dice al cliente que “su dinero está seguro”, mientras le suben la comisión por mantenimiento.

En octubre se elegirán tres diputados nacionales. Tres. La épica es tanta que parece que San Juan estuviera enviando embajadores a la ONU y no simples ocupantes de bancas que, en el mejor de los casos, levantarán la mano cuando su bloque se lo ordene. Orrego exige que tengan “convicción para cuidar a San Juan” y “claras las ideas”. Mafalda, con un gesto de fastidio, apuntó: “Lo ideal sería tener el corazón en la cabeza y el cerebro en el pecho. Así pensarían con amor y amarían con inteligencia… pero eso no se elige en una boleta.”

Al final, Por San Juan no es solo un nombre: es también una confesión. Porque todo este esfuerzo no parece ser por los sanjuaninos, sino por mantenerse en el poder… en San Juan. Y esa, queridos lectores, es la única promesa que sí van a cumplir. Mafalda se ajustó el moño, miró la estatua de Sarmiento de la plaza y se fue murmurando: “Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo importante.”

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