El pueblo del mosto y el periodismo sin brindis

Jul 24, 2025 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista.

 

En una comarca donde los reporteros aún temen más al titular incómodo que a la verdad sin maquillaje, ocurrió un episodio tan trivial como revelador. Fue en la tercera semana de julio, cuando los álamos amarillos del invierno se rendían ante la helada y los noticieros brindaban con cifras dulces, recién servidas desde las bodegas del poder. El sol apenas asomaba por los valles cuando un periodista publicó dos artículos que trastocaron la armonía artificial del relato oficial: uno hablaba de vino embotellado con dignidad, el otro de mosto exportado sin nombre.

No eran textos violentos. No eran panfletos. Eran —y eso fue lo más ofensivo— razonamientos. Columnas con cifras oficiales, contexto histórico y preguntas reales. Y sin embargo, en los pasillos de la comarca, se dijo que aquello era «patear a un indefenso en el piso». Un viejo funcionario incluso murmuró, como quien escupe uvas sin fermentar:

—Eso no suma, hermano.

Y fue entonces cuando, sin quererlo, se abrió un abismo. No entre periodistas y funcionarios, sino entre dos formas de hacer periodismo: el que analiza aunque duela, y el que acompaña aunque mienta.

Crónica de un desacuerdo anunciado

En el pueblo del mosto, las estadísticas eran una religión pagana. Cada nuevo kilo exportado se anunciaba como un milagro. Las góndolas internacionales no mostraban ni una etiqueta local, pero eso no importaba. Se había exportado azúcar. Y eso bastaba para el brindis.

Los cronistas alineados al paladar institucional repitieron al unísono:

—¡Récord histórico!

—¡San Juan sigue liderando el mosto nacional!

—¡El jugo argentino conquista el mundo!

Ninguno se preguntó qué se exportaba, además del jugo. Ninguno notó que el vino fraccionado —el que lleva apellido, narrativa, voz embotellada— había sido ignorado por completo. Ninguno, salvo aquel periodista que se atrevió a escribir:

“El mosto no se brinda, se disuelve.”

La frase fue leída como una traición.

Periodismo con damajuana o con dignidad

En el corazón del periodismo vitivinícola argentino conviven dos escuelas. La primera es la del cronista enológico de la obediencia: redacta con base en comunicados, confunde gestión con épica y bebe del mismo barril que promociona. Sus textos tienen forma de nota, pero alma de folleto.

La segunda es la del ensayista incómodo, que no se conforma con la cifra ni se deja seducir por el kilo. Ese periodista busca entender por qué una provincia produce tanto y representa tan poco. Por qué una región con historia vitivinícola queda reducida a un rol de proveedor anónimo en la cadena global.

La diferencia entre ambas escuelas no es solo ética, sino también poética:

El periodista de pauta escribe para agradar.

El periodista de análisis escribe para explicar.

Y en esa diferencia habita el futuro del vino argentino.

La metáfora que dolió más que el dato

Lo curioso no fue que las cifras molestaran. Al fin y al cabo, eran públicas. El Instituto Nacional de Vitivinicultura había confirmado que una provincia pequeña como La Rioja superó a San Juan en exportación de vino embotellado en junio del 2025, con menos hectáreas y menos lobby.

Lo que desató la tormenta fue la metáfora. Porque mientras los técnicos miden en hectolitros, los políticos miden en halagos, y los periodistas libres miden en preguntas.

Decir que “el mosto no se brinda, se disuelve” fue interpretado como un ataque. Pero en realidad era un lamento. Un llamado. Un clamor disfrazado de estilo. Era decir: “¿Hasta cuándo seguiremos exportando litros sin relato, empleos sin calificación, uvas sin voz?”

El mosto es volumen, pero el vino fraccionado es discurso. Y si no hay discurso, no hay país.

¿A quién sirve el periodismo sin crítica?

En esta comarca tan real como literaria, muchos medios aún temen brindar sin permiso. Las redacciones son jardines regados por convenios y publicidades. Los periodistas jóvenes aprenden más sobre pauta institucional que sobre curaduría de la información. La objetividad no se enseña; se regula. Y el criterio editorial depende del monto que figure en la orden de publicidad oficial.

Por eso, cuando aparece una nota que señala la ausencia de política de valor agregado, que explica por qué San Juan vende jugo pero no identidad, o que pregunta por qué se exportan 10 millones de kilos sin una sola etiqueta reconocible, la respuesta es siempre la misma:

—“Eso no ayuda.”

—“Eso resta.”

—“Eso molesta.”

Como si el deber del periodismo fuera aliviar, no incomodar.

Una botella, un país

Exportar vino fraccionado no es un lujo: es un acto geopolítico.

Cada botella con marca local lleva consigo más que sabor: lleva un mapa, una tradición, una estética, un mensaje. En cambio, el mosto, por más rentable que sea, es azúcar sin himno. Viaja en bidones sin escudo, se diluye en gaseosas extranjeras y vuelve —si acaso— en latas que no mencionan a San Juan ni al país que lo produjo.

Y sin embargo, hay quienes siguen elogiando el volumen como si fuese sinónimo de valor. Confunden la tonelada con la estrategia. Celebran el jugo, pero olvidan el prestigio.

Periodismo sin corcho, pero con coraje

En este tiempo, donde los medios pelean por la pauta más que por la primicia, escribir un artículo como “Mucho mosto, poco vino” o “Cuando La Rioja embotella más que San Juan” no es un acto de soberbia. Es un acto de fe. Fe en que la verdad aún importa. Fe en que la crítica puede generar transformación. Fe en que el periodismo, cuando no se vende, todavía puede brindar por algo más que por un nuevo contrato publicitario.

Y si esa fe molesta, es porque toca donde nadie quiere mirar: en la etiqueta vacía de un modelo que se dice productivo, pero no sabe contar su historia.

Porque no hay relato posible sin periodistas que se atrevan a narrarlo sin obediencia.

Y a veces, la mejor manera de servir un país…es dejar de llenar damajuanas.

A veces sumo, a veces resto, pero siempre escribo sin diluir.

Artículos relacionados

Siempre es diferente… hasta que se parece demasiado

Siempre es diferente… hasta que se parece demasiado

Promesas, expedientes y herencias Se prometió cambiar veinte años de peronismo, pero la gestión eligió administrar la herencia sin auditarla. La crisis se invoca, el cambio se anuncia y la diferencia sigue sin demostrarse. La ilusión de la ruptura El cambio no es una...

Castro, la inteligencia que incomoda al ruido

Castro, la inteligencia que incomoda al ruido

Cuando la política se disfraza de denuncia, el problema no es quién acusa. Es quién logra probar. Y ahí, el juego cambia. Estrategia en lugar de reflejo En política, no todos juegan el mismo partido. Algunos corren detrás del conflicto. Otros lo entienden antes de que...

El expediente que desnuda el negocio de las computadoras

El expediente que desnuda el negocio de las computadoras

Transparencia, gasto y reflejos Mientras el gobierno de Marcelo Orrego prepara otra compra de notebooks junto a la ministra Silvia Fuentes, apareció algo incómodo. Un pedido formal de información, con copia a la Defensoría del Pueblo. No habla de promesas. Pregunta...

El negocio de las notebook

El negocio de las notebook

Gestión, tecnología y silencio El gobierno de Marcelo Orrego avanza con una nueva etapa de entrega de notebooks junto a la ministra Silvia Fuentes, pero todavía no explica qué pasó con la compra anterior. Esta vez hay algo distinto. Hay un expediente en Hacienda. Sin...

Cuando nombrar a Sarmiento roza la blasfemia pública

Cuando nombrar a Sarmiento roza la blasfemia pública

Transparencia, memoria y conveniencia La credibilidad no se declama. Se prueba. Y cuando faltan pruebas, sobran los gestos. Manual básico de administración simbólica La gestión real deja rastros. La otra deja actos. Una se puede auditar. La otra se puede aplaudir. El...

San Juan: ver todo… sin mostrar nada

San Juan: ver todo… sin mostrar nada

Domingo de calma, números ausentes No hay escándalo. No hay ruptura. Hay algo más eficaz, una política que no muestra, una ciudadanía que espera… y un sistema que ya aprendió a convivir con ambos. Bienvenidos: pase, mire… pero no pregunte Los domingos en San Juan...

La ligereza del clic y el peso del delito

La ligereza del clic y el peso del delito

Cuando compartir una imagen parece un juego, pero ya es un delito: la nueva frontera de la responsabilidad juvenil… y el aula como primer escenario. Hay actos que no hacen ruido. No rompen vidrios. No dejan marcas visibles. Pero arrasan. Una imagen reenviada. Un video...

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Cuando un problema técnico se deja crecer, deja de ser administrativo y se convierte en político. Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es quién tiene razón… sino por qué nadie resolvió a tiempo. Hay decisiones que no se anuncian: se delatan en sus consecuencias. El...