Se encuentra con un paisaje que apenas podía reconocer, un horizonte desolador, ve cómo uno a uno se reducen los viñedos, los varietales sembrados de Malbec y Syrah totalmente secos. Una película de terror, una visión de destrucción. Asustado, corre a ver la bodega envejecida por el paso del tiempo, una botella sin marca cae del estante principal a sus pies, revienta y deja líneas tintas como surcos de sangre que se pierden en el terroso suelo. El panorama es triste, las pilas de los vinos están vacías, los tanques oxidados y corroídos, miles de botellas arrinconadas, tapadas con capas de tierra que el viento zonda dejó. Temeroso, pasa el lumbral de la puerta principal, no hay nadie, las barricas que añejaban los vinos de guarda están vacías, hinchadas, llenas de telarañas. Se abre paso entre las cajas amarillentas, quemadas por el sol y un sinnúmero de etiquetas. Levanta una del suelo, la sopla para retirar la tierra y la sacude también, pero solo logra ver una sigla, quizás un eslogan que reconoce «Origen San Juan». Cae de rodillas, en su desesperación arruga la etiqueta con su mano derecha y la lleva al corazón, mientras unas lágrimas se precipitan por sus mejillas ásperas y curtidas por el sol sanjuanino.
No logra entender que está pasando. Se levanta del suelo y camina rápidamente al laboratorio. Los vidrios que separaban el ambiente están rotos, pero en un rincón reconoce un escritorio antiguo de madera donde algunas tardes solía revisar las planificaciones de ventas, las compras de insumos y demás algoritmos en la producción de los varietales. Con fuerza, abre el cajón principal. Salta el polvo de su interior, encuentra una medalla de oro de reconocimiento al mejor vino Malbec del Centro de Enólogos, junto a un cuaderno de tapa negra con una grafía que parecía un racimo de uvas en alto relieve. Despierta su curiosidad, jala una silla de madera gruesa, pausadamente se sienta y comienza a revisar el maltratado cuaderno de notas.
«En el principio ya existía el mercado. Las marcas forman el mercado. Las necesidades del mercado dan origen a las marcas propias. Las marcas propias son la luz que ilumina el desarrollo comercial». Son las primeras palabras que lee. Intrigado, desempolva una copa y saca del cajón izquierdo del escritorio un sacacorchos, toma una botella de las que estaban tiradas en el suelo, le quita la tierra y con suaves movimientos introduce poco a poco el tirabuzón. Hace presión y logra sacar el corcho de alcornoque. El vino parece estar en buen estado. Sirve en la copa hasta el ecuador y da vueltas para su oxigenación. Absorbe el tinto rojo y su paladar parece estallar. Hace una pausa de satisfacción y vuelve a sentarse en la silla para seguir ojeando el misterioso cuadernillo.
Hay una historia entrelazada entre las líneas. La primera marca propia se le atribuye a un rey en una festividad llamada Caná, en una zona de tratamiento especial, donde convirtió, agregando valor, seis tinajas de agua en vino tinto, al cual denominaron milagro, se logra leer entre las líneas dibujadas en las hojas corroídas por el tiempo. En otro párrafo, se entiende que el pueblo corrió la voz del milagro de Caná haciendo que el mercado comience a crecer. La noticia se difundió rápidamente de boca a boca, se formaron doce pilares en lugares estratégicos para su mayor difusión. Al parecer, según el relato, el milagro siguió creciendo de pueblo en pueblo.
Intrigado y curioso, pasa algunas hojas que no se logran leer, mientras saborea un sorbo más del vino. Descubre que el varietal de la botella es Malbec, los frutos rojos son inconfundibles al paladar. Por un momento esa sensación lo hace olvidar la visión apocalíptica que en ese instante vive en la bodega. Como si el sabor y el aroma del vino lo trasladaran al punto inicial de la vendimia.
Un desnivel de la silla ocasiona un movimiento brusco, la copa cae de su mano sobre las hojas del cuaderno, mojando totalmente una hoja en blanco, pero al contacto con el vino tinto se forman palabras y frases que logra entender. Al parecer es un tipo de acta de sesión con el título: «cuando llegó la noche…». En esta aluden el éxito obtenido por la marca propia milagro de Caná y un escueto análisis del rápido crecimiento de la demanda en los mercados. Describen también algunas acciones y estrategias que tomarían, resaltando el posicionamiento de una nueva marca propia, para ser desarrollada en una zona franca, haciendo in situ una parte del proceso productivo, para así evitar los cargos impositivos. La marca propia se denominará Eucaristía y se acompañará ya no con un marketing de boca a boca; esta vez se crearán unidades de negocios en cada pueblo convertido a la cristiandad, cada sucursal operativa (franquicia) tendrá obligatoriamente un viñedo y los representantes producirán en zona y maquilarán nuevas marcas para terceros, así se aprovechará la competencia para su posicionamiento y mejora continua en calidad, procesos y precio. Como estrategia de exportación a nuevos mercados, se unirán varias marcas propias para aprovechar los gastos en operatividad aduanera, y también para hacer frente a la demanda del pueblo de destino, se aprovecharán los tratados de libre comercio con fenicios, persas, romanos y griegos. En cuanto al mercado local, se instaurarán además de los productos un servicio adicional denominado «santa misa», que consiste en reuniones diarias de capacitación a clientes, en las que se hablará de las características, ventajas y beneficios de los productos, se repetirá una y otra vez la palabra vino, junto con el nombre de las primeras marcas propias: Milagro y Eucaristía. Incentivando así su posicionamiento en la mente del consumidor. La degustación del vino será de manera obligatoria y su aroma será parte inherente de la comunión.
Considérese socio estratégico en representación distribución y comercialización para el ingreso al mercado romano a Constantino el Grande. Se participará activamente con delegaciones denominadas «misiones comerciales» en cada concilio, siempre y cuando generen resultados objetivos cualitativos y cuantificables. Los socios tendrán una cuota de compra mensual de productos con diversas marcas propias, según el plan de marketing fijado, además seremos nosotros quienes regularemos el precio de venta público, para asegurar una mayor venta horizontal según ley de Pareto y las cinco fuerzas de Porter. Si algún distribuidor osara no cumplir las reglas o se descubre que el precio venta del vino con marca propia es mayor al precio de venta pactado, se le retirará la exclusividad y se le excomulgará por los siglos de los siglos.
Se deja expresa constancia en el Halajá que el control y supervisión del mercado y la cadena productiva estará a cargo de los apóstoles, quienes crearán la institución evangelizadora con la cual organizarán las franquicias y la distribución en las tierras descubiertas y por descubrir. Al final de la hoja borrosa, deteriorada por el paso del tiempo y manchada con el tinto rojo vertido, se puede leer «Tomen y beban todos ustedes de este vino en conmemoración mía».
En ese instante, un rayo de luz llena el cuarto y una voz de mujer dice «Juan, Juan, despierta, despierta, son las seis de la mañana, vas a perder el avión, tienes que ir a San Pablo para vender los vinos».
Juan, confundido, se levanta rápidamente de la cama, ve la luz del sol que entra por la ventana, voltea a mirar su mesa de noche, que es de madera gruesa, y sonríe, al ver el cuaderno de tapa negra junto a una copa de vino vacía.
Grita: ¡Magdalena, no viajaré! ¡Baruj hashem!
Juan había descubierto en la visión de su sueño el camino que tenía que recorrer para potenciar la venta del vino de San Juan.
Palabras que quedaron plasmadas en su memoria: marcas propias, agregado de valor, alianzas estratégicas y zonas de tratamiento especial o zonas francas.














