“El Dios de la Casa de Gobierno”

Nov 21, 2025 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

Comedia oficial en un solo acto, escrita con tinta de poder y silencio provincial.

Personajes

  • ORREGO, gobernador en ejercicio, fervoroso creyente… de sí mismo.
  • MARTÍN, vicegobernador obediente, maestro del asentimiento silencioso.
  • EL PUEBLO, presencia simbólica, siempre al fondo, siempre fuera de libreto.
  • NARRADOR, que mira desde la sombra con ironía, café en mano.
  • JAIME, diputado emergente por iluminación repentina.
  • ASESORES, coro griego versión minimalista: obedientes, aplicados, coreografiados.

ACTO I — El Milagro del No Viaje

El escenario es una oficina amplia de la Casa de Gobierno, iluminada como si esperara una epifanía.

Un sillón-trono ocupa el centro. En el fondo, una silla humilde, casi bochornosa, rotulada: “VOLUNTAD DEL PUEBLO”.

Nadie le presta atención; pareciera estar ahí por error administrativo.

NARRADOR:

En el santuario del poder —ese territorio donde el eco repite órdenes como si fueran verdades reveladas—, el gobernador se alista para pronunciar su nuevo texto sagrado.

No habrá truenos ni relámpagos. Bastará con su voz.

Entra ORREGO, cargando un dossier como quien carga una revelación.

ORREGO (alzando la voz, solemne):

¡Que se haga mi voluntad!

¡Fabián no irá al Congreso! ¡San Juan lo necesita aquí!

(Se mira las manos con fascinación infantil)

Qué curioso… cada vez me parezco más a mis decisiones.

Entra MARTÍN, ceremonioso, casi litúrgico.

MARTÍN:

¿Me llamó, gobernador?

ORREGO:

No fui yo.

Fue… el destino.

(Señala el techo, que no responde)

Tu misión, querido Fabián, es quedarte.

El Congreso te va a extrañar, pero la Legislatura me adora.

NARRADOR:

Mientras tanto, la silla del fondo, esa pobre criatura llamada “voluntad del pueblo”, carraspea con dignidad.

Ni siquiera los asesores —que anotan por deporte, no por necesidad— se dignan a mirarla.

ACTO II — La Reunión Divina

Las luces bajan. Una mesa larga, una cabecera simbólica.

ORREGO la ocupa sin consultarlo con nadie. Ni con la mesa.

ORREGO:

El país es un incendio.

La provincia, un hilo tenso.

Las reformas esperan, inquietas.

Y tú, Fabián… tú eres mi escudo legislativo.

¿Comprendés?

MARTÍN (con la docilidad de quien ya entendió todo antes de escucharlo):

Por supuesto, señor.

Me quedo.

ASESORES (coro griego de cotillón):

¡Sabia decisión, excelentísimo Gobernador!

¡La historia lo celebrará!

¡San Juan lo agradece!

(Se miran de reojo)

¿O no?

NARRADOR:

Y así, sin encuestas, sin diálogos, sin siquiera un gesto hacia el fondo, la voluntad del pueblo vuelve a limpiarse el polvo de encima con la misma indiferencia que los poderosos le reservan desde siempre.

ACTO III — El Pueblo Habla… pero nadie lo oye

La luz cae sobre la silla olvidada.

Se levanta EL PUEBLO, vestido con ropa simple, ojos cansados y paciencia ancestral.

EL PUEBLO:

Buenas…

¿Esto se decidió conmigo o sin mí?

Pregunto por curiosidad nomás.

ORREGO (en un alarde de sorpresa teatral):

¡Ah, estabas ahí!

Pero no te preocupes: ya interpretamos tu voluntad.

Sabemos exactamente lo que querés.

EL PUEBLO:

Mirá vos.

No recordaba haber dicho nada.

ORREGO:

No hacía falta.

Cuando uno es gobernador…

(Se acomoda su aureola imaginaria)

…escucha cosas que los demás no.

NARRADOR:

Un gobernante que se cree dios.

Un vicegobernador que dice amén.

Un pueblo en la butaca más barata.

La escena es tan argentina que duele y hace reír al mismo tiempo.

ACTO IV — La Ascensión de Jaime

Los asesores entran agitados, como monaguillos torpes con una novedad celestial.

ASESOR:

¡Gobernador!

Como Fabián se queda, Palma no puede asumir por cupo, y Rizo no quiere moverse…

¡Jaime, el suplente del suplente del suplente, ocupará la banca!

ORREGO:

Magnífico.

La voluntad del nuevo diputado…

(Levanta el dedo como quien bendice)

…acaba de alinearse con la mía.

Entra JAIME, con humildad ensayada.

JAIME:

Estoy listo para representar a la provincia.

NARRADOR:

La política es así: a veces no asciende el mejor, sino el más disponible.

Pero si lo dice el gobernador-dios, uno lo aplaude por costumbre.

ACTO V — El Final Absolutamente Previsible

Todos miran al público con solemnidad impostada.

Menos la “VOLUNTAD DEL PUEBLO”, que vuelve a sentarse, resignada y con una dignidad silenciosa.

NARRADOR:

Y así concluye esta obra.

Sin tragedia, sin épica, sin gloria.

Solo una certeza nítida como el sol sanjuanino:

NARRADOR (al público, firme):

Esta vez no fue la voluntad del pueblo.

Fue la voluntad de un gobernador que se cree dios.

EL PUEBLO (desde el fondo):

…y que encima quiere que lo aplaudan.

NARRADOR:

Pero el aplauso es suyo, querido público.

Ustedes pagan la entrada.

Ellos apenas improvisan la obra.

El telón naranja baja lentamente.

Oscuro.

Silencio.

Crónica desde el pasillo donde se apoya el telón

Cuando el telón cayó —cansado, vencido, conocedor de todas las versiones de esta farsa eterna—, los actores del poder se dispersaron por los pasillos de la Casa de Gobierno como sombras que retoman su forma natural cuando el público deja de mirar.

El gobernador caminaba con esa serenidad de quien cree que lo inevitable le pertenece. Había logrado, una vez más, mover las piezas sin que chirriara la maquinaria del relato. Martín, obediente en su traje de funcionario disciplinado, ajustaba el nudo de la corbata como quien ajusta una verdad a medias que debe repetir mañana en alguna radio o diario con pauta.

Los asesores guardaban carpetas, sonreían hacia ningún lado y practicaban, en silencio, el talento más útil del poder: la reverencia automática. No eran coro griego; eran reflejos, ecos, burocracia hecha carne.

Y en un rincón, como siempre, la voluntad del pueblo recogía su silla desvencijada. Nadie la consultó, nadie la escuchó, nadie la necesitó. Pero ahí estaba: testigo involuntario, maduro en decepción, acostumbrado a ser decorado y no protagonista. Su presencia era una metáfora tan honesta que casi dolía.

Afuera, la plaza seca recibía cuerpos cansados, pasos apurados, conversaciones sin metáforas. Los empleados públicos cambiaban de turno, los comerciantes apagaban luces, los periodistas esperaban que alguien dijera algo que valiera un titular. El sol se escondía detrás del cerro como si también quisiera abandonar escena.

Porque en San Juan —y en tantas provincias con vocación de teatro oficial— las grandes decisiones no ocurren en las urnas ni en los discursos: ocurren en oficinas con alfombra, con café recalentado, con silencios que pesan más que las palabras.

El gobernador, satisfecho, se miró en un vidrio oscuro que hacía de espejo improvisado. Y por un segundo, fue capaz de creerse su personaje: el hombre imprescindible, el que escucha al destino, el que interpreta la voluntad del pueblo sin necesidad de pedir permiso.

Pero los espejos son crueles: reflejan, no justifican.

La Casa de Gobierno cerró sus puertas.

El eco de las órdenes se apagó.

La ciudad recuperó su ritmo.

Y el pueblo —ese personaje que la obra relegó al fondo— se fue caminando a su casa.

Podrá no decidir la trama, pero siempre sostiene el escenario.

Y así queda escrita esta crónica final:

En San Juan, otra vez, no triunfó el pueblo.

Triunfó la voluntad de un gobernador que juega a ser dios, mientras la provincia espera, paciente, a que algún día la obra cambie de guion.

“La voz del pueblo no es la voz de dios”

Artículos relacionados

La fiesta la pagamos nosotros

La fiesta la pagamos nosotros

Primero fueron los abogados, después los maestros y en el calendario siempre queda ArgOliva. Cuando faltan resultados para exhibir, sobran fiestas para fotografiar. El problema empieza cuando detrás del brindis aparece el dinero público y, delante de las preguntas,...

Sarmiento regresó y encontró a una maestra

Sarmiento regresó y encontró a una maestra

Dicen que algunas madrugadas de septiembre Sarmiento vuelve a San Juan. Nadie lo ha visto llegar, pero debe hacerlo temprano, cuando todavía las escuelas están cerradas y el viento mueve la jarilla como si estuviera barriendo el desierto. Camina despacio, con aquella...

Ministra, Sarmiento debe estar furioso

Ministra, Sarmiento debe estar furioso

Después de los resultados de PISA, de las explicaciones de la ministra y de admitir que Matemática sigue siendo una deuda, San Juan encontró una curiosa manera de homenajear al hombre que convirtió la educación en una obsesión nacional; suspender las clases. Hay...

Ministra, active el Modo Matemática

Ministra, active el Modo Matemática

Singapur volvió a demostrar en PISA que la educación no mejora acumulando programas, computadoras y anuncios, sino construyendo aprendizaje. En San Juan tenemos Comprendo y Aprendo, Modo Matemática, Transformar la Secundaria, computadoras y funcionarios explicando...

Malvinas, cuando la patria quedó en manos equivocadas

Malvinas, cuando la patria quedó en manos equivocadas

Hay causas demasiado grandes para los gobiernos que pretenden administrarlas. Malvinas es una de ellas. Existía antes de Galtieri, sobrevivió a Galtieri y seguirá existiendo cuando los nombres de quienes gobiernan hoy sean apenas una nota al pie de alguna página de...

Ni comprendo ni aprendo: La educación argentina según PISA

Ni comprendo ni aprendo: La educación argentina según PISA

Hay algo cruel en las pruebas PISA. Cada cierto tiempo llegan unos señores con preguntas, sientan a nuestros chicos frente a un examen y después nos cuentan aquello que llevamos años intentando no mirar. Entonces aparecen ministros, especialistas, funcionarios y...

EL TEOREMA DEL MONO INFINITO

EL TEOREMA DEL MONO INFINITO

Si un mono golpeara durante un tiempo infinito las teclas de una máquina de escribir, alguna vez terminaría escribiendo a Shakespeare. En San Juan hemos decidido comprobar una variante más ambiciosa; si un gobierno produce suficientes anuncios, actos, fiestas,...

Messi y la final que entendimos demasiado tarde

Messi y la final que entendimos demasiado tarde

Tal vez las finales no siempre sean el último partido. Tal vez algunas ocurran antes, cuando nadie sabe todavía que está asistiendo a una despedida. La de Lionel Messi pudo haberse jugado contra España, como indican el calendario, las estadísticas y esa obstinada...

Malvinas, después de las palabras de Javier Milei

Malvinas, después de las palabras de Javier Milei

Ayer, en esta misma columna, me preguntaba qué podía esconderse detrás de una ley. Milei habló y algunas respuestas aparecieron. Pero dejaron preguntas mayores. No mencionó soberanía compartida ni administración conjunta. Habló de petróleo, sanciones, seguridad...

Malvinas, lo que puede esconderse detrás de una ley

Malvinas, lo que puede esconderse detrás de una ley

Mañana Javier Milei hablará sobre Malvinas y se anuncia una ley contra las empresas vinculadas a la explotación ilegal de sus recursos. Pero quizá convenga escuchar algo más que las palabras presidenciales. La historia demuestra que las negociaciones sobre las islas...