Matías Espejo reclama una silla para Jáchal en la mesa donde se deciden los fideicomisos mineros. El pedido es razonable. El problema comienza cuando uno observa cómo funcionan la participación, el control y la transparencia en su propio municipio.
Hay palabras que en política envejecen mal. Transparencia es una. Participación es otra. Se pronuncian con facilidad frente a un micrófono porque todavía conservan cierto perfume democrático, aunque demasiadas veces terminan convertidas en decoración del discurso. Algo parecido acaba de ocurrir en Jáchal.
El intendente Matías Espejo reclamó mayor participación municipal en la toma de decisiones sobre los fideicomisos mineros. Sostuvo que quienes representan a las comunidades donde se extraen los minerales deberían integrar la mesa en la que se decide el destino de esos recursos. Hasta allí, nada que objetar. Es más, tiene razón. Jáchal debe participar en las decisiones que comprometen su territorio, sus recursos y su futuro.
El problema apareció cuando Espejo definió al municipio como “el primer escritorio de la democracia”.
Hermosa frase. Lástima que obliga a abrir los cajones.
Porque si el municipio es el primer escritorio de la democracia, encima deberían estar los expedientes, contratos, facturas, rendiciones, convenios y respuestas a los pedidos de informes. La democracia posee esa desagradable costumbre de exigir documentos después de los discursos. Y en Jáchal existen demasiadas preguntas dando vueltas alrededor de ese escritorio.
La Fiesta Nacional de la Tradición 2025 terminó envuelta en una controversia por el servicio de seguridad. Concejales opositores denunciaron presuntas irregularidades y reclamaron documentación vinculada con contratos, facturas y pagos. El municipio negó haber contratado una empresa privada y Espejo dispuso un sumario administrativo. Perfecto. Que se investigue. No corresponde convertir una denuncia en condena, pero tampoco un sumario en certificado de transparencia. Para eso están los papeles. La transparencia no consiste en pedirle al ciudadano que confíe. Consiste en mostrarle tanto que confiar resulte innecesario.
Después está la ex Fábrica de Explosivos. Allí la palabra participación adquiere dimensiones casi humorísticas. El municipio celebró un comodato gratuito con Thor Tecnología Minera S.A. sobre un predio de aproximadamente 288 hectáreas durante cincuenta años, con posibilidad de una extensión semejante. La decisión terminó judicializada y fue cuestionada por la ausencia de un procedimiento público y competitivo.
Cincuenta años. Medio siglo. Hay matrimonios que duran menos, gobiernos que desaparecen, empresas que nacen y mueren y generaciones completas que pasan en cincuenta años. Sin embargo, para comprometer durante semejante período un inmueble público, la participación no parece haber despertado el mismo entusiasmo que ahora provoca la mesa de los fideicomisos mineros.
Curiosa democracia la nuestra. Cuando decide la Provincia queremos una silla; cuando decide el municipio parece alcanzar con el escritorio.
Y aparece otro antecedente incómodo. La Ordenanza Agua Segura generó reclamos para que se realizaran los análisis previstos sobre la calidad del agua. Instituciones locales reclamaron su cumplimiento y hubo pedidos de información desde el Concejo Deliberante. En Jáchal, un departamento cuya historia reciente está inevitablemente atravesada por la minería y la preocupación ambiental, hablar del agua no debería ser un trámite administrativo. Debería ser una obsesión institucional.
Por eso resulta inevitable cierta ironía cuando el intendente descubre ahora las extraordinarias virtudes de la participación.
Bienvenido, doctor Espejo.
Los concejales también quieren participar. Los vecinos también. Los proveedores también. Las empresas que pretenden competir por bienes o contratos públicos también. Los periodistas que preguntan también. Quienes quieren conocer expedientes, contrataciones, gastos y rendiciones también.
Resulta que todos quieren participar.
La diferencia es que ellos no están pidiendo una silla en una mesa donde se distribuyen fondos mineros. Están pidiendo algo bastante menos glamoroso; información.
Porque participar no significa solamente sentarse donde se reparten millones. Participar también es permitir que un concejal opositor pregunte, que un periodista investigue, que un vecino conozca, que una empresa compita, que un expediente pueda consultarse, que una factura pueda revisarse y que una contratación pueda explicarse sin convertir cada pedido de información en una expedición arqueológica.
Hay una vieja deformación del poder argentino que consiste en reclamar hacia arriba aquello que muchas veces se administra con cuentagotas hacia abajo. Los intendentes reclaman federalismo a los gobernadores; los gobernadores reclaman federalismo al presidente; el presidente reclama autonomía frente al mundo. Todos quieren que el poder superior los escuche. El entusiasmo suele disminuir cuando quien pregunta es un ciudadano.
Es el federalismo de la ventanilla; quiero participar de tus decisiones, pero no necesariamente quiero que participes de las mías.
Espejo puede y debe reclamar ante Marcelo Orrego que Jáchal tenga participación efectiva en las decisiones sobre los recursos provenientes de la minería. Sería intelectualmente deshonesto sostener lo contrario. Pero esa pretensión tendría una autoridad política mucho mayor si pudiera demostrar que practica dentro de su administración exactamente aquello que exige fuera de ella.
Porque la democracia no funciona por jurisdicciones morales. La transparencia que reclamamos al otro también debe aplicarse sobre nosotros. La participación que exigimos arriba debe permitirse abajo. Y el control que reclamamos sobre millones provenientes de la minería empieza por aceptar el control sobre cada peso administrado desde el municipio.
Así que sí, intendente; participación.
Toda la que quiera.
Pida una silla en la mesa de los fideicomisos. Reclame, golpee puertas, exija explicaciones y defienda cada peso que legítimamente corresponda a Jáchal. Para eso fue elegido.
Pero recuerde que del otro lado del escritorio hay ciudadanos reclamando exactamente lo mismo.
Usted dijo que el municipio es “el primer escritorio de la democracia”.
Tiene razón.
Ahora abra los cajones.














