Siempre es diferente… hasta que se parece demasiado

May 1, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

Promesas, expedientes y herencias

Se prometió cambiar veinte años de peronismo, pero la gestión eligió administrar la herencia sin auditarla. La crisis se invoca, el cambio se anuncia y la diferencia sigue sin demostrarse.

La ilusión de la ruptura

El cambio no es una consigna. Es una prueba. Marcelo Orrego llegó con esa promesa cargada de sentido. No era solo ganar una elección. Era desarmar una lógica que llevaba dos décadas instalada. La expectativa no era menor. Se esperaba una gestión que no solo corrigiera, sino que expusiera.

Cuando un modelo se critica con tanta contundencia, el paso siguiente no es gobernar mejor. Es demostrar por qué lo anterior debía ser reemplazado. Y eso se hace con hechos, no con énfasis.

La crisis como punto de partida

La palabra crisis ocupó el centro del discurso. Una provincia desordenada, cuentas opacas y decisiones sin respaldo claro. El diagnóstico era severo y, en política, un diagnóstico así exige una consecuencia inmediata.

Auditar, revisar, investigar.

Sin embargo, el recorrido fue otro. La crisis quedó en el plano narrativo. Se la menciona, se la utiliza y se la invoca cuando conviene. No se la traduce en expedientes ni se la lleva al terreno donde las afirmaciones deben sostenerse.

Ahí aparece la primera fisura.

El expediente ausente

Si todo estaba tan mal, deberían existir causas. Si no hay causas, el relato pierde consistencia.

No es una pregunta menor. Es el núcleo de la coherencia política.

Un gobierno que asume denunciando desorden no puede limitarse a administrarlo. Tiene que documentarlo, formalizarlo y convertir la crítica en evidencia.

Pero ese movimiento no ocurrió. No hay investigaciones de alto impacto ni auditorías que hayan derivado en responsabilidades concretas. Tampoco se observa una voluntad clara de llevar el pasado al terreno judicial.

Entonces la crisis empieza a parecer otra cosa. Un argumento.

La gestión sin ruptura

Mientras tanto, la estructura siguió funcionando. Equipos reciclados, dinámicas conocidas y decisiones que evitaron el conflicto real. El cambio profundo no llegó porque el costo político de implementarlo tampoco se asumió.

Se habló de eficiencia, de modernización y de orden. Sin embargo, los resultados no aparecen con la contundencia que ese discurso exige. Los eventos se anuncian, los números no siempre se detallan y la administración parece más orientada a sostener una imagen que a exhibir una transformación.

Cambiar el tono no es cambiar el sistema.

La épica como sustituto

Cuando la gestión no logra mostrar diferencias estructurales, aparece la narrativa. La épica ocupa el lugar del dato. El anuncio reemplaza al balance.

San Juan empieza a moverse en ese terreno. Grandes gestos, discursos de posicionamiento e intentos de instalar una identidad distinta. Pero detrás, las preguntas siguen intactas.

¿Dónde están los números, dónde está el detalle, dónde está la ruptura prometida?

El cambio no se percibe en lo que se dice, sino en lo que se puede verificar.

El costo de no investigar

Investigar implica abrir cajas e incomodar intereses. A veces a la oposición, a veces a sectores que siguen operando dentro del propio Estado. Ese es el conflicto que nunca llegó.

El silencio tiene un precio. Debilita el discurso inicial, vuelve inconsistente la crítica al pasado e instala una sospecha incómoda.

Que el cambio no quiso ser tan profundo como se prometió.

La continuidad que se niega

En ausencia de investigación, lo que queda es la percepción de continuidad. No necesariamente en las personas, pero sí en las lógicas. El manejo de la información, la opacidad en ciertos procesos y la dificultad para transparentar números con precisión.

El gobierno que venía a romper con veinte años de peronismo empieza, lentamente, a parecerse en lo que más había cuestionado.

No por ideología. Por funcionamiento.

La transparencia diferida

Había un terreno donde la diferencia debía ser inmediata. La información pública. Mostrar sin pedir permiso, detallar sin resistencia y rendir cuentas como política de Estado.

Sin embargo, la información sigue siendo fragmentaria. Los balances no aparecen con la claridad necesaria y la rendición, si llega, lo hace más como respuesta que como iniciativa.

La transparencia no es un discurso. Es un método. Y ese método todavía no se consolida.

El límite del relato

Todo gobierno tiene un punto de inflexión. No llega con una crisis, sino con una repetición. Cuando las explicaciones empiezan a sonar conocidas, cuando las promesas se parecen a las anteriores y la diferencia se vuelve difusa.

San Juan empieza a rozar ese límite.

No porque todo haya fallado, sino porque lo esencial, la ruptura prometida, no termina de aparecer.

Fin de campaña

Siempre es diferente… hasta que se parece demasiado.

Si la crisis era real, debía investigarse. Si no se investiga, la duda deja de ser sobre el pasado.

Ahora la pregunta cae de madura. ¿Fue tan malo el gobierno anterior? Y si lo fue y aun así nadie lo investigó, entonces no estamos frente a un cambio, sino ante un encubrimiento prolijo, administrado con buenos modales y sostenido por un silencio que ya no puede leerse como prudencia, sino como una decisión política.

Mañana quizá otro vuelva, nuevamente; pero cuando este se vaya, que devuelva.

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