Una encuesta mínima, repetida sin matices, colmó —de manera sospechosamente uniforme— la mayoría de los diarios digitales, convertida en verdad provincial antes de ser interrogada.
Hay un momento preciso en el que la técnica deja de servir al conocimiento y empieza a servir al poder. No ocurre cuando se miente, sino cuando se presenta como total lo que es estrictamente parcial. La encuesta que anuncia que “Orrego quedó primero en imagen de gobernadores, y Laciar octava entre intendentes” pertenece exactamente a esa categoría: la de los dispositivos técnicos utilizados como certificación política.
No por lo que mide.
Sino por cómo y para qué se difunde.
La sincronía mediática con la que los resultados de CB GLOBAL DATA fueron ampliamente replicados —mismo titular, mismo énfasis, misma celebración— merece al menos una observación metodológica básica: cuando el consenso aparece antes que el análisis, no estamos ante información sino ante coreografía.
Ficha técnica: lo que dice y lo que calla
Desde el punto de vista formal, la encuesta cumple. Tiene muestra, tiene error declarado, tiene método. Todo en orden. Como un expediente prolijo.
Ahora bien: la corrección formal no equivale a capacidad explicativa.
El relevamiento se apoya en:
- entre 970 y 1.207 casos por provincia
- entre 552 y 675 casos por municipio
Aplicado a una provincia de más de 800.000 habitantes, el ejercicio resulta técnicamente válido, sí, pero socialmente microscópico. Estamos hablando de una medición que representa menos del 0,15% del universo total, presentada sin embargo como “la opinión de los sanjuaninos”.
Desde el punto de vista estadístico, nadie puede objetarlo.
Desde el punto de vista del sentido común, es directamente temerario.
Advertencia metodológica (que no salió en el título)
Conviene dejarlo escrito, porque parece necesario repetirlo:
UNA MUESTRA PUEDE SER ESTADÍSTICAMENTE CORRECTA Y POLÍTICAMENTE IRRELEVANTE.
PUEDE SER VÁLIDA EN LOS NÚMEROS E INSOSTENIBLE EN LA REALIDAD SOCIAL.
Pero claro, esa aclaración no suele entrar en los comunicados oficiales ni en los copetes optimistas. Arruina la fiesta.
El método CAWI y la provincia imaginaria
El estudio se realizó mediante encuestas online. Método CAWI. Herramienta moderna, eficiente, económica. También selectiva.
Mide:
- población urbana
- usuarios digitales
- personas con tiempo, conectividad y hábito de respuesta
No mide:
- zonas rurales
- adultos mayores desconectados
- trabajadores informales
- sectores periféricos
- ciudadanos que no viven dentro del ecosistema de la encuesta
Dicho de otro modo: no mide a la provincia, mide a la provincia administrativamente visible. A la que aparece en las presentaciones, no a la que hace fila en los hospitales o viaja dos horas para hacer un trámite.
Pero en la narrativa oficial eso no es un problema: es una ventaja. La provincia real es incómoda. La provincia digital es gobernable.
El error periodístico convertido en virtud oficial
El texto periodístico habla sin rubor de “la imagen que tienen los sanjuaninos”. Técnicamente incorrecto. Conceptualmente audaz. Políticamente útil.
Lo correcto sería decir:
“La percepción de un segmento urbano y digital de la población”.
Pero eso no sirve para el aplauso. No legitima. No decora discursos. No permite fotos sonrientes ni celebraciones en cadena.
Así, la palabra parcial desaparece. Y con ella, desaparece la complejidad social. El dato se vuelve consigna.
Federalismo de PowerPoint
El ranking nacional completa el cuadro. Provincias radicalmente distintas son comparadas como si fueran homogéneas. La diversidad territorial se aplana en una tabla prolija, donde todo parece medible con la misma regla.
Eso no es federalismo. Es centralismo estadístico con estética moderna.
Pero funciona. Porque los rankings no están hechos para comprender, sino para ordenar jerarquías. Y toda jerarquía necesita ganadores visibles.
Cuando la estadística se vuelve gestión
El dato no miente, pero gestiona. Gestiona percepción. Gestiona clima. Gestiona relato.
Una encuesta así:
- no reemplaza elecciones
- no mide profundidad social
- no captura tensiones reales
- no explica conflictos estructurales
Pero sirve para algo mucho más inmediato: certificar que todo va bien. Y si no va bien, al menos parece irlo.
Conclusión técnica (con sonrisa irónica)
No hay fraude.
No hay falsificación.
Hay algo más sofisticado: reducción de la realidad hasta volverla presentable.
La encuesta no está mal hecha.
Está bien usada para lo que el poder necesita.
Observación contable
Y queda la pregunta final. La menos técnica. La más concreta.
¿Quién pagó esta encuesta?
¿El gobierno provincial?
¿El municipal?
¿Alguna dependencia con nombre neutro?
Tal vez no importe. Porque, como siempre, la factura termina llegando al mismo lugar: a nosotros. En impuestos, en pauta, en recursos públicos o en el costo invisible de aceptar como verdad lo que apenas fue un recorte conveniente.
Al final, el problema no es cuánto mide la encuesta.
El problema es cuánto mide el silencio que la rodea.
Y ese, curiosamente, nunca aparece en ningún ranking.














