Hambruna cultural: cuando el mal llamado marketing se come al vino

Ene 13, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

Hay noticias que informan y hay noticias que delatan.

La ola del “vino con Sprite”, nacida de una frase casual de Messi, no pertenece al mundo de la gastronomía: pertenece al mundo del síntoma. Es la señal de una época en la que la viralidad ha reemplazado al sentido, y en la que una provincia vitivinícola puede celebrar su propia dilución simbólica sin siquiera advertirlo.

No se trata de lo que Messi toma.

Se trata de lo que hacemos nosotros con eso.

Cuando una cultura del vino actúa como kiosco

Una región vitivinícola no es un bar de moda.

No es una cuenta de TikTok.

No es una franquicia de bebidas.

Es una construcción histórica hecha de suelo, clima, trabajo, herencia, conocimiento y paciencia. Cada botella encierra tiempo. Años. Décadas. Generaciones.

Convertir ese patrimonio en un insumo para mezclar con gaseosa no es una anécdota simpática: es una degradación de significado. No porque esté prohibido hacerlo, sino porque cuando una cultura deja de defender lo que produce, termina tratándolo como descartable.

La viralidad como forma de pobreza

Se habla de “marketing”.

Pero lo que estalla no es el marketing: estalla el vacío.

El marketing verdadero no es hacer ruido: es construir valor económico sostenido.

Marketing es:

  • posicionamiento
  • precio
  • segmentación
  • marca
  • diferenciación
  • reputación
  • rentabilidad futura.

Viralidad es otra cosa: es tráfico sin conversión, ruido sin mercado.

Y aquí conviene observar cómo se comportan las culturas que sí saben lo que tienen entre manos:

Francia no mezcla Bordeaux con Sprite cuando Mbappé toma vino.

Italia no convierte el Chianti en gaseosa cuando un influencer lo bebe.

España no diluye Rioja para ganar likes.

¿Por qué?

Porque saben algo que aquí parece haberse olvidado: el vino no es una bebida: es un relato embotellado.

Cuando una bodega se suma a una moda viral que degrada su propio producto, no está haciendo marketing: está erosionando su posicionamiento.

La Bodega Familia Mas Russó: el síntoma de una orfandad estratégica

Familia Mas Russó no es el enemigo de esta historia.

Es su síntoma.

Es una bodega que, en ausencia de una política vitivinícola provincial sólida, hace lo único que el entorno le permite: correr detrás de la visibilidad.

Cuando una empresa regional siente que solo existe si logra un pico de likes, es porque el sistema que debería sostenerla —institucional, promocional y estratégico— no existe.

La bodega improvisa porque la provincia no planifica.

Por qué esto no es un beneficio económico

Desde el punto de vista técnico-comercial, esta estrategia es dañina por cinco razones claras:

1. Baja el precio percibido

Si un vino sirve para mezclar con gaseosa, deja de ser premium y pasa a ser insumo barato. El mercado paga origen, no dilución.

2. Destruye la marca

El relato del terroir, la historia y la identidad se convierten en un chiste.

3. No crea demanda real

La viralidad produce curiosos de una noche, no consumidores recurrentes ni importadores.

4. Aleja a los mercados serios

Ningún distribuidor internacional busca vinos “divertidos”. Busca vinos con carácter, origen y precio.

5. Compite contra sí mismo

Cuando una bodega sugiere que su vino necesita Sprite para funcionar, está diciendo que solo no alcanza.

Eso es suicidio comercial.

El verdadero responsable: el silencio del Estado

Aquí aparece la verdadera falla estructural.

San Juan no tiene:

  • una marca vino provincia
  • una estrategia internacional
  • una narrativa exportadora
  • una política de posicionamiento
  • una campaña profesional

No existe un “Wines of San Juan”.

No hay presencia sistemática en ferias.

No hay relato de origen.

No hay estrategia de precio ni segmentación.

Cuando el Estado no construye una marca paraguas, cada bodega queda sola frente al mercado.

Y cuando una empresa queda sola, improvisa.

Familia Mas Russó mezclando vino con Sprite no es una locura empresarial: es una derrota institucional.

Messi como excusa cultural

Messi funciona aquí como coartada.

No como causa.

Si Messi lo toma, entonces vale.

Si Messi lo dice, entonces se imita.

Si Messi lo viraliza, entonces se festeja.

Eso no es admiración: es orfandad estratégica.

Una provincia que necesita que un futbolista legitime su producto más emblemático es una provincia que ha renunciado a su política económica.

La verdadera hambruna

No falta vino.

No falta tierra.

No faltan bodegas.

No falta talento.

Lo que falta es Estado, estrategia y dignidad productiva.

Y cuando eso falta, las empresas terminan mezclando su historia con gaseosa y llamando a eso “marketing”.

Eso no es modernidad.

Eso es pobreza estructural servida con gaseosa y hielo.

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