La precarización tiene dueño: una respuesta al PJ

Dic 1, 2025 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

Cuando el Partido Justicialista difundió su carta titulada “Sí al trabajo, no a la precarización”, lo primero que pensé fue en ese viejo arte nacional de señalar incendios ajenos mientras todavía humean las propias cenizas bajo la alfombra. La política argentina escribe comunicados como quien redacta prólogos a medida: siempre indignados, siempre moralistas, siempre libres de culpa. La realidad, sin embargo, escribe distinto.

La carta peronista llega con la solemnidad de un inspector sorprendido por un incendio repentino. Pero ese incendio lleva décadas encendido. Los datos históricos, esos que no piden permiso ni filiación partidaria, muestran otra cosa: la precarización laboral en Argentina no nació ayer. Ni con un decreto actual. Ni con un gobierno puntual. Tiene un linaje mucho más profundo y, sobre todo, mucho más peronista de lo que su nueva narrativa admite.

Una memoria que no suele entrar en los comunicados

Cada vez que el peronismo denuncia el ajuste de otros, hay una parte del relato que queda discretamente en penumbras. Por ejemplo:

1975: El Rodrigazo

El salario real cayó 40 % en un año. La inflación subió 777 %. El derrumbe no fue importado desde Washington: fue producido en casa mediante decisiones de un gobierno peronista.

Los sindicatos millonarios

Mientras los trabajadores se ajustaban el cinturón, sus representantes ajustaban los bienes declarados. El obrero era tropa electoral; la dirigencia gremial, aristocracia económica.

Menemismo

Privatizaciones, despidos, flexibilización laboral. El desempleo tocó el 18 %. Fue un peronismo distinto, sí, pero peronismo, al fin y al cabo.

Y sin embargo, cuando hoy se habla de precarización, pareciera que la historia recién empieza.

El kirchnerismo: la épica con doble discurso

El kirchnerismo llevó el relato del “modelo productivo” a niveles casi artísticos. Pero mientras defendía la justicia social desde los atriles, la inflación trituraba el salario real año tras año. Mientras denunciaba al FMI, negociaba con el FMI. Mientras prometía crecimiento, las PyMES cerraban. Mientras hablaba de ética, estallaban casos de corrupción que pusieron precio, literal, al credo de la “década ganada”.

Hoy, desde esa misma tradición política, la precarización parece un fenómeno de laboratorio recién descubierto. Pero la precarización, en rigor, lleva décadas caminando con credencial partidaria.

El presente como espejo incómodo

No se trata de absolver al gobierno actual. Milei es un presidente con aciertos discutibles, ideas extremas y errores propios. Pero la honestidad intelectual exige reconocer que el abismo no empezó el 10 de diciembre de 2023.

El peronismo gobernó 28 de los últimos 40 años.

Administró la economía, moldeó el mercado laboral, consolidó el clientelismo, diseñó políticas inflacionarias y transformó al Estado en su propio ecosistema. La precarización que hoy denuncia es, en gran medida, la precarización que ayudó a construir.

La carta del PJ afirma: “No seremos el laboratorio de precarización del FMI”.

La historia responde: “Ya lo fueron. Y varias veces”.

El trabajador como escenografía

Lo más triste —y lo más argentino— es la distancia entre el discurso y la realidad. El trabajador ocupa un lugar central en los comunicados, pero rara vez ocupó un lugar central en las decisiones. Se lo invoca, se lo cita, se lo levanta como bandera; pero a la hora de definir políticas, se lo relega al rol de figurante.

La precarización no es solo un fenómeno económico: es también la repetida utilización del trabajador como escenografía partidaria.

El cierre que nadie quiere firmar

La precarización no nació con Milei.

No nació con Macri.

No nació con el FMI.

La precarización tiene dueño.

Tiene fecha.

Tiene autoría.

Y si tuviera un domicilio, no sería en Washington: sería en Matheu 130, sede del Partido Justicialista.

Allí se escribieron muchos de los capítulos de este derrumbe que hoy se pretende denunciar como si fuera novedad.

En Argentina, el peronismo se declara enemigo del caos cada vez que el caos lo deja afuera del poder. Y mientras tanto, el trabajador sigue allí: contando monedas, cambiando gobiernos y esperando —quizá con una mezcla de fe y resignación— que esta vez no lo usen de telón de fondo.

Porque, al final, los salvadores cambian de eslogan.

Pero los problemas, como siempre, conservan el mismo dueño.

Artículos relacionados

Castro, la inteligencia que incomoda al ruido

Castro, la inteligencia que incomoda al ruido

Cuando la política se disfraza de denuncia, el problema no es quién acusa. Es quién logra probar. Y ahí, el juego cambia. Estrategia en lugar de reflejo En política, no todos juegan el mismo partido. Algunos corren detrás del conflicto. Otros lo entienden antes de que...

El expediente que desnuda el negocio de las computadoras

El expediente que desnuda el negocio de las computadoras

Transparencia, gasto y reflejos Mientras el gobierno de Marcelo Orrego prepara otra compra de notebooks junto a la ministra Silvia Fuentes, apareció algo incómodo. Un pedido formal de información, con copia a la Defensoría del Pueblo. No habla de promesas. Pregunta...

El negocio de las notebook

El negocio de las notebook

Gestión, tecnología y silencio El gobierno de Marcelo Orrego avanza con una nueva etapa de entrega de notebooks junto a la ministra Silvia Fuentes, pero todavía no explica qué pasó con la compra anterior. Esta vez hay algo distinto. Hay un expediente en Hacienda. Sin...

Cuando nombrar a Sarmiento roza la blasfemia pública

Cuando nombrar a Sarmiento roza la blasfemia pública

Transparencia, memoria y conveniencia La credibilidad no se declama. Se prueba. Y cuando faltan pruebas, sobran los gestos. Manual básico de administración simbólica La gestión real deja rastros. La otra deja actos. Una se puede auditar. La otra se puede aplaudir. El...

San Juan: ver todo… sin mostrar nada

San Juan: ver todo… sin mostrar nada

Domingo de calma, números ausentes No hay escándalo. No hay ruptura. Hay algo más eficaz, una política que no muestra, una ciudadanía que espera… y un sistema que ya aprendió a convivir con ambos. Bienvenidos: pase, mire… pero no pregunte Los domingos en San Juan...

La ligereza del clic y el peso del delito

La ligereza del clic y el peso del delito

Cuando compartir una imagen parece un juego, pero ya es un delito: la nueva frontera de la responsabilidad juvenil… y el aula como primer escenario. Hay actos que no hacen ruido. No rompen vidrios. No dejan marcas visibles. Pero arrasan. Una imagen reenviada. Un video...

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Cuando un problema técnico se deja crecer, deja de ser administrativo y se convierte en político. Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es quién tiene razón… sino por qué nadie resolvió a tiempo. Hay decisiones que no se anuncian: se delatan en sus consecuencias. El...

Sin acuerdo no hay paso: ¿quién tiene la razón?

Sin acuerdo no hay paso: ¿quién tiene la razón?

Territorio, ley y lo que no se negoció Lo que pudo resolverse con una buena negociación hoy escala a conflicto. San Juan defiende el recurso, La Rioja controla el paso… y en el medio, la gestión ausente convierte el desarrollo en disputa. Hay problemas que se ven...

San Juan tiene la mina… pero no el control

San Juan tiene la mina… pero no el control

Minería, frontera y omisión San Juan tiene el recurso, la ley y la razón. Pero olvidó algo más importante: el territorio no se administra desde un mapa. Y cuando eso ocurre, el desarrollo deja de ser promesa… y empieza a ser conflicto. El problema no empezó en La...