El esperado debate de candidatos al Foro de Abogados se transformó en una postal inesperada: mientras José Salinas relató su biografía y Marcelo Álvarez repitió consignas recicladas, Federico Morfil fue el único que elevó la vara, marcó agenda y se diferenció con claridad de quienes se limitaron a cumplir con el libreto.
Un contraste tan evidente que dejó a todos hablando de lo mismo: quién debatió… y quién sólo ocupó la silla.
“Morfil no ganó el debate: lo dejó sin participantes.”
Un debate tibio… hasta que Morfil decidió calentarlo
Lo que se vendió como un cruce histórico terminó siendo una sobremesa sin café: prolija, insípida y con candidatos más preocupados por no equivocarse que por defender a quienes los votarán.
El oficialista José Salinas hizo un repaso sentimental de su vida, como si el Foro fuera un confesionario.
El peronista light Marcelo Álvarez desempolvó viejos eslóganes sobre la “militancia de la abogacía”, sin una idea nueva ni por casualidad.
Y cuando el sopor era general, apareció Federico Morfil, el único que se negó a jugar al juego del “no decir nada”.
No levantó la voz. Levantó el nivel.
La pregunta que ningún otro quiso formular
Mientras los demás navegaban entre frases bonitas y lugares comunes, Morfil hizo la única pregunta incómoda de la noche, la que desnuda silencios, demoras y decisiones tibias:
“¿Por qué el Foro no rechazó inmediatamente la eliminación de la Feria Judicial?
¿Por qué se esperó una Asamblea ante un atropello tan claro?”
Fue la única intervención que obligó a los otros dos a parpadear.
En un debate lleno de prolijidad y miedo a molestar, Morfil fue el único que ejerció el rol que un presidente del Foro debería tener: controlar, cuestionar, defender.
El minuto final que expuso todas las diferencias
Cuando llegó el cierre, la distancia entre los tres ya era irreparable.
Salinas
Se refugió nuevamente en su historia personal —la cocina donde estudió, el sacrificio, el amor por San Juan— y coronó su discurso con un poema de Almafuerte.
Emotivo, sí.
Útil para un acto escolar, no para conducir el Foro.
Álvarez
Volvió a hablar de “unidad”, de “militancia”, de “pelear por los derechos”.
Otra vez lo mismo, sin diagnósticos ni herramientas.
Un discurso que no desentona… porque nunca cambia.
Morfil
No vendió épica.
No recitó versos.
No pidió compasión.
Dijo lo que nadie más se atrevió a decir:
“No queremos la injerencia de partidos políticos en la institución.
Nuestro compromiso es con los colegas, no con estructuras ni aparatos.”
Fue un mensaje claro, limpio, institucional.
Una frase que sonó a ruptura con todo lo que hace años adormece al Foro.
Morfil: el único que entendió que el Foro está en un punto de quiebre
Lo que quedó en evidencia es simple: para algunos candidatos, el Foro es un escenario; para otros, una bandera partidaria; para Morfil, es una institución que necesita recuperar su autonomía.
Salinas buscó emoción.
Álvarez buscó aplausos.
Morfil buscó soluciones.
No hubo forma de disimularlo: fue el único que habló como un futuro presidente del Foro, no como un dirigente aferrado a un libreto.
El dato de color que dijo más que mil discursos
En la charla posterior, un operador deslizó lo que en Tribunales se sabe desde siempre:
“Las mesas 6, 7 y 8 son las que votan con memoria.”
Son las mesas de quienes vieron pasar todo: buenas gestiones, malas decisiones, y partidos queriendo meter la mano donde no deben.
Y esta vez, la lectura fue unánime: hubo un solo candidato que estuvo a la altura del Foro que quieren recuperar.
Un debate sin sorpresas… y un candidato que sí sorprendió
Cuando la sala se vació y el eco de los discursos se apagó, quedó lo evidente:
En un debate donde dos candidatos hablaron de sí mismos, uno habló del Foro.
En una contienda donde algunos buscan votos a través de aparatos y estructuras, uno se presentó como independiente de verdad.
En una institución donde muchos prometen cambios, uno los explicó con claridad y sin sobreactuaciones.
Ese uno —el único— es Federico Morfil, lista número 3.
El resto fue ruido.














