Conferencia sobre la lluvia (o cómo se moja la universidad pública)

Nov 7, 2025 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

La universidad pública convertida en escenario político donde la palabra abunda, pero la transparencia se escurre.

Inspirado en Conferencia sobre la lluvia, de Juan Villoro, este texto retrata el adoctrinamiento, el nepotismo y la falta de rendición de cuentas que hoy marcan la educación superior argentina: un legado del kirchnerismo que confundió formación con militancia.

El discurso que no moja

En la obra de Villoro, un bibliotecario pierde sus notas y debe improvisar.

Su palabra se derrama sin rumbo, intentando disimular el vacío.

Así funcionan hoy muchas universidades públicas argentinas: conferencias perpetuas sobre la excelencia académica mientras los techos gotean, los balances se esconden y el mérito se evapora.

La universidad, que alguna vez fue faro de pensamiento, hoy parece una casa encantada por discursos.

Las paredes repiten lemas de inclusión y justicia social mientras las goteras caen como letanías viejas.

Los rectores, con sueldos de ministros y vocación de oráculo, pronuncian palabras que suenan a promesa, pero pesan como el polvo sobre los libros que nadie abre.

Los decanos heredan despachos como coronas y las obras —eternas, húmedas, infladas— se multiplican sin rendición ni final.

El escenario perfecto para la impostura: un país que habla de educación con la solemnidad de quien bendice una ruina.

El legado del adoctrinamiento

Durante los años de hegemonía kirchnerista, las universidades fueron colonizadas con fervor misionero.

Las cátedras se transformaron en trincheras partidarias, y la militancia desplazó al pensamiento.

Se fundaron observatorios ideológicos, se disfrazó la propaganda de ciencia y se canonizó la obediencia bajo el nombre de “compromiso social”.

El alumno dejó de ser sujeto crítico para convertirse en devoto del relato.

Las consignas reemplazaron a las ideas, la repetición se confundió con pensamiento, y la palabra “mérito” fue arrojada al infierno de los reaccionarios.

Así nació la generación del estribillo: la que milita en clase y calla en la calle.

Autonomía sin transparencia

La autonomía universitaria, que en su origen fue un canto a la libertad, se transformó en refugio del secretismo.

Las universidades públicas se financian con el dinero de todos, pero rinden cuentas a nadie.

Los balances se postergan, las auditorías se diluyen, las licitaciones se reparten como herencias entre hermanos ideológicos.

Los proyectos se eternizan, las obras se amplían, los costos se inflan.

La rendición se volvió mito y la opacidad, costumbre.

El país aplaude la educación gratuita, sin notar que la gratuidad también se paga: con silencio, con burocracia, con un aire de resignación que huele a moho institucional.

En los pasillos, el tiempo se detuvo.

Los papeles amarillos de las licitaciones parecen rezar por redención, pero el archivo duerme, inmortal y húmedo, bajo la bendición del olvido.

El club del acomodo

Hijos de profesores que heredan cátedras, parejas que comparten oficina, firma y presupuesto; militantes convertidos en investigadores de la nada.

En las universidades públicas, la vocación ya no abre puertas: las abre la cercanía con el decano.

Los concursos se publican tarde, se corrigen a medida y se ganan antes de rendirlos.

El nepotismo se justifica como “continuidad institucional”.

Y mientras tanto, los verdaderos maestros —los que aún creen en la enseñanza— sobreviven a fuerza de mate, tiza y fe.

En sus cuadernos hay más verdad que en los balances del rectorado.

Los que aún se mojan

A pesar de todo, no todo está perdido.

Todavía hay docentes que enseñan como quien reza: con devoción, con cansancio, con esperanza.

Corrigen a mano, leen a Borges en aulas frías, y enseñan a pensar como un acto de rebeldía.

Sus clases son pequeñas tormentas de dignidad.

Ellos sostienen la universidad verdadera: la que no necesita pancartas ni banderas, porque su única militancia es la del conocimiento.

Cuando llueve, no se cubren: dejan que el agua les caiga encima, convencidos de que la lluvia —como la verdad— purifica.

Bajo la tormenta

En la escena final de Villoro, el conferencista habla solo, rodeado por la lluvia.

No sabe si alguien lo escucha.

Así está la universidad argentina: ensimismada, repitiendo consignas bajo un aguacero de presupuesto que nunca rinde cuentas.

Y sin embargo, hay algo que debe decirse con voz firme, aunque nadie quiera oírlo: no hay educación verdadera sin rendición de cuentas.

No hay justicia social si los fondos se evaporan en nombres propios.

No hay universidad digna si se enseña ética con los balances cerrados.

Basta de la lluvia como excusa.

Basta del verso académico que todo lo justifica.

El conocimiento no se defiende con consignas, sino con transparencia.

Y si la universidad quiere volver a ser faro, deberá primero limpiar su propia lámpara.

Porque el país no necesita más conferencias sobre la lluvia.

Necesita, de una vez, que alguien se atreva a abrir las ventanas y dejar entrar el trueno.

“La universidad pública argentina sigue hablando bajo la lluvia, pero hace años que sus balances permanecen secos. Y el silencio, cada día, suena más a complicidad.”

Artículos relacionados

Castro, la inteligencia que incomoda al ruido

Castro, la inteligencia que incomoda al ruido

Cuando la política se disfraza de denuncia, el problema no es quién acusa. Es quién logra probar. Y ahí, el juego cambia. Estrategia en lugar de reflejo En política, no todos juegan el mismo partido. Algunos corren detrás del conflicto. Otros lo entienden antes de que...

El expediente que desnuda el negocio de las computadoras

El expediente que desnuda el negocio de las computadoras

Transparencia, gasto y reflejos Mientras el gobierno de Marcelo Orrego prepara otra compra de notebooks junto a la ministra Silvia Fuentes, apareció algo incómodo. Un pedido formal de información, con copia a la Defensoría del Pueblo. No habla de promesas. Pregunta...

El negocio de las notebook

El negocio de las notebook

Gestión, tecnología y silencio El gobierno de Marcelo Orrego avanza con una nueva etapa de entrega de notebooks junto a la ministra Silvia Fuentes, pero todavía no explica qué pasó con la compra anterior. Esta vez hay algo distinto. Hay un expediente en Hacienda. Sin...

Cuando nombrar a Sarmiento roza la blasfemia pública

Cuando nombrar a Sarmiento roza la blasfemia pública

Transparencia, memoria y conveniencia La credibilidad no se declama. Se prueba. Y cuando faltan pruebas, sobran los gestos. Manual básico de administración simbólica La gestión real deja rastros. La otra deja actos. Una se puede auditar. La otra se puede aplaudir. El...

San Juan: ver todo… sin mostrar nada

San Juan: ver todo… sin mostrar nada

Domingo de calma, números ausentes No hay escándalo. No hay ruptura. Hay algo más eficaz, una política que no muestra, una ciudadanía que espera… y un sistema que ya aprendió a convivir con ambos. Bienvenidos: pase, mire… pero no pregunte Los domingos en San Juan...

La ligereza del clic y el peso del delito

La ligereza del clic y el peso del delito

Cuando compartir una imagen parece un juego, pero ya es un delito: la nueva frontera de la responsabilidad juvenil… y el aula como primer escenario. Hay actos que no hacen ruido. No rompen vidrios. No dejan marcas visibles. Pero arrasan. Una imagen reenviada. Un video...

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Orrego en modo Superman: épica alta, gestión cerrada

Cuando un problema técnico se deja crecer, deja de ser administrativo y se convierte en político. Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no es quién tiene razón… sino por qué nadie resolvió a tiempo. Hay decisiones que no se anuncian: se delatan en sus consecuencias. El...

Sin acuerdo no hay paso: ¿quién tiene la razón?

Sin acuerdo no hay paso: ¿quién tiene la razón?

Territorio, ley y lo que no se negoció Lo que pudo resolverse con una buena negociación hoy escala a conflicto. San Juan defiende el recurso, La Rioja controla el paso… y en el medio, la gestión ausente convierte el desarrollo en disputa. Hay problemas que se ven...

San Juan tiene la mina… pero no el control

San Juan tiene la mina… pero no el control

Minería, frontera y omisión San Juan tiene el recurso, la ley y la razón. Pero olvidó algo más importante: el territorio no se administra desde un mapa. Y cuando eso ocurre, el desarrollo deja de ser promesa… y empieza a ser conflicto. El problema no empezó en La...