Si algo nos ha enseñado la modernidad es que la educación financiera es clave. Desde las páginas de Padre Rico, Padre Pobre, los incautos aprendieron que el secreto de la riqueza no está en trabajar más, sino en hacer que el dinero trabaje por uno. Sin embargo, los empresarios que invirtieron en “Libra” descubrieron una variante inesperada de esta teoría: a veces, el dinero no trabaja para ti, sino que desaparece con una eficiencia envidiable.
Javier Milei, el economista de las mil metáforas, un genio sin paragón en asuntos financieros, parecía decidido a demostrar con hechos que la educación financiera no es para tibios, sino para visionarios que saben que, a veces, la mejor inversión es en humo. Su mensaje en X promocionando “Libra” fue un acto de pedagogía libertaria: el mercado se autorregula, el dinero fluye hacia quienes lo merecen y la libertad económica permite que cada individuo coseche los frutos de su inversión. El problema es que, en este caso, los únicos que cosecharon algo fueron los creadores de la criptomoneda, que se llevaron 100 millones de dólares, mientras los inversores cosechaban…experiencia.
En el clásico de Kiyosaki, el Padre Rico enseñaba a su hijo que los pobres se quedan atrapados en la carrera de la rata porque trabajan por dinero en lugar de hacer que el dinero trabaje para ellos. Milei, con su didáctica libertaria, llevó esta enseñanza un paso más allá: no solo demostró que el dinero puede trabajar para otros sin que te des cuenta, sino que, con suficiente fe en el libre mercado, hasta puedes financiar voluntariamente la fortuna de desconocidos.
El Padre Pobre, en cambio, habría advertido sobre la importancia de investigar antes de invertir, pero en un mundo donde el presidente de un país promociona una criptomoneda, ¿quién necesita más pruebas? Si el líder máximo ultralibertario dice que “Libra” servirá para fondear emprendimientos, sería casi una falta de respeto dudar de ello. Y, sin embargo, al final del día, los únicos “emprendedores” que lograron financiamiento fueron los creadores de la plataforma.
Ahora bien, a diferencia de los lectores de Padre Rico, Padre Pobre, que al menos terminan con la vaga sensación de que podrían ser millonarios si compraran suficientes bienes raíces, los inversores de “Libra” solo tienen dos opciones: asumir que el mercado les ha dado una valiosa lección (costosa, pero valiosa) o esperar que el gobierno los indemnice, lo cual, viniendo de Milei, sería más improbable que un nuevo libro de Kiyosaki titulado: «Cómo perder dinero en tres simples pasos».
En conclusión, la polémica en cuanto a “Libra” nos deja con un mensaje claro: en la Argentina de Milei, los ricos siguen siendo más ricos, los pobres siguen siendo más pobres y el presidente sigue asegurando que todo es culpa de la casta… aunque esta vez, la casta sean sus propios seguidores.














