La huelga sitiada: los derechos vulnerados

Mar 10, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

En San Juan una ley exige que el 75 % del servicio educativo funcione incluso durante un paro docente. El conflicto ya no es sólo salarial. Es jurídico. Es constitucional. Y, sobre todo, es una discusión sobre hasta dónde puede llegar el poder sin vulnerar la columna vertebral del derecho: la Constitución.

La huelga: ese derecho que nació en las incomodidades de la historia

Las huelgas nunca nacieron en los despachos. Nacieron en las incomodidades de la historia.

En las fábricas donde el humo de las chimeneas era más espeso que la justicia. En las minas donde el silencio del Estado pesaba más que el polvo del carbón. En las aulas donde los docentes descubrieron que enseñar también podía convertirse en una forma silenciosa de resistencia.

Por eso la huelga nunca fue un capricho sindical. Fue —y sigue siendo— una herramienta de equilibrio.

La Constitución argentina, en su artículo 14 bis, lo entendió con claridad cuando decidió garantizarlo sin rodeos:

“Queda garantizado a los gremios el derecho de huelga”.

No dice que el gobierno lo concede.

No dice que lo administra.

Dice que lo garantiza.

La diferencia, en derecho constitucional, no es menor.

Garantizar significa reconocer que ese derecho está por encima de las coyunturas políticas.

El problema de las leyes demasiado prudentes

Las leyes suelen presentarse como instrumentos de orden.

Organizan.

Regulan.

Establecen límites.

Pero a veces ocurre algo curioso en la política: una ley que pretende ordenar termina vulnerando aquello que debía proteger.

Eso ocurre cuando el Estado decide que durante una huelga docente debe garantizarse el 75 % del servicio educativo.

El argumento oficial parece razonable. Proteger el derecho de los estudiantes a la educación. El problema aparece cuando uno se detiene en la aritmética del conflicto. Si tres de cada cuatro docentes deben seguir trabajando, la huelga deja de ser huelga para convertirse en una protesta administrativa.

Una huelga sin capacidad de interrupción es como un timón sin barco.

Existe. Pero no conduce a ningún lado.

La columna vertebral del derecho

En el derecho existe una regla simple que los estudiantes de primer año aprenden antes de memorizar cualquier código.

La Constitución tiene supremacía jurídica. Es la columna vertebral del ordenamiento jurídico. De ella nacen los derechos, las libertades y la organización del Estado.

Eso significa que ninguna ley, decreto o acto administrativo puede contradecirla.

Cuando una norma inferior entra en conflicto con la Constitución, el principio jurídico es claro: esa norma es inválida.

No porque lo diga un periodista, un docente o un sindicalista. Sino porque el propio sistema jurídico establece que la Constitución es la norma suprema.

Por eso cuando una ley comienza a restringir derechos constitucionales el debate deja de ser político. Se vuelve constitucional.

El derecho internacional que observa desde lejos

El derecho laboral no se construyó solamente dentro de las fronteras nacionales. También existe una tradición internacional que ha intentado proteger la libertad sindical.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha sostenido durante décadas que el derecho de huelga sólo puede limitarse de manera estricta en servicios esenciales.

Aquellos cuya interrupción pone en riesgo inmediato: la vida, la salud o la seguridad de la población.

Sector hospitalario y sanitario. Control del tráfico aéreo. Policía y fuerzas armadas.

La educación —aunque fundamental para cualquier sociedad— históricamente no ha sido incluida en esa categoría extrema. Porque suspender clases genera problemas sociales. Pero no pone en peligro la vida de una comunidad.

El origen real del conflicto

Debajo de las leyes, los decretos y los discursos siempre aparece el verdadero motivo del conflicto.

El salario.

El derecho laboral no sólo reconoce el derecho a trabajar. Reconoce también el derecho a una remuneración digna. Cuando ese equilibrio se rompe, la huelga aparece como el último mecanismo de negociación.

Es incómoda. Interrumpe la rutina social. Pero precisamente por eso existe.

Porque la negociación sin presión rara vez produce cambios.

Cuando el derecho golpea la puerta de los tribunales

En las democracias existe una escena clásica que se repite cada vez que el poder político avanza sobre derechos fundamentales.

La Constitución termina golpeando la puerta de los tribunales. Y lo hace a través de una herramienta jurídica específica: la acción de amparo.

El artículo 43 de la Constitución Nacional permite que cualquier ciudadano o sindicato acuda a la justicia cuando una norma del Estado lesiona o amenaza derechos constitucionales.

En este caso el planteo sería sencillo en su formulación, aunque profundo en sus consecuencias: si exigir el 75 % del servicio durante una huelga vuelve impracticable el derecho de paro, entonces la norma podría ser considerada una restricción desproporcionada del derecho constitucional de huelga.

El amparo permitiría pedir: la suspensión de la norma una medida cautelar y eventualmente la declaración de inconstitucionalidad de la disposición.

Cuando eso ocurre, el conflicto deja de resolverse en el terreno de la política. Empieza a resolverse en el territorio más silencioso del derecho.

El silencio de las aulas

San Juan es una tierra acostumbrada a escuchar silencios.

El silencio de las montañas.

El silencio del desierto.

El silencio de los viñedos cuando cae la tarde. Pero hay un silencio que siempre resulta más inquietante que todos los demás.

El silencio de los derechos cuando empiezan a debilitarse. Porque la huelga no es sólo una herramienta sindical. Es una señal de que todavía existe un equilibrio entre el poder y quienes trabajan.

Cuando ese equilibrio desaparece, las aulas pueden seguir abiertas. Los timbres pueden seguir sonando. Los pupitres pueden seguir ocupados. Pero algo mucho más profundo comienza a faltar en la educación de una sociedad: la certeza de que los derechos siguen siendo derechos.

Mientras tanto, Orrego de gira, la ministra y la secretaria mirando al piso, sin decir nada…

Mañana los docentes sabremos por quién votar.

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