Cuando la política sólo discute cargos, el futuro queda fuera de la mesa.
La política pocitana parece condenada a repetirse.
Cada vez que se acerca una elección aparecen los mismos movimientos, las mismas especulaciones, las mismas alianzas posibles y los mismos nombres. Se habla de candidaturas, de internas, de recorridas por los barrios y de encuestas. Pero casi nunca se habla de lo verdaderamente importante: el futuro de Pocito.
Ese es el problema.
No se discute el departamento. Se discute el poder.
No se debate un modelo de desarrollo. Se debate quién administrará el municipio.
No se confrontan ideas. Se confrontan intereses.
Hoy el escenario político ya empieza a delinearse. Fabián Aballay aparece dispuesto a buscar la continuidad del peronismo después de décadas de predominio justicialista en el departamento. Desde el oficialismo provincial, Laura Palma comenzó a fortalecer su presencia territorial junto a Rodrigo Galván. El bloquismo mantiene activo a Mario Gaitán, mientras que «Roly» Aballay también busca posicionarse. La Libertad Avanza empieza a recorrer el departamento con Matías Sirera y, seguramente, surgirán nuevos nombres a medida que avance el calendario electoral.
Todos representan alternativas legítimas dentro del sistema democrático.
Sin embargo, existe un denominador común que atraviesa a casi todos los espacios políticos: la discusión sigue girando alrededor de las personas y no alrededor de una estrategia para transformar Pocito.
Eso explica buena parte del estancamiento.
Durante años, el departamento fue pensado más como un territorio electoral que como un territorio estratégico. Se administró el presente, pero pocas veces se diseñó el futuro. La producción continuó dependiendo de los mismos sectores tradicionales, mientras el mundo avanzaba hacia nuevas formas de generar riqueza, atraer inversiones, incorporar tecnología y agregar valor.
La continuidad, por sí sola, no constituye un proyecto.
Puede significar experiencia. Pero también puede significar costumbre.
Y el cambio, por sí solo, tampoco garantiza absolutamente nada.
Porque cambiar de dirigentes sin cambiar la forma de pensar equivale únicamente a cambiar las fotografías del despacho.
Pocito necesita un cambio.
Pero un cambio con argumentos.
Un cambio capaz de explicar qué hará con el comercio, con la producción, con la logística, con la educación técnica, con el empleo privado, con la innovación, con el agregado de valor y con la integración del departamento a los nuevos corredores comerciales que ya están modificando la economía regional.
Un cambio sin estrategia termina siendo otra improvisación.
Y la improvisación ha sido, probablemente, uno de los mayores déficits de la política local.
La lógica sigue siendo la misma de siempre: primero se negocian los espacios, después se buscan los candidatos y recién al final aparecen los discursos sobre el desarrollo. Debería ocurrir exactamente lo contrario. Primero tendría que discutirse un modelo de departamento. Después conformar equipos. Finalmente elegir quién está mejor preparado para ejecutarlo.
Porque cuando el interés reemplaza al argumento, la política pierde profundidad.
No alcanza con caminar los barrios.
También hay que recorrer mercados.
No alcanza con inaugurar plazas.
También hay que generar empleo privado.
No alcanza con administrar el municipio.
Hay que construir un departamento competitivo.
Pocito posee condiciones extraordinarias. Tiene ubicación estratégica, producción agrícola, tradición vitivinícola, cercanía con la capital, capacidad comercial y una cultura del trabajo reconocida. Sin embargo, buena parte de ese potencial continúa esperando una visión que lo articule en un verdadero proyecto de desarrollo.
Quizá ese sea el gran debate ausente de esta campaña.
No quién administra el municipio durante cuatro años.
Sino quién es capaz de pensar el Pocito de los próximos treinta años.
En ese escenario comienza a aparecer otra mirada. La de Víctor Maldonado, empresario y dirigente que ha insistido en poner sobre la mesa un debate distinto. Mientras gran parte de la política continúa concentrada en las candidaturas, Maldonado viene hablando de agregado de valor, desarrollo comercial, logística, articulación público-privada, tecnología, empleo y planificación de largo plazo.
No se trata de convertir un nombre en una certeza.
Se trata de reconocer que, frente a una política acostumbrada a discutir cargos, emerge una visión que intenta discutir un proyecto.
Y esa diferencia no es menor.
Porque los departamentos no cambian únicamente cuando cambia el intendente.
Cambian cuando cambia la manera de pensar su futuro.
Pocito necesita un cambio.
Pero no un cambio de nombres.
Necesita un cambio de paradigma.
Porque la continuidad sin estrategia administra el presente.
Y el futuro sólo pertenece a quienes se atreven a construirlo antes de llegar al poder.














