La provincia acompaña decisiones que no le cuestan, pero evita aquellas que la obligarían a explicar lo que hace con lo que tiene.
La coherencia que no aparece
Si el Gobierno provincial —con Marcelo Orrego y su gabinete— adopta como principio “acompañar” medidas nacionales, entonces la regla debería ser uniforme. No lo es. Porque mientras se respalda sin matices la eliminación del aporte a la Corporación Vitivinícola Argentina, se evita adherir a estándares efectivos de transparencia como los de la Ley 27.275 de Acceso a la Información Pública.
Ahí la palabra acompañar deja de ser política y pasa a ser táctica.
La incapacidad convertida en método
El problema ya no parece ser solamente político. Empieza a ser técnico. Porque cuando un gabinete carece de cuadros con capacidad profesional para interpretar la complejidad productiva de San Juan, termina refugiándose en lo más sencillo: acompañar decisiones ajenas y administrar impacto visual.
No hay lectura estratégica del territorio.
No hay construcción de un modelo económico propio.
No hay equipos capaces de transformar información en política pública sostenible.
Y cuando esa limitación aparece, surge el reemplazo perfecto: fiestas, ferias, alquileres sobrevaluados, eventos pomposos que producen fotografías rápidas pero resultados difíciles de medir.
La gestión se vuelve escenografía.
La planificación, discurso.
Y la administración pública termina funcionando como una oficina de comunicación financiada con recursos estatales.
El costo que no quieren pagar
Adherir a un régimen de acceso a la información no es una consigna, es una obligación operativa. Significa publicar balances, detallar contratos, justificar decisiones.
Significa pasar de la narrativa al dato.
Y ahí es donde el sistema se vuelve incómodo.
El mito del sector que decide
Delegar en “los privados” el futuro de estructuras como COVIAR puede sonar moderno, pero en economías desiguales es simplemente abandonar la coordinación. El Estado no desaparece, se retira de donde incomoda y permanece donde conviene.
Y en esa retirada selectiva, los más chicos pierden capacidad y los más grandes consolidan poder.
Eso también es política. Solo que sin discurso.
La provincia que comenta en lugar de gobernar
San Juan no discute la medida nacional. No la adapta. No la traduce a su propia estructura productiva. La comenta. La acompaña. La legitima.
Pero no construye.
Y cuando una provincia productiva deja de construir política pública propia, lo que queda no es libertad. Es dependencia.
El silencio que explica todo
Desdramatizar, como se dijo, es evitar el conflicto. Pero también es evitar la explicación.
Porque si se explicara, habría que responder preguntas concretas: ¿qué política vitivinícola reemplaza la coordinación perdida?, ¿qué estrategia exportadora se diseña desde la provincia?, ¿qué retorno real tienen los eventos que se promocionan?
Y sobre todo, ¿por qué no se transparenta esa información?
El fondo que no cambia
El problema no es la decisión sobre COVIAR. El problema es el patrón.
Acompañar lo que no exige.
Evitar lo que obliga.
Mostrar lo que luce.
Ocultar lo que pesa.
Ahí no hay modelo productivo. Hay administración del relato.
Hay una evidente dificultad para convertir ideas en proyectos productivos sostenibles, capaces de generar rentabilidad, competitividad y desarrollo real. Y cuando falta liderazgo técnico, la política deja de conducir para empezar simplemente a seguir el ritmo de decisiones ajenas.
El cierre que incomoda
Ahora se entiende por qué los ministerios no rinden cuentas ni muestran balances.
Porque cuando no hay gestión que exhibir, la opacidad deja de ser un defecto y se convierte en un método.
Entonces la pregunta ya no es técnica. Es política.
¿Cuánto más hay que esperar, señor Marcelo Orrego, para saber en qué se invierten nuestros impuestos?














