Un año de Entre Líneas: leer ya es resistencia

May 1, 2026 | Prosa & Verso

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

Hay aniversarios que se celebran con cifras. Y hay otros —más incómodos, más honestos— que se celebran con memoria.

Este primer año de Entre Líneas no se mide en métricas ni en balances prolijos. Se mide en algo menos visible y, por eso mismo, más decisivo: el tiempo que alguien, del otro lado, decidió detener para leer. En una época donde todo empuja a la velocidad y al olvido inmediato, elegir quedarse en un texto es casi un acto de resistencia.

Porque leer hoy no es un gesto inocente. Es una toma de posición. Es negarse, aunque sea por unos minutos, a la lógica del consumo rápido que todo lo vuelve liviano, intercambiable, olvidable. Y si este diario logró existir durante un año, no fue por la insistencia de quien escribe, sino por la persistencia de quienes leen.

A ustedes, precisamente, va dirigido este agradecimiento.

A los que llegan por curiosidad y se quedan por incomodidad.

A los que no siempre coinciden, pero vuelven.

A los que leen en silencio, sin comentar, pero sostienen.

A los que encuentran en cada texto no una respuesta, sino una pregunta mejor formulada.

Porque si algo intentó —y seguirá intentando— Entre Líneas, no es dictar conclusiones sino abrir grietas. Dejar que la realidad respire un poco más allá del titular, del apuro, de la consigna. Trabajar la palabra como quien no busca adornar, sino comprender. Y a veces, también, desarmar.

Este primer año fue, en ese sentido, un aprendizaje continuo. No solo sobre los temas que atraviesan lo público, sino sobre el modo de narrarlos. Porque no alcanza con decir. Hay que saber cómo decir. Y ahí aparece esa elección que define a este espacio; escribir desde una frontera difusa entre la crónica, el ensayo y el análisis. No como un capricho estilístico, sino como una necesidad. La realidad, cuando es compleja, no admite formatos rígidos.

Por eso seguiremos escribiendo así. Con esa carga literaria que no busca embellecer, sino profundizar. Con esa mirada que mezcla observación, interpretación y relato. Con ese ritmo que a veces incomoda porque no concede la facilidad de lo inmediato.

No es el camino más sencillo. Tampoco el más cómodo. Pero es el único que permite sostener una identidad sin diluirse en el ruido.

Un año después, no hay promesas nuevas. Hay una convicción más firme.

Seguir escribiendo.

Seguir preguntando.

Seguir mirando donde otros prefieren no detenerse.

Y sobre todo, seguir confiando en que, del otro lado, alguien va a hacer algo cada vez más raro y más valioso: tomarse el tiempo de leer.

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