Más de 500 docentes se capacitan para explicar cómo administrar dinero en la vida cotidiana. Mientras tanto, la provincia ensaya una pedagogía distinta: gastar sin explicar.
Hay programas que educan. Y hay programas que distraen.
El lanzamiento de “Cuentas Claras” —esa noble iniciativa que promete acercar la educación financiera a las aulas sanjuaninas— llega con una estética impecable: docentes motivados, módulos actualizados, encuentros híbridos, y un discurso que suena tan razonable como necesario. Porque, claro, enseñar a administrar el dinero es fundamental. Sobre todo… cuando el Estado no lo hace.
Más de 500 docentes capacitados.
Más de 500 voluntades formando ciudadanos responsables.
Más de 500 pizarras donde alguien explicará cómo no gastar más de lo que se tiene.
Y sin embargo, afuera del aula —en ese otro salón sin tizas ni exámenes— la lección parece distinta.
La pedagogía del Excel… sin archivo adjunto
La propuesta es clara: formar docentes para que enseñen a los alumnos a tomar decisiones financieras responsables. Presupuestar. Priorizar. Ahorrar. Entender ingresos y egresos.
Una maravilla.
Lo curioso —lo casi poético— es que esta cruzada educativa ocurre en una provincia donde pedir un balance público puede convertirse en una travesía administrativa. Donde los números no faltan… pero los respaldos sí. Donde el Excel existe, pero el archivo adjunto se extravió en alguna oficina con aire acondicionado.
Aquí la ironía no es menor: se enseña a los chicos a rendir cuentas… en una estructura que todavía discute si rendirlas es opcional.
Orrego enseña, Silvia coordina, la realidad observa
El gobernador Marcelo Orrego celebra.
La ministra Silvia Fuentes acompaña.
Y en alguna oficina —probablemente con café tibio y discursos prolijos— el funcionario de turno repite la palabra “transparencia” como si fuera un mantra que, de tanto decirse, terminara por volverse verdad.
Pero la realidad —esa docente que nunca fue convocada al programa— mira en silencio.
Porque mientras los maestros aprenden a explicar qué es un presupuesto, la provincia aún no logra explicar algunos propios.
Mientras se habla de “decisiones del día a día”, hay decisiones estructurales que siguen sin traducirse en números verificables.
Y ahí aparece el problema: no es que falte educación financiera.
Es que sobra ficción contable.
La escuela como refugio… y como coartada
No hay que confundirse: la educación financiera es necesaria. Urgente, incluso.
Pero también puede ser funcional.
Funcional a una narrativa donde el problema nunca es sistémico, sino individual. Donde si no te alcanza, es porque no administraste bien. Donde el foco se desplaza —sutilmente— del Estado al ciudadano.
Aprender a ahorrar está bien.
Aprender por qué no alcanza… estaría mejor.
Porque en una provincia donde el salario docente corre detrás de la inflación como un alumno sin recreo, enseñar finanzas sin contexto puede convertirse en un ejercicio casi cruel: explicar cómo dividir lo que no alcanza.
Ministros, secretarios y la matemática creativa
Aquí conviene ampliar el aula.
Porque si “Cuentas Claras” es el programa, entonces el gabinete debería ser el primer grupo de alumnos. Gobernador, ministros, secretarios: todos sentados, cuaderno en mano, aprendiendo la lección más básica de la economía doméstica:
No se trata solo de gastar.
Se trata de explicar.
Porque la matemática del poder tiene una particularidad: siempre cierra… hasta que alguien pide ver cómo.
Y en ese momento —incómodo, breve, revelador— el número deja de ser discurso y se convierte en prueba. O en ausencia.
El problema no es enseñar… es no practicar
El programa seguirá. Habrá más módulos. Más capacitaciones. Más fotos.
Más docentes convencidos de que están construyendo algo necesario —y lo están—.
Pero el verdadero desafío no está en las aulas.
Está en la coherencia.
Porque no hay contenido pedagógico que resista una contradicción estructural. No hay clase de ahorro que compense una cultura de opacidad. No hay módulo que enseñe lo que el poder se niega a mostrar.
Primera clase
La cuenta que nadie quiere abrir
Tal vez el problema no sea “Cuentas Claras”.
Tal vez el problema sea que, en San Juan, las cuentas más importantes… siguen sin abrirse.
Y entonces ocurre lo inevitable: el alumno aprende una cosa, el ciudadano vive otra, y el Estado enseña lo que no practica.
Una educación financiera sin transparencia pública no es educación.
Es simulacro.
Y en ese simulacro —tan ordenado, tan prolijo, tan bien presentado— la provincia no forma ciudadanos: forma espectadores de una contabilidad que siempre promete claridad… pero nunca entrega el detalle.














