Ni querella ni demanda: la estrategia de no quedarse callado

Abr 8, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

No es silencio. Tampoco es acción. Es algo más preciso: decir lo suficiente para sostener el relato… pero no tanto como para quedar obligado a probarlo.

Hay una forma de poder que no se declara.

Se ejecuta.

No consiste en callar.

Consiste en hablar… sin avanzar.

Decir.

Insinuar.

Advertir.

Pero detenerse justo antes del punto donde la palabra se convierte en compromiso.

Y en ese límite —tan calculado como eficaz— aparece una estrategia que no busca resolver el conflicto.

Busca administrarlo.

El discurso como escudo

Se habla de agravios.

Se habla de campañas.

Se habla de falsedades.

El tono es alto.

La afirmación es contundente.

Pero la precisión… se retira.

Porque precisar obliga.

Y cuando la política se ve obligada a precisar, deja de narrar… y empieza a responder.

Eso es lo que se evita.

La querella que no conviene

La querella penal no es un trámite.

Es una exposición.

No permite zonas grises.

No admite matices discursivos.

Obliga a sostener cada palabra en un terreno donde la retórica no alcanza.

Y ahí aparece el problema.

Porque cuando el relato abandona la política y entra en la Justicia, pierde su mayor ventaja: el control.

La querella no administra percepciones.

Exige pruebas.

Y las pruebas no se acomodan.

Se presentan.

O no existen.

La demanda que incomoda

La vía civil parece más amable.

Menos brusca.

Menos definitiva.

Pero tampoco es inocente.

Porque una demanda abre puertas.

A documentos.

A decisiones.

A recorridos que, en el discurso, pueden diluirse… pero en el expediente se ordenan.

Y cuando se ordenan, se vuelven incómodos.

Porque dejan de ser interpretación.

Se convierten en evidencia.

El riesgo de llegar al final

El problema de accionar judicialmente no es empezar.

Es terminar.

Porque terminar implica un resultado.

Y el resultado puede no ser el esperado.

Puede no confirmar el relato.

Puede no sostener la indignación.

Puede, incluso, debilitarla.

Y en política, hay algo peor que perder una discusión: perder el control del sentido.

La decisión que se disfraza de prudencia

Entonces aparece la solución más eficiente.

Hablar.

Reaccionar.

Enviar señales.

Pero no avanzar lo suficiente como para quedar atrapado en el propio discurso.

Ni querella que obligue.

Ni demanda que exponga demasiado.

Solo el gesto justo.

La advertencia medida.

La acción que parece firme… pero no compromete.

Y en ese gesto, la prudencia deja de ser virtud.

Se convierte en cálculo.

El ruido que reemplaza a la respuesta

Cuando no hay explicación, hay ruido.

Cuando no hay prueba, hay tono.

Cuando no hay avance, hay anuncio.

Y ese ruido cumple una función precisa; ocupar el lugar de lo que falta.

Mientras el volumen sube, el contenido baja.

Mientras la escena se intensifica, el fondo se diluye.

Y así, lo que debería resolverse… se sostiene.

Lo que realmente está en juego

No es la vía legal.

No es la herramienta.

No es la forma.

Es la decisión.

Qué se elige hacer cuando se afirma algo grave.

Qué se está dispuesto a probar.

Qué costo se está dispuesto a asumir.

Porque en ese punto —exacto, incómodo, inevitable— se separa el discurso de la verdad.

La política del no hacer

No quedarse callado.

Pero no avanzar.

No responder.

Pero tampoco ignorar.

Moverse en ese borde donde nada se define… pero todo se sugiere.

Esa es la zona más cómoda del poder.

La más eficaz.

La más honesta en su contradicción.

Porque dice, sin decirlo, lo que el discurso nunca admitiría: que a veces el problema no es el ataque.

Es la prueba.

Y cuando la prueba puede incomodar más que el agravio… lo más conveniente no es defenderse.

Es no hacerlo del todo.

Y mientras tanto… sigamos comiendo jamón.

Artículos relacionados

Cuando el gobierno no comprende, no aprende…ni gobierna

Cuando el gobierno no comprende, no aprende…ni gobierna

—Cuento de brujas político— Cuando la negociación fracasa, el conflicto persiste y la única respuesta es el castigo, el problema deja de ser salarial. Se vuelve más profundo: una conducción que perdió lectura… y un equipo que ya no logra corregir el rumbo. Hay errores...

San Juan en otoño: la zamba que Orrego todavía no cantó

San Juan en otoño: la zamba que Orrego todavía no cantó

“Salgo a volar, San Juan, tu abril maduro, donde el reposo de la vendimia se ha propuesto un sueño póstumo para enterrar las penúltimas rosas…” (Fragmentos de la zamba cuyana San Juan en otoño atraviesan este texto). Gobernar en tiempo de vendimia Hay estaciones que...

Del imperio al aviso oficial: la misma tinta, distinto precio

Del imperio al aviso oficial: la misma tinta, distinto precio

No es el declive de un diario. Es la confesión de un sistema. Cuando el poder deja de disimularse, el periodismo deja de fingir. I. El sinceramiento de las instituciones Hay instituciones que no se derrumban. Se sinceran. Durante años, el Washington Post fue algo más...

Salarios a dedo: la negociación que dejó de existir

Salarios a dedo: la negociación que dejó de existir

Primera parte: horas antes de la huelga Cuando el salario ya no se discute sino que se anuncia, el problema no es la cifra: es el sistema. Entre la incapacidad gremial, la militancia que reemplaza a la docencia y una transparencia que apenas respira, la educación...

La minería financia… ¿pero a quién?

La minería financia… ¿pero a quién?

Ni el ministro puede explicarlo… ¿qué nos están ocultando? Cuando la minería “no compite” y todo “impulsa”, el problema deja de ser económico: pasa a ser narrativo. Porque hay gobiernos que administran recursos… y otros que administran expectativas. Hay declaraciones...

Marcelo Orrego: víctima en público, prudente en tribunales

Marcelo Orrego: víctima en público, prudente en tribunales

Donde la justicia no se busca para esclarecer… sino para administrar el conflicto Denuncia agravios con contundencia, pero elige el camino judicial menos riesgoso. Cuando la política se victimiza, la estrategia suele pesar más que la verdad. Hay decisiones que no...

San Juan no es Macondo: es peor porque Macondo aprendió

San Juan no es Macondo: es peor porque Macondo aprendió

Una lectura de Cien años de soledad aplicada a la clase política sanjuanina En Macondo la historia no avanza, se repite con elegancia trágica. Pero Macondo al menos tuvo el insomnio, los gitanos, la peste, el diluvio y finalmente el aprendizaje por aniquilación. San...

El Vía Crucis de Orrego: siete palabras para no decir nada

El Vía Crucis de Orrego: siete palabras para no decir nada

Donde la política no gobierna: oficia Semana Santa en San Juan. No hay incienso, pero hay cifras. No hay cruz visible, pero sí sacrificios administrados. Y un mensaje —solemne, ordenado, cuidadosamente incompleto— que se ofreció como verdad… y terminó pareciendo...

Malvinas: el frío que todavía arde

Malvinas: el frío que todavía arde

Crónica íntima de una guerra que no terminó en el mar ni en la rendición, porque hay heridas que no cicatrizan con un papel. Esto no es una crónica de batallas. Es la historia de pibes que llevaron al hombro el peso de un país que los miraba desde lejos, de un crucero...