En medio de la huelga docente, el acto inaugural en la Escuela Fray Luis Beltrán mostró una postal de armonía que contrasta con el malestar general. Cuando el liderazgo pierde respaldo gremial y no logra cerrar acuerdos, la calma deja de ser virtud y se convierte en síntoma.
La postal perfecta en medio de la tormenta
La escena fue prolija. Demasiado prolija.
En la Escuela Fray Luis Beltrán, la ministra Silvia Fuentes inauguró el ciclo lectivo con la serenidad de quien cree que el conflicto es un ruido externo y no el núcleo del problema. Mientras en otras instituciones la huelga docente marcaba el pulso real de las paritarias, allí no hubo pancartas ni reclamos visibles.
La pregunta no es si el conflicto existe. Existe. La pregunta es por qué, en el epicentro del acto oficial, parecía no existir.
Paritarias: cuando el número no alcanza
Las negociaciones salariales no fracasan por azar. Fracasan cuando la propuesta oficial no logra persuadir a la base. En educación, el salario no es un detalle presupuestario: es el termómetro de la dignidad profesional.
La ministra puede invocar restricciones fiscales o prudencia financiera. Puede respaldarse en la administración general del gobernador Marcelo Orrego. Pero la política educativa no se sostiene solo con argumentos contables. Se sostiene con legitimidad sectorial. Y hoy esa legitimidad está debilitada.
El silencio como contraste
No hay pruebas de beneficios individuales ni promesas particulares en la Fray Luis Beltrán. Sugerirlo sería irresponsable. Pero la política no se mueve solo por pruebas: también por percepciones.
Cuando una parte significativa del gremio manifiesta disconformidad y una escuela exhibe calma absoluta durante el acto ministerial, el contraste genera sospecha. No necesariamente por lo que ocurrió, sino por lo que no ocurrió.
La armonía, en este contexto, no tranquiliza. Interpela.
Incapacidad de conducción
El liderazgo no se mide en la corrección del protocolo ni en la nitidez del discurso. Se mide en la capacidad de cerrar conflictos antes de que se vuelvan estructurales.
La huelga no es únicamente una herramienta sindical; es un síntoma político. Indica que la mesa de negociación no logró producir confianza. Y cuando la conducción no logra sostener la confianza de su propio sector profesional, el problema deja de ser salarial para convertirse en incapacidad de conducción.
Se puede inaugurar un ciclo lectivo. Se puede cumplir un calendario. Pero si el gremio no respalda la gestión, la autoridad queda suspendida en el aire.
Un laberinto sin puente
La educación sanjuanina hoy camina sobre una contradicción evidente: se habla de transformación mientras el conflicto salarial permanece abierto. Se promete modernización mientras el malestar docente crece.
Gobernar desde un despacho es sencillo. Gobernar un sistema en tensión exige construir puentes. Y esos puentes se construyen con acuerdos sólidos, no con actos impecables.
La escena de la Fray Luis Beltrán puede haber sido institucionalmente correcta. Pero el conflicto sigue. Y mientras siga, cada inauguración será apenas una fotografía bien encuadrada dentro de un laberinto que la ministra todavía no logra atravesar.














