Manual breve de liderazgo imaginario: mientras los docentes marchan, la ministra inaugura la realidad alternativa

Mar 2, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

En la provincia que proclama la educación como prioridad estratégica, el conflicto salarial se traduce en silencio administrativo y el liderazgo se reemplaza por escenografía. Entre la marcha y el atril, San Juan ensaya una pedagogía involuntaria: la del desacople entre la palabra y la realidad.

En Rawson se izó la bandera con la solemnidad de los actos que pretenden ordenar el mundo por decreto. La ministra habló de “transformación”, de “calidad”, de “continuidad pedagógica”. Palabras largas, redondas, cuidadosamente pulidas. Afuera, los docentes marchaban por salario dignos. Dos escenas simultáneas. Una provincia partida en dos sintaxis: la del discurso y la de la necesidad.

La aritmética oficial fue impecable: 189 días de clases, calendario aprobado en diciembre, cobertura total de horas desde el primer día. Una coreografía administrativa que merece aplauso técnico. El único detalle —menor, casi irrelevante en el libreto— es que el problema no son las horas. Es lo que las horas valen. No se marcha por falta de calendario; se marcha por falta de dignidad retribuida.

Hay dirigentes que lideran. Otros gestionan. Y luego están quienes confunden liderazgo con inauguración. Presidir un acto no equivale a conducir un sistema. El liderazgo no se mide por la cantidad de programas anunciados, sino por la capacidad de mirar el conflicto a los ojos sin convertirlo en nota al pie del parte oficial.

Mientras los docentes —esos seres obstinados que todavía creen que el salario debe acompañar la inflación— recorrían la calle, la ministra desplegaba el porvenir digital: tablets, plataformas, inteligencia artificial, modernidad con Wi-Fi. Nada expresa mejor la épica transformadora que prometer innovación a quienes calculan si el sueldo alcanza para llegar a fin de mes.

La escena tenía algo de tragedia clásica, pero con presupuesto provincial: la autoridad declamando futuro en el escenario, la realidad protestando en la platea. Y en el medio, los alumnos, aprendiendo sin querer una lección que no figura en el diseño curricular: cómo se separan las palabras de las cosas.

No hubo conflicto, se dijo. Hubo “normalidad en los edificios escolares”. La frase es digna de estudio semántico. Convertir una marcha docente en un dato secundario exige una gimnasia retórica que roza el virtuosismo. El problema no desaparece; se estiliza.

La ministra habló de “garantizar mejores aprendizajes”. Propósito noble. Pero el aprendizaje empieza por el ejemplo. Y el ejemplo enseña —sin metáfora posible— que no se transforma un sistema sin transformar su base material. Se puede cambiar la plataforma, pero si el maestro llega agotado a fin de mes, la innovación se vuelve decoración.

Mientras tanto, los docentes marchan y luego vuelven al aula. Reclaman y enseñan. Protestan y corrigen exámenes. La paradoja conmueve: el sistema se sostiene más por la responsabilidad de quienes lo cuestionan que por la convicción de quienes lo administran. Tal vez el liderazgo real esté allí, en esa ética silenciosa que no necesita atril.

Porque liderar no es anunciar. Liderar es persuadir sin subestimar, negociar sin humillar, escuchar sin condescendencia. Es comprender que la autoridad no se proclama: se construye. Y que se erosiona con rapidez cuando la distancia entre la palabra y el hecho se vuelve paisaje.

San Juan no necesita discursos impecables; necesita conducción. Que la “continuidad pedagógica” no sea un eslogan sino una consecuencia. Que la calidad no dependa del entusiasmo del acto inaugural, sino de condiciones concretas, medibles, sostenibles.

Quizá el problema no sea la falta de planes, sino la falta de densidad política para ejecutarlos con honestidad intelectual. Porque cuando los docentes marchan y la ministra sonríe en el atril, la imagen no transmite fortaleza institucional. Transmite desconexión. Y la desconexión —en política— es la forma más elegante de la incapacidad.

El ciclo lectivo comenzó. La bandera subió. Los discursos quedaron archivados. La calle, en cambio, sigue hablando. Y el liderazgo —ese verbo incómodo— sigue pendiente de conjugación.

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