Soberanía con maltrato y sin factura: crónica de un comercio que se victimiza y no atiende

Feb 5, 2026 | Nacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

En nombre del comercio local se invoca la patria, se acusa al mundo y se absuelve al mostrador. Una épica provinciana que confunde soberanía con maltrato, identidad con excusa y defensa con negación.

En San Juan la soberanía no flamea en la bandera: se cobra. Se ejerce detrás del mostrador, con ticket fiscal opcional y gesto adusto. Si el cliente duda, se lo mira como a un desertor; si compara precios, como a un infiltrado. Porque aquí —nos repiten— “no compramos afuera”. No por convicción, no exageremos. No compramos afuera porque adentro no hay: no hay variedad, no hay servicio, no hay disculpas. Hay precio. Y carácter. Del malo.

La carta abierta de Marcelo Quiroga, en nombre de una de las tantas asociaciones que se presenta como voz del comercio sanjuanino, es un texto solemne, de esos que se leen con voz grave, pausa larga y gesto patriótico. Se aplaude de pie… antes de entrar al local. Una vez adentro, la épica se disuelve: el “buen día” es optativo, el sistema “está caído” desde 2017 y el cambio justo es una utopía liberal financiada por la imaginación.

Aquí no compramos afuera (capítulo I: el cautiverio)

“Aquí sostenemos el país”. Magnífico. El problema es cómo. Sostener no es abrazar: es apretar. El consumidor sostiene con su salario flaco una estructura que aprendió a sobrevivir sin competir. Se compra lo que hay, cuando hay, al precio que hay. Eso no es soberanía: es rehén con factura (si es que hay).

Nadie compra afuera por placer ideológico; se compra afuera por hartazgo. Porque cuando el mundo ofrece opción, acá se ofrece excusa. Y cuando el cliente elige, la asociación levanta el dedo acusador y redacta un comunicado.

El comerciante inocente (capítulo mil uno)

El comerciante —nos explican— no fija precios; los fija el Estado. Extraña alquimia: el precio aparece en la caja, el cobro se concreta, pero la responsabilidad se evapora. Nunca deciden, siempre cobran. Nunca son culpables, siempre son víctimas. Y si alguien pregunta por qué lo mismo cuesta el doble que cruzando la cordillera, se responde con una consigna, un suspiro y la palabra mágica: impuestos.

Durante años se confundió protección con licencia para no mejorar. Se vendió caro, mal y sin competencia. Se creyó que atender mal era una identidad cultural y que modernizarse era un plan extranjero. Ahora el mundo asoma por la vidriera y el problema no es la falta de preparación: el problema es el mundo. Y por supuesto, el gobierno de turno.

El jean no es caro… pero se vende como si fuera un lujo

La carta insiste: el jean no es caro por ambición, sino por costos. Es cierto. También es cierto que se vende igual, sin valor agregado, sin servicio, sin experiencia. El precio puede explicarse; la experiencia, no. Y cuando el cliente percibe que paga mucho por poco, no discute macroeconomía: no vuelve.

Luego la asociación emite otro comunicado preguntándose por qué cayó el consumo.

“Si el comercio muere, muere el pueblo”

Frase de pancarta. Argumento de servilleta. Lo que mata a un pueblo no es que cierre un local: lo mata pagar caro por poco. El comercio no es el corazón de la economía; es su pulso. Y cuando el pulso es débil, no se le grita al reloj: se cambia el hábito.

Pero cambiar hábitos exige algo más que asambleas y declaraciones: exige autocrítica. Y eso no figura en el estatuto.

Competir, esa herejía

La asociación aclara que no teme a la competencia. Lo dice con la tranquilidad de quien pide que la competencia espere sentada. Reclama “igualdad de condiciones”, traducción simultánea: desigualdad a favor. Mercado sin mercado. Competencia sin competir. Consumidores cautivos por amor a la patria… y por falta de opciones.

La lista que no se quiere leer:

  • Servicio como excepción.
  • Calidad como promesa.
  • Experiencia como palabra importada.
  • Autocrítica como delito estatutario.

En su lugar, comunicados. Muchos comunicados. Con membrete.

La factura fantasma (o cómo llorar impuestos sin pagarlos)

Hay, además, un detalle menor —apenas un tecnicismo— que la épica omite con pudor selectivo: la factura. Ese papelito heroico que siempre falta. Ese documento invisible sin el cual no hay impuestos asfixiantes, ni Estado voraz, ni queja tributaria que resista dos preguntas.

Resulta conmovedor escuchar lamentos sobre “la presión impositiva más alta del mundo” mientras sus asociados no entregan factura, o se la ofrece como un favor excepcional, casi clandestino, pronunciando la frase ritual: “¿La necesitás?”

Hablar de impuestos sin facturar es denunciar sequía desde una pileta llena. Pero queda bien en el comunicado.

El comerciante no fija precios —dicen—, pero sí decide cuándo el Estado existe y cuándo no. Y la asociación, lejos de discutir esa contradicción, la encuadra, la justifica y la imprime en A4.

Así, el cuadro cierra perfecto: el Estado es culpable de todo; el comerciante, inocente perpetuo; el cliente, rehén patriótico; y la factura, literatura fantástica.

El chivo expiatorio con micrófono

Culpar a Luis Caputo y a Manuel Adorni es cómodo. Permite no mirar la caja, no revisar la góndola y no responder por qué comprar local suele ser una experiencia que no se recomienda. La apertura no destruye nada: enciende la luz. Y la luz, en ciertos comercios —y en ciertas asociaciones— revela demasiado.

La visita pendiente

Se invita a funcionarios a recorrer centros comerciales. Excelente. Propongo algo más radical: invitar a los clientes que ya no vuelven. Escucharlos sin consignas, sin épica, sin comunicados posteriores. Que mire la cara del vendedor, la política de cambios, el trato cotidiano. La soberanía no se redacta en comisión: se atiende.

Final (con recibo)

El comercio sanjuanino no está en crisis porque el país se abra. Está en crisis porque se cerró sobre sí mismo, confundió identidad con excusa, maltrato con carácter, evasión con supervivencia y representación con autoprotección.

Defenderlo no es blindarlo del mundo ni victimizarlo en nombre de todos. Es exigir precio, calidad, servicio… y factura.

Todo lo demás es literatura defensiva con sello y firma.

Y la realidad —esa clienta grosera que no lee comunicados y pide comprobante— ya compró en otro lado.

Artículos relacionados

Ministra, active el Modo Matemática

Ministra, active el Modo Matemática

Singapur volvió a demostrar en PISA que la educación no mejora acumulando programas, computadoras y anuncios, sino construyendo aprendizaje. En San Juan tenemos Comprendo y Aprendo, Modo Matemática, Transformar la Secundaria, computadoras y funcionarios explicando...

Malvinas, cuando la patria quedó en manos equivocadas

Malvinas, cuando la patria quedó en manos equivocadas

Hay causas demasiado grandes para los gobiernos que pretenden administrarlas. Malvinas es una de ellas. Existía antes de Galtieri, sobrevivió a Galtieri y seguirá existiendo cuando los nombres de quienes gobiernan hoy sean apenas una nota al pie de alguna página de...

Ni comprendo ni aprendo: La educación argentina según PISA

Ni comprendo ni aprendo: La educación argentina según PISA

Hay algo cruel en las pruebas PISA. Cada cierto tiempo llegan unos señores con preguntas, sientan a nuestros chicos frente a un examen y después nos cuentan aquello que llevamos años intentando no mirar. Entonces aparecen ministros, especialistas, funcionarios y...

EL TEOREMA DEL MONO INFINITO

EL TEOREMA DEL MONO INFINITO

Si un mono golpeara durante un tiempo infinito las teclas de una máquina de escribir, alguna vez terminaría escribiendo a Shakespeare. En San Juan hemos decidido comprobar una variante más ambiciosa; si un gobierno produce suficientes anuncios, actos, fiestas,...

Messi y la final que entendimos demasiado tarde

Messi y la final que entendimos demasiado tarde

Tal vez las finales no siempre sean el último partido. Tal vez algunas ocurran antes, cuando nadie sabe todavía que está asistiendo a una despedida. La de Lionel Messi pudo haberse jugado contra España, como indican el calendario, las estadísticas y esa obstinada...

Malvinas, después de las palabras de Javier Milei

Malvinas, después de las palabras de Javier Milei

Ayer, en esta misma columna, me preguntaba qué podía esconderse detrás de una ley. Milei habló y algunas respuestas aparecieron. Pero dejaron preguntas mayores. No mencionó soberanía compartida ni administración conjunta. Habló de petróleo, sanciones, seguridad...

Malvinas, lo que puede esconderse detrás de una ley

Malvinas, lo que puede esconderse detrás de una ley

Mañana Javier Milei hablará sobre Malvinas y se anuncia una ley contra las empresas vinculadas a la explotación ilegal de sus recursos. Pero quizá convenga escuchar algo más que las palabras presidenciales. La historia demuestra que las negociaciones sobre las islas...

La cena de Salinas, la campaña de Orrego y el colado Achem

La cena de Salinas, la campaña de Orrego y el colado Achem

Entre funcionarios, regalos y fotografías, la fiesta de los abogados dejó flotando una pregunta incómoda. ¿Quién pagó realmente la función? Nadie sabe exactamente a qué hora comenzó el prodigio, pero cuentan que aquella noche las puertas de la cena del Foro de...

Nos volveremos a ver en sueños, amigo héroe de Malvinas

Nos volveremos a ver en sueños, amigo héroe de Malvinas

Ayer murió un gran amigo. Pero escribir “murió” me resulta demasiado definitivo para alguien que seguirá regresando cada vez que una bandera argentina se levante frente al viento, cada vez que llegue abril, cada vez que una vigilia vuelva a encender la memoria de...

Ayer existía, hoy desapareció: expediente 700-000422-2026

Ayer existía, hoy desapareció: expediente 700-000422-2026

ACCESO A LA INFORMACIÓN PÚBLICA Hay historias que necesitan meses de investigación. Esta necesitó dos capturas de pantalla. Una es del 26 de agosto. La otra, del 27. Entre ambas hay un expediente, cuatro meses sin respuesta, más de dos horas de búsqueda, un...