Entre Managua y Caracas: la sombra interminable del Imperio

Sep 9, 2025 | Internacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

De los arsenales secretos de Reagan a las narcolanchas hundidas por Trump, la historia latinoamericana confirma una constante: cada cruzada moral de Washington esconde negocios de armas, drogas o petróleo. Venezuela, como antes Nicaragua y Panamá, vuelve a ser el escenario donde el Imperio disfraza de redención lo que no es más que control y saqueo.

La memoria nunca se archiva

En América Latina el pasado no muere: se recicla. Cuando Estados Unidos necesita probar su musculatura geopolítica, reabre viejos manuales de la CIA y los aplica sobre el mapa hemisférico. Ayer fue Nicaragua el laboratorio; hoy lo es Venezuela.

La pregunta no es si la historia se repite, sino cuántas veces estamos dispuestos a dejarla repetirse.

El laboratorio de Reagan

En los años ochenta, Ronald Reagan autorizó una operación que hoy sería impensable… al menos en teoría. Vendió armas a Irán —pese al embargo que pesaba tras la caída del Sha— y permitió que la CIA manejara un circuito de cocaína dentro de los propios Estados Unidos. Con ese dinero se financió a la “Contra”, que desde Honduras saboteaba al gobierno sandinista.

Un triple negocio: armas, drogas y dólares frescos para la contrarrevolución. Todo envuelto en celofán patriótico.

Comisiones que absuelven, presidentes que indultan

Cuando el escándalo explotó, el Congreso montó una comisión. Oliver North posó como héroe, Reagan fue “salvado” con la excusa de no vigilar lo suficiente y la CIA quedó a salvo de responsabilidades mayores.

En 1992, George H. W. Bush cerró la historia con un indulto múltiple. La podredumbre había sido blanqueada, otra vez, en nombre de la estabilidad nacional.

El periodista incómodo

Gary Webb se atrevió a denunciar que la CIA había hecho del narcotráfico un engranaje de su política exterior. Su serie Dark Alliance probó que la cocaína que destrozaba barrios pobres de Los Ángeles no era ajena al tablero geopolítico.

La maquinaria de desprestigio lo aplastó. En 2004 apareció muerto con dos balas en la cabeza. “Suicidio”, dictaminó la policía. Hoy, el tiempo lo reivindica: Webb no exageró, se quedó corto.

Noriega: de socio a enemigo

Panamá fue otro capítulo del prontuario. Noriega fue, durante años, aliado estratégico y narco a la vista de todos. Hasta que un avión derribado en Nicaragua reveló documentos comprometedores. Entonces se convirtió en demonio.

En 1989, EE. UU. invadió Panamá con la excusa de “restaurar la democracia” y “combatir las drogas”. Miles de civiles muertos fueron el precio.

La moraleja quedó clara: los socios son útiles hasta que dejan de serlo.

Afganistán y la heroína patriótica

En Asia, la CIA financió a los mujahidines contra la URSS. Uno de sus aliados, Gulbudin Hekmatiar, era capo de la heroína. No importaba: el enemigo era Moscú, y la droga era un daño colateral asumible.

La lección fue la misma: la guerra antidroga no busca erradicar, sino administrar.

La Doctrina Monroe como brújula

Desde 1823, Washington se reservó el hemisferio. “América para los americanos” significó América para los estadounidenses. Desde Haití hasta Chile, pasando por Granada, cada generación de presidentes encontró un enemigo conveniente en nuestra región.

Venezuela es, hoy, la nueva estación de esa ruta.

Maduro, el Noriega del 2025

El guion se repite con escasa creatividad: Maduro es acusado de narco, se lo presenta como dictador y se despliegan barcos en el Caribe. El paralelo con Panamá en 1989 es evidente.

Trump anuncia que hundió una narcolancha y que el narcotráfico caribeño “tiene las horas contadas”. Como si el imperio no hubiera sido, durante décadas, el verdadero administrador de esas rutas.

Continuidades y diferencias

  • Continuidad: el narcotráfico como excusa moral para intervenir.
  • Continuidad: enemigos funcionales: Ortega ayer, Maduro hoy.
  • Diferencia: antes era secreto; hoy es espectáculo electoral.
  • Diferencia: antes se combatía al comunismo; hoy, a cualquier intento de soberanía energética.

El petróleo bajo la alfombra

El verdadero botín es otro: las reservas petroleras venezolanas. Cada cruzada imperial se disfraza de misión moral, pero lo que brilla siempre es oro negro. Irak en 2003, Libia en 2011, Panamá en 1989. La fórmula es universal.

La risa amarga

Cuando Trump se jacta de hundir una lancha, uno no puede más que soltar una risa amarga. Porque el prontuario imperial demuestra que la CIA no combatió al narco: lo administró. No liberó pueblos: los sometió.

La pregunta no es si habrá intervención, sino si América Latina seguirá dejándose encantar por el disfraz de salvación.

Y entonces, como en un déjà vu, volvemos a reír. Con esa risa amarga que solo provoca la historia cuando insiste en repetirse como farsa.

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