Cuando la historia pierde el contexto

Ago 1, 2026 | Internacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista, novelista y ensayista.

 

Hay frases que no solo simplifican la historia: la deforman.

Decir que “Paraguay decidió invadir Brasil”, como afirmó Luiz Inácio Lula da Silva para justificar un mayor gasto militar, es describir apenas el último movimiento de una partida sin mencionar las jugadas anteriores. Es una verdad a medias. Y las medias verdades, cuando salen de la boca de un jefe de Estado, suelen convertirse en las mentiras más eficaces.

La Guerra de la Triple Alianza no estalló en un vacío. Antes de que las tropas paraguayas cruzaran la frontera brasileña, el Imperio del Brasil ya había intervenido militarmente en Uruguay en apoyo de la revolución de Venancio Flores, contribuyendo al derrocamiento del gobierno blanco de Atanasio Aguirre, reconocido por Paraguay, y alterando deliberadamente el equilibrio político de la Cuenca del Plata. Esa intervención fue interpretada por Francisco Solano López como una amenaza estratégica directa, y así lo comunicó mediante una nota de protesta que Brasil optó por ignorar. En esa secuencia —y no en una supuesta agresión paraguaya inexplicable— está el origen del conflicto. Omitirla no es solo mutilar la historia: es falsificarla.

Nada de esto convierte a Solano López en un dirigente infalible. Subestimó gravemente la capacidad militar de sus adversarios, tomó decisiones estratégicas que terminaron conduciendo a Paraguay a una catástrofe nacional y arrastró a su pueblo a una guerra imposible de sostener. Pero tampoco autoriza a presentar al Imperio del Brasil como una víctima sorprendida por una agresión arbitraria. La historia rara vez concede inocentes absolutos.

Después llegó lo verdaderamente terrible. Cuando la superioridad material de la Triple Alianza era ya aplastante, especialmente tras la caída de Humaitá en 1868, la guerra dejó de ser una campaña militar convencional para transformarse en una persecución sin cuartel. Paraguay quedó devastado. Las estimaciones más aceptadas sitúan la pérdida demográfica entre el 50 y el 60 por ciento de su población. El conflicto continúa siendo, por su magnitud y consecuencias, el más sangriento de la historia sudamericana.

La campaña final, dirigida por el Conde d’Eu, avanzó hasta Cerro Corá, donde Francisco Solano López murió el 1 de marzo de 1870. Para entonces, la guerra hacía mucho que había dejado de decidirse en el campo de batalla. Ya no se medía por victorias militares, sino por la cantidad de viudas, huérfanos, niños reclutados y pueblos reducidos a cenizas. La victoria estaba asegurada desde mucho antes; lo que continuó fue la destrucción de un enemigo que ya no tenía capacidad real de cambiar el resultado de la guerra. Esa brutalidad sigue siendo uno de los capítulos más controvertidos de la historia militar del continente.

Existe, además, otro debate que nunca terminó: el papel del Reino Unido. Durante más de un siglo, la historiografía revisionista sostuvo que Londres impulsó o favoreció el conflicto para destruir un modelo paraguayo relativamente autónomo y abrir nuevos mercados a su influencia financiera. Historiadores contemporáneos, como Francisco Doratioto o Leslie Bethell, consideran que esa explicación carece de evidencia documental suficiente y atribuyen mayor peso a las disputas regionales y a las decisiones de los gobiernos involucrados. Lo que sí cuenta con un amplio respaldo académico es que Gran Bretaña obtuvo importantes beneficios económicos del escenario que dejó la guerra y consolidó su influencia financiera en la Cuenca del Plata, independientemente de que hubiera existido o no un plan deliberado para desencadenarla.

Por eso sorprende que un dirigente con la trayectoria política de Lula elija una explicación tan elemental para referirse a uno de los episodios más complejos de la historia sudamericana. La memoria de los pueblos exige algo más que una frase conveniente. Exige contexto, rigor y honestidad.

Las naciones no construyen memoria con consignas.

La historia no comienza con el primer disparo ni con la primera invasión. Comienza mucho antes, cuando las decisiones políticas hacen inevitable que alguien termine disparando. Quien recuerda únicamente el último acto corre el riesgo de absolver a los responsables de los anteriores. Y cuando el contexto desaparece, incluso una afirmación parcialmente cierta puede terminar convirtiéndose en una falsificación del pasado.

Artículos relacionados

El problema nunca fue gobernar para los pobres

El problema nunca fue gobernar para los pobres

América Latina tiene una curiosa habilidad para cambiar de gobierno sin cambiar de problemas. Cada cierto tiempo la región gira a la izquierda, después se asusta, dobla a la derecha y, cuando descubre que tampoco allí estaba la tierra prometida, vuelve a comenzar....

Anne Carson y el arte de existir contra los hechos

Anne Carson y el arte de existir contra los hechos

El Nobel de Literatura 2026 y la última forma de resistencia frente a un mundo que confunde información con conocimiento. Hay algo profundamente irónico en que el mundo necesite una Academia para recordar que la literatura todavía existe. Mientras millones de personas...

Los peruanos que aprendimos a despreciarnos

Los peruanos que aprendimos a despreciarnos

La conversación comenzó cuando José María Arguedas dijo que el Perú era un país que todavía no había terminado de mirarse al espejo. Nadie respondió. Estábamos sentados alrededor de una mesa imposible. Afuera podía ser Lima, Ayacucho, Arequipa, Mendoza o algún lugar...

Alemania y la peligrosa memoria de los tambores

Alemania y la peligrosa memoria de los tambores

Alemania vuelve a medir a sus jóvenes y, aunque todavía no los manda al frente, hay imágenes que la historia ha vuelto demasiado pesadas como para contemplarlas con indiferencia. Desde 2026, los varones alemanes de dieciocho años deben responder un cuestionario sobre...

El Escudo y el Cóndor

El Escudo y el Cóndor

Estados Unidos vuelve a organizar una arquitectura de seguridad para América Latina. El enemigo ya no se llama comunismo ni subversión. Ahora se llama narcoterrorismo. El Escudo de las Américas no es el Plan Cóndor, pero algunas semejanzas obligan a mirar más allá de...

Chile, septiembre y la memoria de una patria

Chile, septiembre y la memoria de una patria

Septiembre llega a Chile vestido de rojo, blanco y azul. Las banderas vuelven a las ventanas, las cuecas encuentran nuevamente sus guitarras, las fondas encienden sus primeras luces y el vino comienza a circular como si también tuviera memoria. Pero detrás de la...

La historia no se limpia con borrador

La historia no se limpia con borrador

El Gobierno peruano anuncia que retirará de la currícula escolar “todo tipo de ideología”. Suena bien. Incluso tranquilizador. Hasta que uno recuerda que la historia no es una pared que pueda pintarse cada cinco años. Sendero Luminoso practicó el terrorismo y dejó una...

Chile perdió algo más que Allende

Chile perdió algo más que Allende

Allende cometió errores, gobernó un país fracturado y encabezó un proyecto desbordado por sus propias contradicciones. No hace falta convertirlo en santo para comprender lo ocurrido. El 11 de septiembre de 1973 Chile perdió un presidente, pero también algo mucho más...

El país que la literatura se atrevió a contar

El país que la literatura se atrevió a contar

Hay países que se explican leyendo sus constituciones, siguiendo sus guerras o repasando la lista de sus presidentes. El Perú no. Al Perú hay que buscarlo en otra parte. En sus novelas, en sus poemas, en los escritores que fueron perseguidos, ignorados, discutidos,...