El G7 y los poetas malditos: una cofradía de elegantes cadáveres

Ene 16, 2026 | Internacional

Iván Nolazco

Iván Nolazco

Escritor, periodista y ensayista.

 

Hay algo profundamente literario en el G7. No por su lucidez, sino por su decadencia. Como aquellos poetas malditos que describía Verlaine —genios ebrios, hermosos y rotos, viviendo de rentas simbólicas mientras el mundo cambiaba afuera—, las siete potencias que se reúnen cada año alrededor de una mesa lustrada ya no gobiernan el futuro: lo recuerdan.

El G7 no es un órgano de poder. Es un salón de nostalgia geopolítica.

Estados Unidos llega como un Baudelaire envejecido, que aún cree que Las flores del mal pueden pagar el alquiler del imperio. Francia aparece como un Rimbaud arrepentido, que abandonó la rebeldía para administrar una oficina de turismo. Alemania actúa como Mallarmé, obsesionado con la forma, incapaz de decir algo nuevo. Japón es un poeta silencioso atrapado en haikus financieros. Italia, Canadá y el Reino Unido completan la tertulia como viejos bohemios que siguen discutiendo quién fue más importante mientras la juventud ya escribe en otro idioma.

Y afuera, el mundo.

China, India, Brasil, África, el mundo islámico, Eurasia, los BRICS… escriben otra poesía, con otra métrica: fábricas, minerales, demografía, infraestructura, tecnología. No piden permiso. Publican.

El G7, en cambio, corrige pruebas de imprenta de un libro que ya nadie compra.

El capitalismo como absenta

Los poetas malditos bebían absenta para soportar la lucidez.

El G7 bebe deuda, emisión monetaria y sanciones.

Como aquellos artistas que vivían de adelantos editoriales y reputación pasada, estas potencias viven de moneda fiduciaria, control financiero y memoria histórica. Ya no producen lo que el mundo necesita: producen narrativa.

Hablan de “valores democráticos” como Verlaine hablaba de la belleza: con solemnidad, sin saber muy bien qué significaba ya.

Hablan de “orden internacional” como Baudelaire hablaba de París: una ciudad que existía solo en sus poemas.

El problema es que el mundo dejó de leer ese libro.

La cumbre como tertulia bohemia

Cada cumbre del G7 parece una reunión en un café parisino del siglo XIX:

—“Debemos contener a China”.

—“Debemos aislar a Rusia”.

—“Debemos disciplinar al Sur global”.

Como poetas que se quejan de que nadie compra sonetos mientras la gente escucha jazz, el G7 se lamenta de que el mundo comercie sin pedirles permiso.

No gobiernan las rutas marítimas.

No controlan los minerales críticos.

No tienen la demografía.

No dominan la manufactura.

Pero aún creen que la palabra impresa manda.

Como los poetas malditos, confunden prestigio con poder.

El BRICS como realismo brutal

Si el G7 es simbolismo decadente, los BRICS son realismo sucio: carreteras, puertos, monedas alternativas, swaps, satélites, energía, alimentos.

Mientras el G7 discute comunicados, los BRICS construyen oleoductos.

Mientras el G7 amenaza, el Sur Global comercia.

Mientras el G7 sanciona, Asia conecta.

Los poetas malditos se quedaron solos escribiendo para sí mismos.

El G7 también.

La estética del poder perdido

Hay algo patéticamente hermoso en la coreografía del G7: trajes perfectos, sonrisas diplomáticas, copas de cristal, discursos pulidos.

Como esos poetas que posaban para daguerrotipos sepia mientras no tenían para comer, el G7 cuida la estética de la autoridad mientras pierde la materia del poder.

La verdadera hegemonía hoy no está en las cumbres, sino en los cables submarinos, en los corredores bioceánicos, en las zonas francas, en los puertos secos, en los swaps de monedas, en las cadenas de suministro.

Eso no es poesía.

Eso es contabilidad imperial.

Y el G7 ya no la lleva.

El final de la bohemia

Los poetas malditos murieron pobres pero legendarios.

El G7 corre el riesgo de morir irrelevante pero elegante.

Seguirán reuniéndose.

Seguirán publicando comunicados.

Seguirán hablando de reglas que ya no pueden imponer.

Como viejos artistas, seguirán diciendo:

“Antes el mundo nos escuchaba”.

Y es cierto.

Pero el mundo ahora escucha a otros.

Porque la historia, como la literatura, no perdona a quienes confunden el pasado con el futuro.

El G7 no es un directorio del poder global.

Es una antología de glorias pasadas.

Hermosa.

Solemne.

Y, como los poetas malditos, destinada a ser leída más por nostalgia que por influencia.

Artículos relacionados

El problema nunca fue gobernar para los pobres

El problema nunca fue gobernar para los pobres

América Latina tiene una curiosa habilidad para cambiar de gobierno sin cambiar de problemas. Cada cierto tiempo la región gira a la izquierda, después se asusta, dobla a la derecha y, cuando descubre que tampoco allí estaba la tierra prometida, vuelve a comenzar....

Anne Carson y el arte de existir contra los hechos

Anne Carson y el arte de existir contra los hechos

El Nobel de Literatura 2026 y la última forma de resistencia frente a un mundo que confunde información con conocimiento. Hay algo profundamente irónico en que el mundo necesite una Academia para recordar que la literatura todavía existe. Mientras millones de personas...

Los peruanos que aprendimos a despreciarnos

Los peruanos que aprendimos a despreciarnos

La conversación comenzó cuando José María Arguedas dijo que el Perú era un país que todavía no había terminado de mirarse al espejo. Nadie respondió. Estábamos sentados alrededor de una mesa imposible. Afuera podía ser Lima, Ayacucho, Arequipa, Mendoza o algún lugar...

Alemania y la peligrosa memoria de los tambores

Alemania y la peligrosa memoria de los tambores

Alemania vuelve a medir a sus jóvenes y, aunque todavía no los manda al frente, hay imágenes que la historia ha vuelto demasiado pesadas como para contemplarlas con indiferencia. Desde 2026, los varones alemanes de dieciocho años deben responder un cuestionario sobre...

El Escudo y el Cóndor

El Escudo y el Cóndor

Estados Unidos vuelve a organizar una arquitectura de seguridad para América Latina. El enemigo ya no se llama comunismo ni subversión. Ahora se llama narcoterrorismo. El Escudo de las Américas no es el Plan Cóndor, pero algunas semejanzas obligan a mirar más allá de...

Chile, septiembre y la memoria de una patria

Chile, septiembre y la memoria de una patria

Septiembre llega a Chile vestido de rojo, blanco y azul. Las banderas vuelven a las ventanas, las cuecas encuentran nuevamente sus guitarras, las fondas encienden sus primeras luces y el vino comienza a circular como si también tuviera memoria. Pero detrás de la...

La historia no se limpia con borrador

La historia no se limpia con borrador

El Gobierno peruano anuncia que retirará de la currícula escolar “todo tipo de ideología”. Suena bien. Incluso tranquilizador. Hasta que uno recuerda que la historia no es una pared que pueda pintarse cada cinco años. Sendero Luminoso practicó el terrorismo y dejó una...

Chile perdió algo más que Allende

Chile perdió algo más que Allende

Allende cometió errores, gobernó un país fracturado y encabezó un proyecto desbordado por sus propias contradicciones. No hace falta convertirlo en santo para comprender lo ocurrido. El 11 de septiembre de 1973 Chile perdió un presidente, pero también algo mucho más...

El país que la literatura se atrevió a contar

El país que la literatura se atrevió a contar

Hay países que se explican leyendo sus constituciones, siguiendo sus guerras o repasando la lista de sus presidentes. El Perú no. Al Perú hay que buscarlo en otra parte. En sus novelas, en sus poemas, en los escritores que fueron perseguidos, ignorados, discutidos,...