El leguaje es una facultad que le permite al ser humano, entre otras cosas no menos importantes, expresar sentimientos, ideas y experiencias. Sin embargo, se convierte también en el fundamento de nuestra historia con la escritura, es decir, nos permite plasmar diversos asuntos vividos, relacionados con el tiempo, el amor, la guerra, el pasado, la filosofía, las ciencias y las artes, entre otros muchos temas. No cabe duda que su creación más relevante son las tablas de Alejandría, los papiros, el libro y hoy el e-book.
Signos y símbolos
Los escritores vivimos en un mundo de signos y símbolos, que recreamos en códigos lingüísticos para componer un poema, idear un relato, urdir una novela, articular un ensayo, perpetrar un texto híbrido. A su vez existen episodios creativos que nos representan más allá de las palabras. Una marca que caracteriza nuestra prosa y nos distingue de los demás, en un párrafo. Homero tiene a Príamo, quien en su angustia y desesperación besa las manos de Aquiles; Dante, con sus nueve cielos y la rosa; Shakespeare, en sus orbes de violencia y música; Kafka, con sus crecientes y sórdidos laberintos; Cortázar, con su mágica Rayuela; Borges, con Tlön, su mundo inventado. Un distintivo que se apodera de la imaginación y se convierte en anagrama o en algo más críptico, que el autor logra posicionar en la mente del lector.
Nacemos del misterio insondable e inmediatamente la comunidad de lectores empieza a poner sus marcas sobre nosotros. Tramas de creatividad y significación. Luego llega la cultura, esa urdimbre, ese conjunto de enlaces que constituyen el horizonte de significados a partir del cual nos movemos y existimos. No hay un escritor que no haya amonedado una característica propia en su escritura que va más allá de los códigos estéticos y los pactos ficcionales. Un universo inmerso en un mágico libro de papel o bits en digital, que hoy exportamos a nuevos mercados, en rutas que dejaron de ser de seda para seducir con nuevos encantos.
Exportación de cultura
Cuando hablamos de exportación de derechos de autor tenemos que saber lo que verdaderamente significa ese proceso y los estándares por seguir al ofrecer un libro, o sea, un artefacto que encierra mundos infinitos. Maravilloso invento que nos transporta a otras vidas y épocas, que alimenta el alma y despierta la imaginación, al guardar secretos milenarios y sueños por cumplir, pues tiene algo de máquina del tiempo y refugio en la tormenta, luz en la oscuridad, fuente inagotable de conocimiento.
Un libro, después de todo, es un producto de particular factura que debe reflejar identidad, formada por un conjunto de elementos visuales: formato y tamaño, así como cada uno de los detalles del lomo, la portada, la contraportada, las solapas y demás planos. Además, un comentario que describa el tema que debe estar reflejado de algún modo en el título. Todo esto representa un capital simbólico que implica un valor cultural. Asimismo, se analiza el profesionalismo del autor, en función de su trayectoria y logros, y sin dejar de lado su estilo, trascendencia creativa e intereses transversales. En este sentido, todo aquello que conforma el capital intelectual del producto.
Tales características son las que debemos tener en cuenta para proyectar un nuevo libro con responsabilidad, compromiso e ilusión de que puede ser potencialmente un gran artefacto transformador.
Cuestión de maquinar en positivo
La exportación de libros es más que un simple intercambio comercial. Es una invitación a dialogar con otras culturas, a compartir visiones del mundo y a construir puentes entre pueblos. Cada libro exportado es una semilla que puede germinar en la mente de un lector y dar lugar a nuevos pensamientos, flamantes ideas e innovadoras formas de entender el mundo. En este sentido, la edición de libros no solo refleja nuestra identidad, sino que también la transforma, moldeando el futuro de la humanidad.
En esta dirección de trascendencia cultural, la franquicia editorial Grafos & Maquinaciones se enfoca en textos con especial singularidad que aportan tanto a la tradición como al devenir de nuestros pueblos. En un mundo globalizado, en el que las fronteras se hacen cada vez menos estrechas, el capital cultural resulta un bien invalorable para sentar las bases para la construcción de un mundo mejor, donde la diferencia o lo distinto es la base de la riqueza. Así, libros y revistas son artefactos que amplían nuestros horizontes, engrandecen nuestras perspectivas y vinculan cosmovisiones que se creían irreconciliables.
Los escritores exportamos arte, conocimiento y creatividad en su máxima expresión, para la atención de ese lector cautivo en cualquier punto del mundo. Y franquicias como Grafos & Maquinaciones hacen posible esta misión. De hecho, cada escritor, al compartir su obra con el mundo, se convierte en un embajador cultural. Sus palabras traspasan fronteras y conectan a personas de diferentes orígenes. Por medio de sus historias, invita a reflexionar sobre nuestra propia existencia, a cuestionar nuestras creencias y a expandir nuestros anhelos. En un mundo con menos límites geopolíticos, la literatura en manos de una plataforma editorial como la propuesta por Grafos & Maquinaciones se erige como un faro de esperanza, un espacio donde podemos encontrar sentido y pertenencia.


