«Estamos aquí para dejar una marca en el universo».
Steven Jobs
Todo lo que existe en el universo son sombras o imágenes predestinadas de aquello que se da en otro mundo, en el mundo de las ideas. Podríamos tratar de interpretar a Platón en su famosa alegoría. Quizá seguiríamos filosofando y diríamos que detrás de la realidad simbolizada se llega a la verdadera que es el norte del conocimiento.
Estos conceptos de la filosofía tradicional de índole socrático-platónica, al igual que Borges traslada el pensamiento filosófico idealista a la literatura, permítanme llevar esta metáfora a la simbología expresada en la idea de una marca al ámbito comercial actual.
La marca propia un desafío constante
El diseño y creación de una marca no solo son trazos y líneas, palabras o frases llamativas. Es la identidad que le damos a nuestro producto o servicio. Instalarla en la vida cotidiana de la gente es verdaderamente un gran desafío, que consiste en generar los espacios, objetos, imágenes, acciones y estrategias, compactándolos en procesos y estándares, como ocurre con el guion de una película.
Es como esa realidad que describe Platón: el mundo alternativo creado para recibirnos y hacernos sus habitantes. Ser consumidores de una marca es ser habitante de ese universo que llamamos mercado.
Un mercado en constante cambio
Hace más de veinticinco años, la estrategia en las zonas francas o de tratamiento especial, tanto en Manaos (Brasil) como en Iquique (Chile), era la constante creación de marcas propias, por medio de los servicios de maquila para así asegurar el dominio de los mercados con sus productos.
Diversas marcas en productos y servicios lideraban mercados nacionales e internacionales. Marcas que competían entre sí, pero que también se iban posicionando cada una en la parte del mercado que fijaban las estrategias de cada empresario.
Una alianza que apuntaba a la mayor producción, con definidos procesos y estándares de calidad, apuntando a cubrir la mayor necesidad del mercado y la competencia por la conservación de los clientes.
Después de más de veinte años, vemos gran parte de esas marcas liderando los principales malls de Sudamérica. ¿Qué hicieron? Posicionaron su marca propia sobre la base del comportamiento del mercado.
Empresarios peruanos y argentinos apuntan a la estrategia de creación de marcas propias
«Divide et impire» es una frase corta, pero muy significativa no solo en estrategia militar o política, también en las tácticas comerciales modernas.
El desarrollo de marcas propias o marcas blancas es la estrategia que muchos empresarios está optando para la mayor agilización del mercado. Poner en funcionamiento esta técnica permite el crecimiento comercial de las mype, generando la propia competitividad. Divide la línea de producción al propiciar competencia entre sus propias marcas.
En esta línea de acción, agricultores peruanos se unen en un proyecto social comercial, denominado «bolsa de productos». Esta iniciativa agrupa a microempresarios que desarrollan marcas propias para los mercados nacional e internacional, hablamos de propuestas como Café de los Dioses, Café Cafca, Adaly Café y Quyllur Coffee, que ya participan en el mercado peruano.
Bodegas argentinas ofrecen este servicio que va más allá de un producto, una alianza de desarrollo conjunto ganar-ganar. Alta Bonanza de los Andes, la sanjuanina que desde hace tres años desarrolla marcas propias, como Tierras de Ponte, Café, Vino y Tú, y El Valle del Puma, entre otras. Productos con valor agregado que hoy se ofrecen a exigentes mercados nacionales y extranjeros, en la dirección del enólogo Juan Patricio Vilanova.
Editoriales como Grafos & Maquinaciones, franquicia que desarrolla marcas propias en benemérito de la cultura regional latinoamericana. El escritor y editor José Donayre, también agente cultural, con un singular número de títulos propios, considera de vital importancia el intercambio cultural entre instituciones nacionales y extranjeras, la unión de nuestras sociedades por medio del acervo, la escritura creativa y la exploración en diversos registros ficcionales que buscan afianzar nuestra identidad.
Una estrategia que se centra en ofrecer productos y servicios con valor agregado, manteniendo los estándares óptimos de calidad. El objetivo final es ganar la parte del mercado que el competidor descuida. Asegura para los clientes un mejor producto, mayor valor por su dinero. Así lograremos agilizar el mercado. Se trata de una competencia que apunta al mejor producto y servicio para nuestros clientes.
La competencia es maravillosa
Una empresa para ser competitiva debe apuntar a tener una mayor producción de calidad y un manejo científico de la demanda y la estrategia. «No es solo ser eficiente, hay que crear valor agregado». La competencia fija los parámetros del mercado, y descubrirla es la razón de la aceptación y éxito del producto o servicio ofrecido. El competidor no es una amenaza sino todo lo contrario: una fuente de experiencia e información.
Estamos en el universo de las sombras en una dinámica que jamás se detiene, cual marca posicionada en la mente del consumidor. Comprender esto es asumir un abanico de opciones para un mercado en movimiento, en el que triunfa la capacidad de reconversión y el conocimiento.














